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Las cuatro caras de Jesús (V.2004)

6. abril. 2009

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Revdo. Dr. Davidson Loehr, 23 de mayo de 2004, Primera Iglesia Unitaria Universalista de Austin, Texas, (Trad. Fco. J. Lagunes G.)

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Plegaria

Oramos, no a algo, sino desde algo a lo que debemos dar voz;
no para desentendernos de nuestra vida, sino para enfocarla;
no para renunciar a nuestra mente, sino para restaurar nuestra alma.

Oramos por poder vivir con honestidad:
para que podamos aceptar quiénes somos,
y admitir quiénes no somos;
para que no nos ensordezcan el orgullo y el miedo,
y no ignoremos el suave susurro de la vocecilla dentro de nosotros,
que podría conducirnos hacia fuera de la oscuridad.

Oramos para que podamos vivir con confianza y apertura:
hacia aquellas personas, aquellas experiencias, y aquellas transformaciones
que pueden salvarnos de la estrechez de miras y la desesperación.

Y oramos a favor de estas esperanzas
con el corazón abierto, el alma honesta
y una reverencia agradecida por la vida que nos ha sido dada.

Amén.

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Sermón: Las cuatro caras de Jesús


Relato: El mago

Era un tiempo de luchas terribles. Por todas partes, la gente estaba dividida en grupos separados, como pequeños clubes. Y en todas partes peleaban contra toda la gente que no estaba en su pequeño club.

Todos decían que odiaban el enfrentamiento, desde luego. Pero todos sabían que solamente la gente en su pequeño club tenía realmente la razón. Y dado que tantos otros estaban equivocados bueno, todos ellos rezaban para que Dios les diera la victoria sobre los demás, y así terminara la lucha. Pero mientras tanto, era una época de enfrentamientos terribles.

Un día, un joven mago vino a esta región. Él no parecía pertenecer a ninguno de sus clubes, pero era un maravilloso mago y realizó algunos trucos sorprendentes. Tenía en él esa clase de ‘cualidad estelar’ que atraía a la gente. Mucha gente amaba mirarlo, aunque no les interesaba gran cosa escucharlo, debido a las cosas que les decía.

Lo que les dijo fue que si no estuvieran divididos en tantos clubes, no habría tanto enfrentamiento. Sus clubes, les dijo, eran la causa de sus guerras.

Para la gente, esta era la cosa más estúpida que nunca habían oído. Sus pequeños clubes les daban una minúscula área de paz y amistad entre gente como ellos mismos, en un mundo de otra manera hostil. A ellos les gustaban sus clubes. Así que casi nunca escucharon cuanto el mago trató de enseñarles. Pero amaban su magia, así que siguieron yendo a verlo y comenzaron a contarse historias sobre lo grandioso que era como mago.

Años después, luego de la muerte del joven mago, una cosa chistosa sucedió, aunque no le hubiera parecido graciosa al mago. La gente formó un nuevo club. Y para estar en este nuevo club, tenías que creer todos los relatos que ellos contaban sobre el joven mago. Incluso hicieron imágenes y esculturas de él, que exhibían en sus lugares de reunión, para que la gente pudiera recordar cuán grande había sido.

El club llegó a ser popular y pronto tuvo miles de miembros. Antes de que pasara mucho tiempo, se hicieron incluso con un ejército.

Fue entonces cuando finalmente decidieron que podrían usar su ejército para terminar la lucha de una vez por todas. Sus sacerdotes y generales acudieron a sus lugares de reunión —que se habían convertido en iglesias— e hicieron como que hablaban a las imágenes y estatuas del mago muerto, como pidiéndoles su bendición. Después de todo, ¿no había hablado siempre el joven mago de traer la paz?

Fueron a la guerra. Fue una guerra larga, y mucha gente murió o resultó herida. Pero su ejército era mayor y ganaron. Obligaron a mucha, mucha gente a hacerse parte de su club, debido a que querían que entraran en razón —es tan importante estar en lo correcto.

Luego de las batallas, sus sacerdotes y generales fueron a la iglesia a dar las gracias. Se pararon frente a las imágenes y esculturas del mago muerto, y le contaron su orgullosa historia de la batalla victoriosa.

Entonces sucedió el milagro. Justo cuando todos los sacerdotes y generales miraban las estatuas y les hablaban de sus guerras victoriosas, todas las imágenes y estatuas empezaron a llorar…

El jóven mago, por supuesto, era Jesús.

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Tiene riesgos despojar a un hombre como Jesús de su aureola y preguntarse qué clase de hombre fue, y qué tan sabias fueron realmente sus enseñanzas. Esto ofende a la imagen popular de Jesús, sentimental y soñadora, como el Hijo de Dios y salvador sobrenatural de la raza humana. Desde hace ya más de dos siglos, los estudiosos han sabido que aquellos eran atributos míticos inventados por sus seguidores mucho tiempo después de su muerte y que el Jesús real fue 100% humano —dado que esta es la única categoría que existe para nosotros. Llamarlo ‘Hijo del Hombre‘, en el sentido de ‘Hijo de Dios’ era una expresión poética, no una afirmación biológica, ni sobre su genética. No nos agradaría vivir en un mundo construido de tal manera que la gente pudiera recibir la mitad de sus cromosomas de un humano y la otra mitad de un dios celeste, sin duda esto tampoco habría complacido a sus contemporáneos.

Quiero respetar la verdad sin rendir culto al mito esta mañana, por medio de la sugerencia de que este hombre, Jesús, tuvo por lo menos cuatro diferentes aspectos, o ‘caras’. Un aspecto fue inútil, un segundo —el más ‘mágico’— fue real, pero no sobrenatural. Un tercero simplemente erróneo. Y entonces está la cuarta cara de Jesús, que aún hoy parece mirar dentro de nuestras almas con incómoda precisión.


diogenes
1. Jesús como pensador cínico itinerante

La primera cara de Jesús se refiere a su estilo de vida, a sus valores personales, la clase de modelo a imitar que él habría sido. Esta es la dimensión de Jesús que apenas ha sido discutida, debido a que es tan estrafalaria. Por ejemplo, trata de recordar cuántos sermones has escuchado predicar sobre estas citas atribuidas a Jesús:

  • «Quien no reniegue de su padre y de su madre, no podrá hacerse estudiante mío. Y quien no rechace a sus hermanos y a sus hermanas… no está listo para mí» (Evangelio de Tomás, Logion 55, siguiendo la versión dinámica de Lynn Bauman) —¡No es precisamente un texto para un sermón convencional sobre ‘valores familiares’!

  • En otra ocasión, una mujer de la multitud, en voz alta, dijo a Jesús, “Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron”. Era esta una manera convencional de hacer un cumplido a la madre a través del hijo, algo así como decir, “Tu madre debe estar muy orgullosa de ti”. Pero Jesús replicó así: «Dichosos más bien los que escuchan la enseñanza de Dios y la ponen en práctica» (Evangelio Q en Lucas 11:27-28) —¡Otro mal texto para el día de las madres!

  • Y la última cita que es la más extrema y la más famosa. Viene del Evangelio de Lucas. En el que Jesús dice «¿Creen ustedes que he venido a traer paz a la tierra? Les digo que no, sino división. Porque de hoy en adelante, cinco en una familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres. El padre estará contra su hijo y el hijo contra su padre; la madre contra su hija y la hija contra su madre; la suegra contra su nuera y la nuera contra su suegra.» (Evangelio Q en Lucas 12: 51-53) —¡Nunca se escucha a la derecha cristiana predicar este fragmento tampoco!

Estos dichos no se corresponden con la imagen tradicional del Jesús dulce que habría predicado valores familiares, así que casi nunca son mencionados. Nos muestran algunos de los valores personales de Jesús y de su estilo de vida, aunque lo hacen parecer muy extraño y ajeno, por no decir fastidioso. Porque la mayoría de los estilos de vida que Jesús ejemplificó nunca han tenido muchos seguidores.

Este es el perfil de alguien en el margen de cualquier cultura, en cualquier época. Los estudiosos reconocen este perfil, no obstante. Era un estilo marginal pero bien conocido de vivir en el mundo antiguo. Desde cerca del cuarto siglo AEC (antes de la era común), hasta aproximadamente el siglo sexto EC (de la era común), había un nombre para este estilo de vida ejemplificado por Jesús. Estos personajes fueron llamados los ‘cínicos’[1].

Algunos estudiosos consideran a Jesús un ‘pensador cínico itinerante’. El nombre en sí mismo es desdeñoso, fue dado a los ‘cínicos’ por sus detractores (de esa forma se originaron muchos nombres). Viene de la palabra griega para ‘perro’, y quería decir que los cínicos vivían como perros. No tenían casa, ni propiedad, ni consortes, ni un círculo fijo de amigos, ni trabajo, ni amor por la sociedad en la que vivieron. Los cínicos no ofrecieron una reforma de la sociedad, tanto como ofrecieron una alternativa a la sociedad.

Los mejores de entre los cínicos fueron críticos sociales astutos: fueron una especie de versiones seculares de los profetas del Antiguo Testamento, manteniéndose por fuera del orden de cosas aceptado, mientras trataban de subvertirlo.

Alguien que pudiera vivir una vida de esta manera tenía que estar, entre otras cosas, extremadamente enfocado y dedicado a su visión particular. Para el cínico más famoso de la historia, Diógenes[2] de Sínope (404AEC-323AEC) , la visión fue una de autonomía personal, de libertad de las exigencias innecesarias de la sociedad. Un viejo relato lo ilustra:

“El mensajero del rey llegó a ver a Diógenes, quien estaba sentado en cuclillas en la calle para comer un simple plato de lentejas. ‘El rey lo invita a vivir en su castillo’, dijo el mensajero, ‘y a ser uno de sus asesores en la corte’.

“‘¿Y por qué debiera hacerlo?’, preguntó Diógenes.

“‘Bueno, por una cosa’, dijo el mensajero, ‘si aprendiera a ganarse el favor del rey, no tendría que comer lentejas’.

“‘Y qué si uno aprende a disfrutar las lentejas’, replicó Diógenes, ‘así no tendría que aprender a ganarse el favor del rey'”.

El mensaje de los cínicos fue siempre extremo, y estuvieron dispuestos a sacrificarlo todo por él. Más aún, siempre se mostraron convencidos de que todos los demás estarían mejor también si abandonaran la visión de la vida prevaleciente en la sociedad y adoptaran su visión cínica. Su mensaje fue para individuos. No pertenecieron, ni se ocuparon de una comunidad real. No fueron reformadores sociales. Pensaron que la sociedad estaba fundamentalmente equivocada, y que la gente debería ‘ponerse en onda, prenderse y desertarse’ para recuperar el famoso lema de los años ‘jipitecas’ (jipis, o hippies).

Jesús cuadra muy bien dentro de esta concepción del pensador cínico. No tenía hogar, propiedad o trabajo. No daba por buenas las imágenes aceptadas de ‘la buena vida’ o las expectativas normales que sobre la gente se tenían en una sociedad civilizada —las reglas culturales y religiosas que daban a la gente sus identidades sociales, por ejemplo. Su visión del “Reinado de Dios” era, para Jesús, la única cosa digna de vivir por ella. Sus parábolas presentaron al ‘Reinado’ de esta forma extrema, una y otra vez. Era una “perla de gran valor”, un “tesoro enterrado en el campo” por el que el afortunado descubridor lo venderá todo.

Lo que debe notarse sobre los cínicos, incluido Jesús, es que su mensaje nunca es fácilmente escuchado, o seguido, excepto por personas extremadamente marginales —otros cínicos. Los esposos, esposas, niños, el gozo del trabajo, hacer una contribución a la sociedad, el nacionalismo, el orgullo de identidad étnica o religiosa —todo esto no era nada para los cínicos en comparación con su singular visión. En el caso de Jesús, su familia entera fue tratada como si no contara nada en comparación del “Reinado de Dios”. Esto no convirtió a Jesús en excepcionalmente frío, insolidario, o indiferente, simplemente lo identifica como uno de los grandes cínicos de la historia —y un pensador cuya visión era, a veces, demasiado extrema para resultar útil, o sabia, para la abrumadora mayoría de la gente que ha vivido jamás, entonces o ahora.

Así que la primera cara de Jesús fue la de un estilo de vida cínico. Constituyó una gran parte de quién fue él y de lo que valoró. Para casi todos en la historia, excepto para los cínicos, sin embargo, este no fue un camino sabio a seguir, sino una inútil aberración [= grave error del entendimiento, que se aparta de lo lícito].

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2. Jesús, el sanador por la fe

Prácticamente todos los estudiosos bíblicos están de acuerdo en que Jesús fue un hombre con un gran carisma y una señalada habilidad para lo que hoy llamaríamos ‘sanación ritual‘. Aunque casi todos los estudiosos aceptan que los relatos fueron grandemente exagerados, y que las escenas como ‘caminar sobre el agua’, levantar a Lázaro de entre los muertos, o alimentar a 5,000 personas con unos pocos pescados, son todos mitologización cristiana, el hecho duro sigue siendo que Jesús fue fundamentalmente conocido, en su tiempo y en los primeros siglos, como un curandero de gran talento. Era este poder casi mágico lo que realmente atrajo gente hacia él, aun cuando no entendían, o no querían escuchar, las cosas que él quería enseñar. Sus seguidores también compartieron este poder curativo, aunque no en la misma medida en que lo tenía Jesús.

Sin intención de desacreditar, hay que hacer notar que esta clase de poder carismático no implica necesariamente que el curandero sea bueno, o sabio. Todavía hay muchos curanderos hoy en día, desde Oral Roberts (1918-), hasta Bennie Han. Además, el principio de la curación por la fe está detrás de los placebos —esas píldoras de azúcar que muchas veces pueden hacer desaparecer tus síntomas, si crees que pueden hacerlo. Es fácil pensar en algunas otras figuras históricas que también tuvieron un carisma inmenso y un gran poder personal sobre la gente, pero que no fueron sabios, o que incluso fueron malvados. Rasputin (1869-1916), Hitler (1889-1945), Jim Jones (1931-1978), Marshall Applewhite (1931-1997), y David Koresh[3] (1959-1993) son ejemplos que me vienen rápidamente a la mente. No todos los sabios son magos, ni todos los magos sabios. Aún así, Jesús fue uno de los curanderos rituales más brillantes de la historia.

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3. El joven idealista sin el concepto de ‘Sangha

La tercera cara de Jesús muestra un límite severo de su visión, uno que casi sin duda lo habría relegado al basurero de la historia, de no ser por las contribuciones de San Pablo. Esta afirmación por sí sola es suficiente para perturbar o enfurecer a muchos que aman a Jesús y no pueden soportar a Pablo.

La enseñanza ética que más se asocia con Jesús es la Regla de Oro [«Así pues, hagan ustedes con los demás como quieran que los demás hagan con ustedes; porque en eso se resumen la ley y los profetas.» Mt 7.12]. Aunque se afirma que Jesús dijo que el significado de la Regla de Oro es “Trata a los otros como quisieras que te trataran”, por más de 20 siglos se ha dado por hecho que la Regla de Oro para Jesús también sería equivalente a otro de sus dichos: «Si alguien te pega en una mejilla, ofrécele también la otra…» Lucas 6.29. Algunas sectas cristianas radicales, como el grupo cátaro de la Francia del siglo XIV, o los menonitas de la Alemania del siglo XVI, tomaron esto literalmente y se rehusaron completamente a resistir la violencia de otros. Esto condujo a la matanza de miles o decenas de miles de cátaros, y al exterminio de la mayor parte de la primera generación de menonitas [y otros anabaptistas].

No era una enseñanza nueva. Había estado presente por ahí por lo menos 500 años antes de la llegada de Jesús. Sabemos esto porque tenemos el relato de uno de los seguidores de Confucio (551 AEC-479AEC) que le preguntó —cinco siglos antes— qué es lo que pensaba de la idea de retribuir al mal con el perdón. Confucio pensaba que era una idea estúpida. «¿Con qué entonces [preguntó Confucio] retribuirías la bondad?» En cambio, Confucio enseño que debemos retribuir al mal con la justicia, y retribuir al bien con el bien. Confucio vivió para llegar a ser mucho más viejo de lo que Jesús vivió; tal vez esta solo sea una muestra de la gran sabiduría de un hombre mucho más viejo.

Otros dicen que si quieres ver un lugar en el que la gente ha llevado a la práctica en su vida la regla de poner la otra mejilla, ve a un refugio para mujeres golpeadas. Fue una enseñanza muy idealista, pero no una enseñanza sabia, a menos que estés en una comunidad en la que todos sean tratados con respeto.

Y esa es la segunda y más importante limitación de las enseñanzas de Jesús. Todas sus enseñanzas fueron dirigidas hacia individuos. No vino a reformar el judaísmo; no vino a iniciar una nueva religión, ni a fundar una nueva iglesia. No tenía casa, ni trabajo, ni comunidad y nunca planteó en sus enseñanzas la necesidad de una comunidad saludable.

Una mirada rápida al budismo puede ayudar a entender lo que Jesús omitió. Los budistas dicen que debes contar con tres cosas para llegar a despertar, a alcanzar la iluminación. Debes tener [algo como las 3 joyas del budismo:] buddha, dharma, y sangha[4]. Buddha significa un centro, una fuente de autoridad e inspiración. Dharma significa el trabajo personal que debes hacer. Jesús, podría decirse, enseño que debías tener Dios y dharma: debes vivir como Dios quiere que vivas. Pero no tuvo ninguna palabra sobre la sangha. La sangha es la comunidad apoyadora dedicada a servir estos altos ideales, como una buena iglesia. Y los budistas tienen razón: no parece probable que logremos el crecimiento y el despertar que necesitamos por nosotros mismos. Necesitamos una comunidad que nos brinde apoyo, una comunidad de fe, una iglesia. Jesús nunca mencionó esto.

Es irónico —especialmente para la gente a la que le agrada Jesús, aunque le desagrada Pablo— pero el interés por la comunidad fue lo que Pablo aportó, con lo que hizo posible la creación de una religión a partir de los recuerdos, mitos y enseñanzas de Jesús. Sin Pablo, Jesús sería tan solo otro maestro que destacó los deberes individuales, pero que omitió discutir la necesidad de ser parte de una comunidad de fe.

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4. El subversivo de las identidades artificiales

Es difícil saber cómo llamar a esta cuarta cara de Jesús. Como los estudiosos bíblicos saben, la principal preocupación de Jesús era lo que llamó el Reinado de Dios. Lo que Jesús entendió por Reinado de Dios fue fundamentalmente diferente de lo que la mayoría de los cristianos han entendido por esta frase. Entendido propiamente, fue la enseñanza más radical de Jesús. Fue también la más profunda y perdurable, y es su cuarta “cara”.

La frase ‘Reinado de Dios‘ no fue exclusiva de Jesús. Era una frase popular en los primeros dos siglos, usada por mucha gente. Significaba el mundo ideal, la clase de mundo que podría brindar la mayor compasión y justicia. Juan el Bautista, quien fue maestro de Jesús, dijo que el mundo había ido demasiado lejos para ser salvado, que deberíamos esperar a que Dios lo destruyera todo y volver a empezar con la clase apropiada de personas —aquellos que creyeran lo que Juan el Bautista creía.

Luego de que Juan el Bautista fue asesinado y de que no llegó el fin del mundo, Jesús emergió como líder carismático, y muchos de los seguidores de Juan empezaron a seguirlo. Pero el mensaje de Jesús era muy diferente. El “reino” de Juan sería sobrenatural; para Jesús, el reinado de Dios era existencial, aquí y ahora, no en un mundo por venir.

Para Jesús, el Reinado de Dios nes algo que vendría a la sazón. Ya estaba aquí, al menos potencialmente, dentro y entre nosotros. O como lo dijo él mismo en otro lugar: el reino está extendido sobre la tierra, y la gente no lo ve [Evangelio de Tomás, Logion 113: «Sus discípulos le dicen: ¿Cuándo vendrá la soberanía? || (Yeshúa dice:) No vendrá por expectativa. No dirán, “¡Miren aquí!” o “¡Miren allá!”. Sino que la soberanía del Padre se extiende sobre la tierra y los humanos no la perciben.» ; Lucas 17.20-21].

¿Cómo renovar un mundo hostil? Esta ha sido casi siempre la pregunta que enfrentamos. Para Juan el Bautista, así como para muchos predicadores apocalípticos[5] de hoy, debemos esperar a Dios para actuar. Para Jesús, Dios esperaba que actuáramos. Y actuamos, creamos el Reinado de Dios, o el mejor mundo posible, simplemente al tratar a otros como nuestros hermanos y hermanas, como hijos de Dios. Lo que Jesús hizo fue atacar y subvertir las identidades excluyentes, identidades que nos hacen sentir especiales o ‘escogidos’ al precio de dejar a los otros en una situación como de segunda clase.

Esto suena agradable y dulce, sin embargo, es una cosa peligrosa de enseñar. Por ejemplo, las leyes de alimentación de los judíos los separan de sus vecinos. Así que las instrucciones de Jesús a sus seguidores fueron que comieran lo que les sirvieran: puerco, mariscos, cabras, cualquier cosa que sirviera el anfitrión. Los judíos odiaban a los samaritanos, con cuyo reino limitaban al norte, más de lo que odiaban a casi cualquiera. Así que Jesús contó una historia sobre un judío golpeado que yacía a un lado de la carretera, cuando pasaron unos sacerdotes judíos a su lado, y la única persona que lo socorrió fue un samaritano. Durante sus principales días santos, los judíos solo comían pan ácimo (sin levadura). Así que Jesús dijo que el reino de Dios es como la levadura que pones en la masa para expandirla. Una y otra vez, él desdeñó las identidades artificiales que nos separan de los demás. Sólo había una identidad posible para nosotros en el Reino de Dios: tratarnos mutuamente como hermanas y hermanos.

¿Ves todo lo subversivo que resulta esto? Este es un mensaje que podría amenazar cualquier forma de gobierno, todas las ideologías, y todas las identidades religiosas y raciales. El mundo está en un caos, hemos perdido un centro compartido, así que creamos cientos de centros artificiales, o ‘clubes’, de los que obtenemos nuestras identidades. El problema es que son demasiado pequeñas, todas excluyen a quienes creen o viven de manera diferente a nosotros, y por ello son precisamente las estructuras que mantienen al mundo como un lugar hostil.

Hoy en día, su mensaje podría ser ¡Dejen de unirse a clubes! Dejen de identificarse con su nación, su raza, su religión, o su sexo. Todas estas identidades son finalmente divisivas y hacen así imposible un mundo pacífico. ¿Quieres un reinado de Dios? ¿Quieres un mundo de paz y justicia? Está en tus manos y sólo en tus manos. Te ha sido dado todo lo que necesitas, ahora es tiempo de actuar.

Este es un mensaje que todavía haría que mataran al mensajero que lo portara, casi en cualquier parte del mundo. Imagina haber ido a Irlanda del Norte, hace algunos años, a decirles a los combatientes que ninguno de sus bandos era cristiano, que ambos eran agentes del mal, y que debían dejar de pensarse a sí mismos como protestantes y católicos, porque tales identidades serían ellas mismas el problema. La única cosa en la que ambos bandos habrían estado de acuerdo sería en lincharte colgándote del árbol más cercano.

Imagina intentar vender el mensaje a los judíos y palestinos, y decirles que la única forma de parar la lucha asesina es dejar de pensarse a sí mismos meramente como judíos y palestinos, y comenzar a verse mutuamente como hermanos y hermanas, como hijos de Dios. ¡Te dispararían!

No quiero sugerir que Jesús fuera la única persona en la historia en contemplar esta visión de un mundo que sigue mezquino y hostil debido a nuestras identidades artificiales y nuestros impulsos territoriales. Puedes encontrar esta idea de que todos somos hermanos y hermanas en muchas religiones y culturas. También la encuentras en culturas que nunca tuvieron contacto directo con la civilización occidental. Recuerda estas líneas del hombre de medicina Lakota Siux, Alce Negro:

“Y vi que ese aro sagrado de mi pueblo era uno de muchos aros que formaban un círculo, amplio como la luz del día y la luz de las estrellas. Y en el centro creció un poderoso árbol floreciente para resguardar a todos los hijos de una madre y un padre. Y vi que era
bendito”.

Estas cosas no son verdad porque las hayan dicho Jesús, Alce Negro u otros. Son verdaderas porque ellos han atisbado la esencia de lo que significa ser humanos, con una claridad que poca gente en la historia había logrado jamás. No conozco ninguna forma de alegar contra esta noción precisa. Parece honda, profunda y eternamente correcta. Nuestras tendencias humanas o animales a crear identidades artificiales para nosotros mismos son el pecado original de nuestra especie. Nos sentimos mayores y más merecedores de consideración como parte de una familia, una nación, una raza, una cultura. Así que naturalmente nos unimos a pequeños clubes y ondeamos nuestras banderas, y esperamos la segunda venida de Jesús para que pueda haber paz en el mundo.

La tragedia real de un hombre como Jesús no es que hayan arrumbado tanta fantasía tonta sobre él a través de las épocas pasadas —aunque Dios sabe que así ha sido. La tragedia es que lo ascendimos a hombre-Dios, luego lo anexamos a la religión de Juan el Bautista que esperaba que ese hombre-Dios viniera para salvar el mundo para nosotros, mientras nos sentábamos en silencio a recitar cualesquier credos que nuestros pequeños cultos religiosos, políticos o sociales hayan declarado como la ortodoxia vigente. Tomamos al hombre que vivió y murió predicando contra las identidades divisivas y creamos un club alrededor de su nombre. Es un cruel e irónico destino para el simple judío de Galilea.

La tragedia es que este hombre extraño, este judío marginal sin familia, amigos, propiedad o trabajo realmente tenía algo que ofrecernos, y nadie lo quiere. Es demasiado duro. Pide demasiado de nosotros. Así que encontramos una ruta más simple. Hicimos miles de estatuas de este hombre, Jesús, a quien convertimos en un Hijo de Dios. Y oramos para que, a través de su infinito poder, traiga la paz a este mundo en el que hacemos la guerra al identificarnos con nuestra irrelevante religión, nación, raza o territorio. Entonces decimos amén, salimos, y nos preparamos para los días de batalla contra los infieles de la iglesia de junto, del pueblo de junto, de la nación de junto.

Y entonces imagino el resto de la historia. Imagino que por todo el mundo, conforme la gente sale de sus iglesias, dan la espalda a las imágenes y estatuas de Jesús que han hecho. Y luego de que todos se han ido, por todo el mundo, en la fría obscuridad de las iglesias vacías, todas las imágenes y estatuas empiezan a llorar…

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NOTAS DEL TRADUCTOR

[1] La creencia (expresada por Diógenes de Sinope) de que todo el sentido de la vida humana es la satisfacción de nuestras necesidades naturales más elementales, sin ningún respeto por las convenciones sociales. Por ello, los cínicos practicaron la autodisciplina, con el objeto de evitar la infelicidad que invariablemente resulta de cualquier esfuerzo de seguir las obligaciones artificiales. Los cinicos rechazaron las ideas convencionales sobre la moralidad y la buena vida, bajo el argumento de que el único bien es aquel que sea racional (y por lo tanto virtuoso). La mayoría de los cínicos también rechazaron la propiedad, el matrimonio y el estado. Para los cínicos la sobriedad y la moderación eran el medio de la liberación humana, su visión no consistía tanto en la gratificación de los apetitos naturales, como en la no—gratificación de los artificiales.

El cinismo pretendía dar una respuesta individual a la incertidumbre que se vivía en este periodo de crisis cultural, manifestando su malestar y descontento, y también librarse de los caprichos de la fortuna, guiando al individuo hacia la felicidad. Este camino no era fácil así que se necesitaba un entrenamiento, una disciplina para a conseguir una plena autonomía moral y a ser posible también física. Era característico de los cínicos la transgresión continua, tanto de los valores tradicionales, como de las normas sociales. http://www.cinicos.com/cinicos.htm

[2] La figura de Diógenes de Sinope (aprox. 413—327 AEC) enseguida pasó a ser una leyenda de provocación y la imagen del sabio cínico por excelencia, de aspecto descuidado, burlón y sarcástico. Vivía en un tonel, buscaba a plena luz del día con un candil, nada menos que al hombre, se masturbaba en público, comía carne cruda, escribía libros a favor del incesto y del canibalismo. Su padre era banquero y cuenta Diógenes Laercio que un buen día decidió consultar al oráculo y recibió como respuesta “invalidar la moneda en curso”, que como todas las respuestas de los oráculo era enigmática, dicha respuesta tenía al menos tres sentidos: falsificar la moneda, modificar las leyes o transmutar los valores. Diógenes no quiso elegir e hizo las tres cosas, el resultado fue la expulsión y el destierro de Sinope. “Ellos me condenan a irme y yo les condeno a ellos a quedarse”, fue su irónico comentario.

Forzado por estas circunstancias, deambuló por Esparta, Corinto y Atenas, en esta ciudad frecuentó el cinosarges y se hizo discípulo de Antístenes, optó por llevar una vida austera y adoptó la indumentaria cínica, como su maestro. Desde sus comienzos en Atenas mostró un carácter apasionado, llegando Platón a decir de él, que era un Sócrates que se había vuelto loco. Pone en práctica de una manera radical las teorías de su maestro Antístenes. Lleva al extremo la libertad de palabra, su dedicación es criticar y denunciar todo aquello que limita al hombre, en particular las instituciones. Propone una nueva valoración frente a la tradicional y se enfrenta constantemente a las normas sociales. Se considera cosmopolita, es decir, ciudadano del mundo, en cualquier parte se encuentra el cínico como en su casa y reconoce esto mismo en los demás, por lo tanto, el mundo es de todos. La leyenda cuenta que se deshizo de todo lo que no era indispensable, incluso abandonó su escudilla cuando vio que un muchacho bebía agua en el hueco de las manos. Conoció a algunos de los filósofos y gobernantes de la época, se cuenta la anécdota de que estando un día en las afueras de Corinto, se le acercó Alejandro Magno y ofreció concederle lo que quisiera, a lo que el filosofo respondió simplemente: “Hazte a un lado que me quitas el sol”. Esta anécdota pretende reflejar claramente que el sabio no necesita nada de los poderosos, que está por encima de las riquezas materiales y de la ambición del poder. http://www.cinicos.com/ci03.htm

[3] El pasado 18 de noviembre de 1998 se cumplió el veinte aniversario del suicidio colectivo de casi mil personas en Jonestown, Guyana. Esa fatídica tarde, cientos de personas, incluidos niños, obedecieron la orden del reverendo Jim Jones de beber cianuro de potasio disuelto en refresco. Aquéllos que se negaron fueron asesinados por la guardia paramilitar de Jones. El resultado fueron 914 muertos de la secta Templo del Pueblo, incluido el propio líder (Tobias y Lalich, 1994).

El evento de Jim Jones inauguró la era moderna de los suicidios rituales colectivos que se vienen suscitando con mayor incidencia conforme se acerca el próximo fin de milenio. Quince años más tarde, el 19 de abril de 1993, David Koresh, dirigente de los davidianos se autoinmoló junto con más de 80 seguidores (Samples et al., 1994). Semanas antes, Koresh y 528 de los suyos habían protagonizado un enfrentamiento a tiros con la policía que dejó seis agentes federales y cuatro miembros de la secta muertos además de 20 heridos. El lugar de los hechos fue el rancho Monte Carmelo, en Waco, Texas.

En octubre de 1994, la sociedad esotérica secreta conocida como Orden del Templo Solar sorprendió a los analistas socio—religiosos. Luc Jouret, homeópata de profesión, efectuó, junto con sus seguidores, suicidios diferidos en Suiza y Canadá. 48 individuos murieron en el primer país y desde entonces hasta la fecha se han añadido más de 18 personas a la lista (Abanes, 1998). Las investigaciones más recientes indican que no todos los casos fueron realmente suicidios. Varios fueron homicidios y además, previamente, se han documentado casos de ejecuciones de disidentes (Harris, 1977).


[4] Buda no era un dios, ni un enviado, ni un profeta. Buda era un hombre, un ser humano, que a través de su esfuerzo y perseverancia consiguió liberarse del sufrimiento de forma definitiva, consiguió la felicidad absoluta y una comprensión total de la realidad, realidad que está más alla de todo concepto Divino y Humano. Los budistas consideran a Buda como la personificación viva de la verdadera naturaleza fundamental e inmutable que está presente en todos los seres. Toda su vida y sus actos son considerados una enseñanza y se dice que todos los budas que aparezcan llevaran a cabo los mismos actos.

El Dharma, es la experiencia de la realidad que adquirió Buda la transmitió a través de sus enseñanzas, el Dharma. La palabra Dharma tiene muchos significados, pero básicamente significa ‘lo que es’ o ‘las cosas tal y como son’.

La Sangha se encarga de mantener vivo el Dharma. Buda estableció una comunidad monástica para que sus enseñanzas se mantuvieran vivas y puras. Esta comunidad de practicantes es la Sangha, especificamente son la comunidad monástica y los maestros, que laicos o célibes dedican su vida a la práctica del Dharma. Ellos son los encargados de mantener viva la enseñanza de Buda con su propia comprensión y a traves de las distintas escuelas y linajes. En la actualidad y en un sentido general Sangha se refiere también a los pacticantes budistas.

[5] Apocalíptico (Proviene de la palabra griega ‘apokalypsis’ que significa ‘levantamiento del velo’ o ‘revelación’) 1. Estilo literario judío (y luego cristiano) de naturaleza revelatoria, que generalmente implica elementos tales como sueños, visiones, ángeles, y un enfoque hacia la destrucción delas fuerzas cósmicas de la maldad y de la restauración del Pueblo de Dios (Israel o el Nuevo Israel). Esta literatura es altamente simbólica, y proviene principalmente del periodo que va del 250 AEC al 200 EC. Ejemplos de este estilo literario son los libros de Daniel, Revelación y 2 Esdras. 2. Las tradiciones apocalípticas occidentales tienden a ser dualistas, en cuanto a que ven el fin del mundo que se aproxima como resultado inevitable de la batalla continua entre el bien y las fuerzas del mal, representados casi siempre por Dios y Satanás.

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Jesús fue humanista

28. enero. 2009

Jesus-sonriente

Dado el 14 de noviembre de 2004, por la Reverenda Victoria Weinstein en la
Iglesia Unitaria Universalista de la Primera Parroquia de Norwell, Massachusetts
(Trad. Francisco Javier Lagunes Gaitán)

http://www.firstparishnorwell.org/sermons/jesus.html

Stuart Twite, la Revda. Victoria Weinstein, Mary Mercier y Deanna Rileyn

De izquierda a derecha: Stuart Twite, la Revda. Victoria Weinstein, Mary Mercier y Deanna Rileyn

Lectura: Meeting Jesus Again For the First Time [Encontrar de nuevo a Jesús, por primera vez] de Marcus Borg Adaptado de las págs. 33-36

El Jesús histórico fue una persona del espíritu, una de esas figuras en la historia humana con una conciencia basada en su experiencia personal de la realidad de Dios. La expresión más antigua, semitécnica es hombre santo, pero persona del espíritu parece mejor. Las personas del espíritu son conocidas a través de las culturas. Son gente que tiene experiencias vívidas y subjetivas de otro nivel o dimensión de la realidad. Estas experiencias implican una entrada momentánea en estados de conciencia fuera de lo ordinario y toman un número de formas diferentes. A veces hay la vívida sensación de ver momentáneamente dentro de otro estrato de la realidad; esta es la experiencia clásica del shamán. A veces hay la fuerte sensación de que otra realidad te sale al encuentro, como en la antigua expresión, ‘El Espíritu cayó sobre mí’ [hoy vertida más comúnmente como ‘El Espíritu se posesionó de mí’]. A veces la experiencia es de la naturaleza o de un objeto dentro de la naturaleza que es momentáneamente transfigurado por ‘lo sagrado’ que resplandece a través de éste.

Lo que comparten todas las personas que tienen estas experiencias de que hay algo más en la realidad que el mundo tangible de nuestra experiencia ordinaria. Las personas del espíritu son gente que experimenta lo sagrado vívidamente y con frecuencia.

…La visión moderna del mundo, derivada de la Ilustración, ve la realidad en sus términos materiales, como constituida por la materia y la energía en el continuo espacio-tiempo. La experiencia de las personas del espíritu sugiere que habría más que esto en la realidad –que habría, además del mundo tangible de la realidad ordinaria, un nivel de realidad inmaterial, real pese a su inmaterialidad y cargado con energía y poder.

Lo que es más, Esta otra realidad, es importante insisitir en ello, no sería ‘en alguna otra parte’. Sino más bien estaría todo alrededor de nosotros y nosotros estaríamos en ella. … Jesús fue una persona del espíritu.

El Evangelio según Mateo, 5:38-48 versión Dios Habla Hoy

“Ustedes han oído que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente.’ Pero yo les digo: No resistas al que te haga algún mal; al contrario, si alguien te pega en la mejilla derecha, ofrécele también la otra. Si alguien te demanda y te quiere quitar la camisa, déjale que se lleve también tu capa. Si te obligan a llevar carga una milla, llévala dos. A cualquiera que te pida algo, dáselo; y no le vuelvas la espalda al que te pida prestado.

“También han oído que se dijo: ‘Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo.’ Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, y oren por quienes los persiguen. Así ustedes serán hijos de su Padre que está en el cielo; pues él hace que su sol salga sobre malos y buenos, y manda la lluvia sobre justos e injustos. Porque si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué premio recibirán? Hasta los que cobran impuestos para Roma se portan así. Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? Hasta los paganos se portan así. Sean ustedes perfectos, como su Padre que está en el cielo es perfecto.”

Estos son los dichos de Jesús.

EL SERMÓN

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Tenía como 6 años, creo, cuando fui a ver el musical “Godspell” en Broadway. La mejor amiga de mi madre, Phoebe Rizos, me llevó junto con todo su grupo parroquial. Fue totalmente confuso para mí, esta suerte de payasos circenses que brincaban y cantaban alrededor, todos ellos parecían querer ser los mejores amigos de un tipo de pelo crespo y rojo que usaba tirantes arco iris y una camisa de Supermán. Estuve sentada y muy atenta durante las canciones “Day by Day” y “O Bless the Lord My Soul”, incluso aunque no entendía las letras, que tomaron  –ahora lo sé– del Evangelio de Mateo. Nunca había escuchado el Evangelio de Mateo, ni nada de la Biblia. Era una niñita unitaria.

Me gustó bastante el espectáculo, aunque también me desconcertó, sólo al llegar el momento culminante en el que los payasos tomaron a su amigo de los tirantes arco iris y lo colgaron con los brazos abiertos sobre una especie de malla metálica. Ataron sus muñecas a la malla con una cinta roja y se le veía muy triste. Las cosas se pusieron espeluznantes y muy malas muy pronto. Cantó, Oh Dios, me muero. Oh Dios me muero.

Y sus amigos cantaron, Oh, Dios, te mueres… Y mi corazón se congeló. Entónces él cantó, Oh, Dios, estoy muerto y cantaron, también muy tristemente, Oh, Dios, estás muerto…

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Y había ese órgano que tocaba… y él dejaba caer su cabeza con flacidez, nunca había estado tan asustada en mi vida. Pero los amigos siguieron cantando. Y comenzaron a cantar esta frase, mientras lo veían hacia abajo desde la malla y cargaban su cuerpo a hombros, cantaron, “Larga vida a Dios, larga vida a Dios, larga vida a Dios (mientras caminaban con él), larga vida a Dios”.

La música incrementó su ritmo poco a poco  y algunos de los hombres comenzaron a cantar una frase con lo que habían sido las primeras palabras de la obra: “¡Preparen el camino del Señor!” Los payasos siguen entrelazando ambas frases cantadas al llevar el cuerpo flácido de su amigo por sobre sus cabezas hacia las puertas del teatro. Esta fue absolutamente la cosa más terrible que había visto en mi vida.

Todavía recuerdo lo extrañada que me sentía, me preguntaba qué estaba mal en mí, dado que todos los demás en el teatro parecían estar tan a gusto, incluso parecían ilusionados. Pero justo en ese momento las púertas del teatro se abrieron de golpe mientras el baterista aceleraba el ritmo y todos los actores bailaron alegres por el escenario mientras aplaudían y gritaban con regocijo al cantar, “¡Preparen el camino del Señor!” ¡Tambores! ¡Panderetas!

“¡Oh, Dios mío!”, pensé. “¡Esta gente está loca! ¡Mataron  a su amigo y ahora cantan y bailan!” Ni Phoebe Rizos, ni varios animadores pudieron convencerme de levantar mis manos del asiento en ese teatro, incluso mucho tiempo después de que se había vaciado y las luces estaban prendidas. Quería asegurarme de estar a salvo de esos maniacos. Me puse muy mal en el coche y regresé temblando a casa, nunca hablé de esto con nadie.

Y este fue mi primer contacto con Jesús.

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Podrán ahora imaginarse por qué mantuve mi distancia por un muy largo tiempo después de eso. Nadie en mi hogar tenía algún interés en, ni la paciencia con, aquellas historias o esa religión. Cuando mi abuela venía a visitarnos, entraba al dormitorio de mi hermana y mío para darnos el beso de las buenas noches y clandestinamente bendecirnos en la frente con agua bendita que le había dado un sacerdote ortodoxo ruso. De repente mi padre aparecía a la puerta. “Anne, no les hagas ese vudú a mis hijas”, le decía y ella apresuradamente se guardaba en el bolsillo el frasquito de agua bendita. Nunca supe, hasta muchos años después que mis abuelos ortodoxos rusos habían estado muy descontentos con mi madre por haberse comprometido con un hombre judío. Así que mamá y papá acudieron a la iglesia unitaria en Binghamton para casarse, debido a que el sacerdote de mi madre se negó a permitir semejante matrimonio en su santuario. 1

Cuando visitaba a mis abuelos maternos siempre pasaba largos ratos dedicada a contemplar al Hombre de los Sufrimientos que tenían por toda la casa. Estaba en el calendario de la cocina con una corona de espinas puesta. Estaba en una placa en el vestíbulo, vestía una toga blanca suelta y estaba rodeado de niños y corderos. Estaba encima de la cama, colgaba en la cruz, una imagen que me alteraba tanto que la quitaba de la pared cuando iba de visita. ¿Cómo podría dormirme debajo de una imagen semejante? Ocultaba cuidadosamente el crucifijo en el cajón del buró y esperaba que mi abuelita no se diera cuenta. A la mañana siguiente, antes de que hiciese la cama, ya estaría de vuelta en su lugar. Lo volvería a ocultar una y otra vez. Mi abuela nunca mencionó nuestra pequeña rutina.

Todavía siento respeto por mi reacción infantil hacia la violencia que algunas versiones del cristianismo han sentido que define la vida y el ministerio de Jesús. Todavía hoy en día no puedo pasar frente a una imagen del crucifijo sin sentirme profundamente perturbada e inquieta por ella y por lo que representa. La cruz vacía es totalmente otro símbolo, del que hablaré un poco después, pero quería decirles que mi imagen favorita de Jesús hoy cuelga de la pared de mi estudio en la casa parroquial. Se llama “El Cristo sonriente” y muestra a un Jesús guapo, saludable y lleno de vida que me mira directamente con gran alegría. Ese es mi Jesús. No creo que el Jesús real fuera tan buen mozo, ni que tuviese tan perfecta dentadura, pero amo su carisma evidente y su alegría de vivir.

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Cuando lo pienso en retrospectiva me doy cuenta de que siempre me he sentido atraída por ese personaje, Jesús, que es por lo que yo estaba tan, pero tan enfadada e indignada durante tantos años con la mayoría de las versiones de su religión, que instintivamente sentía que no podían ser congruentes con lo que vivió y sintió. Me mantuve alejada de todo lo que fuera cristiano, e incluso me ponía tensa cuando cantábamos música sagrada en los coros a los que pertenecía. Otros en mi comunidad me definían como judía, incluso a pesar de que asistía a una iglesia unitaria universalista –y eso no era una cosa buena en mi pueblo, que tenía cierta propensión al antisemitismo– y esto además de mi ira y resentimiento hacia el llamado cristianismo. Se me ponían los pelos de punta ante las varias menciones de éste y reaccionaba con apasionada indignación cuando alguien que conocía trataba de evangelizarme. Todo ese asunto me parecía estúpido.

Me tomó desprevenida, entonces, cuando una amiga mía wiccana me miró con cierto grado de impaciencia y me dijo, “¡Para ser alguien que obviamente no sabe nada sobre lo que Jesús dijo o hizo realmente, seguramente tienes un problema de actitud hacia el cristianismo!”

Tenía toda la razón. Ella me señaló la diferencia entre Jesús y el cristianismo; estar al tanto de esta diferencia es una cosa sabia. Así que decidimos encontrar un libro que me informara al respecto, pero no desde una perspectiva tradicional o conservadora. Desde luego, de habérseme ocurrido buscar ahí, podría haber encontrado un tesoro maravilloso de materiales sobre el tema en mis propias iglesias unitarias universalistas de la clase exacta de recursos que buscaba, pero no se me ocurrió preguntar entonces. ¡Nunca supe, hasta casi el momento en que consideraba entrar al seminario, que las dos denominaciones religiosas que se fusionaron para dar lugar al movimiento unitario universalista en 1961 se fundaron ambas como herejías cristianas de siglos de antiguedad! Descubrí luego esas riquezas, pero el primer libro que jamás leí que explicara a Jesús desde una perspectiva respetuosa, historica y por fuera de las ortodoxias fue For Christ’s Sake [Por el bien de Cristo] de Thomas Harpur. Publicada precisamente por nuestra propia editorial, Beacon Press.

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El libro de Harpur cambió mi vida al introducirme a los principios del cristianismo liberal, que a continuación procuro delinear para ustedes:

(1) Aunque nunca nos pongamos de acuerdo a propósito de la relativa divinidad de Jesús, vemos en el un humano ejemplar y atesoramos su humanidad. Quienes lo llamaron ‘El Cristo’ le concedían así un elevado reconocimiento honorífico, no afirmaban que fuera un igual de su Dios. “El Cristo” significa ‘el Ungido’. Se trata de un título honorífico que denota un llamado especial y una bendición. Jesús nunca afirmó que fuera Dios. Coincido con la opinión de Ralph Waldo Emerson (1803-1882) y otros pioneros del unitarismo en cuanto a que este entendimiento ortodoxo de Jesús se basa en un malentendido de su mensaje y una lectura errónea de la Escritura. Al preguntarle quién era, en realidad, Jesús frecuentemente respondía con otra pregunta, “¿Quién dicen que soy?” Era un maestro de Sabiduría, un místico y un shamán.

(2) Jesús fue un profeta del amor y la inclusión, de la justicia y la sanación. Sus reformas al judaísmo no fueron un intento por destruir al judaísmo, sino de criticar su tendencia legalista. Fue un judío fiel. Nunca se afirmó como fundador de una nueva religión ni pretendíó ser otra cosa que un hombre judío fiel con una relación de éxtasis íntimo con el Dios de Israel.

(3) Jesús predicó una religión desde lo interno, basada en la honestidad interior y el amor puro. Él pretendió animar a su gente a dejar atrás una forma vacía de piedad y de observancia de las formas externas para que adoptaran una renovación espiritual interna basada en la seguridad de que todos los seres humanos son iguales y preciosos a la vista de Dios. Incluso ellos. Tenían problemas para creer esto, dado que eran judíos que vivían bajo la Roma imperial y la mayoría eran gente pobre, completamente prescindibles para la visión romana. Todos eran oficialmente habitantes de segunda clase del Imperio Romano  –¡ni siquera eran reconocidos como ciudadanos!– y entre ellos se contaban los más bajos de lo bajo, los intocables. Jesús se ocupó especialmente de su cuidado, de extender su aceptación y de sanar a aquellos considerados ritualmente impuros para las leyes de pureza judías y romanas.

(4) Nunca sabremos lo que vieron los discípulos luego de la muerte de Jesús durante los hechos que ahora se conmemoran en la Pascua. La cuestión es que sea lo que sea lo que experimentaron transformó totlamente sus vidas. No es necesario creer en una Resurrección física milagrosa para que este hecho nos conmueva.

(5) Finalmente, el cristianismo liberal está más interesado en la religión de Jesús que en la religión sobre Jesús.

El más factible rostro de Jesús

El más factible rostro de Jesús

Luego de haber leído este libro comencé a leer muchos otros libros de cristianismo liberal. Fue como si se levantara un velo entre yo misma y algo que sentía que era bello y dador de vida, pero de lo que me habían mantenido alejada generaciones de ignorancia y error. Pienso que había sentido incluso como niña que esta religión no era sobre la muerte, la violencia y de cosas increíbles, sino que era sobre la vida, sobre la gente y sobre cómo vivimos y cómo nos amamos los unos a los otros.

Me dí cuenta de que cualquier energia que sentía zumbar en el centro de la creación y que conectara todos los seres vivientes no sería algo que yo pudiese llegar a adefinir jamás, aunque en la universidad comezba a referirme a esa energía como a la Diosa y luego eventualmente como a ‘Dios’. Cada vez mas a lo largo de los años me sentí atraída por la definición de Jesús de esa energía, con la que él sintió una relación muy íntima y personal, misma que llamó ‘Abba’ (cuya traducción literal del arameo sería ‘papi’ o ‘papito’) o ‘Padre’, así como ‘mi Señor’. Así que mi pregunta cambió de ‘¿Existe Dios?’ a ‘¿Cómo puedo comportarme como si Dios existiera; como si la justicia, la sanación, el perdón y el amor radical incluyente fueran la más profunda realidad dentro de la que vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser?’ ‘¿Cómo vivir como si…?’

La mayoría de los días no logro hacer un trabajo del todo bueno. ¡Casi nunca me describo a mí misma como ‘cristiana’, incluso aunque considere que sigo el Camino de Jesús, porque pienso que probablemente habrá 3 ‘cristianos’ de verdad en el mundo y han de ser budistas, probablemente (quiero decir, ya escucharon el la lectura del Evangelio de Mateo que acabamos de hacer)! Me tomo las enseñanzas de Jesús demasiado en serio como para reclamar ese título y no me impresionan en general quienes hacen eso (aunque ciertamente algunos sí que me impresionan). La definición normativa de cristianismo no me incluye a mí, ni a mi teología cristiana liberal, en la medida en que requiere afirmar ciertas verdades teológicas que nunca creeré, así como comprometerse con ciertos prejuicios que nunca tendré. Los cristianos liberales creen, por ejemplo, que todos y cada uno de nosotros somos responsables por nuestros pecados y defectos. La muerte de un hombre nunca podrá redimirnos a todos. Ni un Dios de amor exigiría el asesinato de ‘Su’  hijo unigénito con el objeto de hacer posible la salvación. Esto nos parece un insulto al atributo más obvio y más digno de veneración de la realidad última, que es el Amor divino (y que es una vieja creencia, tanto universalista, como unitaria).

Además, ¿cómo podríamos pensar que sólo una cierta porción del mundo poseería la sabiduría última a través de esta manifestación de santidad? Yo no lo creo.

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Creo que Jesús estaría perplejo ante la situación actual del cristianismo. No, nunca insistiré lo suficiente sobre esto. Un personaje de la película de Woody Allen, “Hannah y sus hermanas” lo expresó de la mejor manera: “Si Jesucristo regresara hoy y viera todo lo que se ha cometido en su nombre, nunca dejaría de vomitar”. Porque en verdad él decía constantemente que el quid de la vida espiritual es transformar el corazón, de manera que se fortalezca para el trabajo en el mundo –para la sanación, para alimentar, para regresar a otros a la vida cuando se les margina, hiere y desanima. Acumular nuestros tesoros en el cielo y no tratar de comprar una sensación de seguridad por reunir cosas. ¿Y a qué dedican su tiempo millones de cristianos? A las compras. A juzgar a otros, en directa oposición a lo que Jesús enseñó. A alegar sobre las formas supuestamente apropiadas de sexualidad sobre las que Jesús nunca dijo una bendita palabra. A obsesionarse por las prácticas de adoración cuando Jesús dijo que salieras, amaras a tu vecino y dejaras de vivir de la letra de la ley religiosa.

Jesús fue un humanista. Tal vez esta es la razón por la que muchos  humanistas en las comunidades unitarias universalistas se sienten tan ofendidos ante la perversión de las eneseñanzas de Jesús y su vida, porque en él reconocen a uno de los suyos –a un místico ciertamente, pero a uno de los suyos– y son presa de ira y duelo al ver su mensaje humanista básico alienado y distorsionado. Él vivió y enseñó una forma esencialmente humanista de religión –una religión que destacó las relaciones humanas, la responsabilidad humana y la capacidad humana de ser manos del amor divino de los unos por los otros.

Espero que compartan conmigo estas dos ideas finales que les ofrezco. La primera es que por mi estudio de las Escrituras Cristianas, creo cada vez más que la intención de Jesús fue enseñarnos cómo usar apropiadamente el poder; que es unificar a la gente, sanar, levantar, servir, salvar vidas, bendecir y dignificar a toda la gente. Todo esto resultó algo extremadamente subversivo bajo el régimen imperial de Roma que vivió Jesús, que se fundaba completamente en el ‘poder sobre’ y en que las jerarquías superiores impusieran su voluntad sobre sus subordinados. Y sigue siendo increíblemente subversivo también para nuestra propia cultura –y muy complicado–, en la que los césares son cristianos (lo que sucede por casi todo el mundo occidental).

Finalmente, me gustaría decir una palabra sobre la cruz vacía, que en mi corazón evoca el sentimiento totalmente opuesto al de la dolorosa imagen de la cricifixión, a Jesús agonizante. La cruz es un símbolo antiguo que antecede al cristianismo –es una representación de la unión cósmica del reino divino y el reino de la realidad material. Para mí, es un símbolo de una clase de alegría rebelde, un saludo poderoso a ese poder subversivo que mencioné hace un momento y una manifestación de lo que el viejo himno llama”bendita certeza”. Para mí, dice: Si vives tu vida de acuerdo a tu más profundo llamado y si vivies el llamado con perfecta integridad –¡con tu mejor integridad!– y si no sólo sabes quíen eres, sino de quién eres, nunca podrás ser víctima. No importa lo que los poderes establecidos escojan hacer y no importan las circuntancias que te impongan, hay una realidad intocable en el centro de tu persona –una realidad eterna– y esa realidad es el amor. Es tu derecho de nacimiento y no puede ser arruinado por manos humanas o negado a ti por cualquier cosa que ocurra en tu vida. Y como reza la vieja canción de gospel, “Ain’ t that a good news?” [¿Acaso no es esa una buena noticia?].

Pienso que lo es. Y conforme lucho por encontrar un final apropiado y contundente para este sermón, miro a Jesús riéndose de mi en la pared. Y dice, “¡Weinstein…ya fue suficiente de pensar y hablar! Diles esto: se amarán los unos a los otros como yo los he amado, y ya canten el himno de cierre”.

Ese es mi Jesús.

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1Dije en este momento que mi padre no tenía un rabino. Pero olvidé lo que me enteré por mi madre apenas el año pasado: que mi padre había asisitido a la iglesia unitaria por un tiempo, antes de que comenzaran a salir él y mi madre.

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¿Decir, o no, el nombre de YHVH?

16. diciembre. 2008

El Tetragramatón

Comentario tomado de Making Chutney:

Los obispos católicos de EUA recientmente ordenaron a su feligresía que deje de mencionar el nombre ‘Yahvé’ una de las formas más comunes de pronunciar el nombre hebreo de Dios.  (‘Jehová’ es otra forma común de pronunciar el mismo nombre de cuatro letras hebreo sin vocales, adjuntándole las vocales de ‘Señor’ en hebreo).

¿Acaso los unitarios universalistas hemos de seguir también este lineamiento?

Yo digo ‘Yahvé’ muy seguido, o al menos cada que puedo. Cuando hablo de él, usualmente es para referirme a ese personaje bíblico que describen Harold Bloom y Jack Miles, es decir al dios del escritor del documento  J (‘yahvista’) del Pentateuco, en contraste con el dios que dibujan otras tradiciones bíblicas.

Esto me permite señalar sin usar tantas palabras, a ese ‘Yahvé’ como una visión específica de Dios, sin que necesariamente la asuma como propia. Es posiblemente el más influyente personaje literario de la historia, de formas evidentes y sutiles. Pero no es mi dios.

¿Acaso he de considerar que la amabilidad me obliga a no mencionar su nombre, de la misma manera en que, sólo por amabilidad, tomaría la hostia —esto es, el ‘cuerpo de Cristo’— durante una misa católica, incluso aunque no crea que esa oblea sea ‘el cuerpo de Cristo’?

¿O acaso se asemeja a la observancia de las leyes judías sobre restricciones alimenticias (kosher), algo que los judíos practicantes hacen, pero que no tiene relación conmigo?

¿O acaso será un caso de apropiación cultural equívoca, el pecado de oficio de los unitarios universalistas?

Modelo del tabernáculo del encuentro

[A continuación, un fragmento humorístico sobre la lapidación de quienes pronunciaran el nombre  de Dios en la época de Jesús, tomado de la genial película “La vida de Brian” (1979), del grupo británico de comedia filosófica radical Monty Python]: