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Imago Dei: ¿Qué quiere Dios de nosotros?

13. agosto. 2009

(basada en Dios en la Biblia de Jonathan Kirsch)

Sus múltiples rostrosSus múltiples rostros

A lo largo de la historia humana uno de nuestros grandes anhelos ha sido averiguar qué querría Dios de nosotros, imaginar cuál sería la Imago Dei (Imagen de Dios), atisbar el divino rostro…

Para crédito de los autores originales de la Biblia (y los editores que compilaron sus escritos), pretendieron ofrecernos una vasta antología de relatos acerca de Dios, rica y diversa, y tuvieron la suficiente entereza para invitarnos a elegir entre las varias caras de Dios que ahí encontramos. La Biblia es también un esfuerzo por colmar con literatura el vacío en forma de Dios. Nunca muestra a Dios manifestándose a sí mismo en la forma del sol o de la luna, de piedra o de árbol, de toro o de serpiente. En realidad, la Biblia condena todas aquellas expresiones simbólicas de lo divino, tan comunes y tan socorridas durante las prácticas rituales del mundo antiguo, como una “abominación”. Entonces se nos deja con el mandato de vernos a nosotros mismos en la imagen de Dios, y con el impulso de verlo a él estrechamente parecido a nosotros.

Para el profeta Elías, quien suplicó a Dios se le revelara en toda su gloria así como lo había hecho alguna vez ante Moisés, Dios se manifestó con más elegancia e, incluso, apremio. En la cima de una montaña sagrada, escondido en la hendedura de una roca, Elías esperó la aparición prometida del Todopoderoso y la Biblia describe lo que vio:

«Y he aquí que pasó el Señor, y delante de él corrió el viento fuerte e impetuoso, capaz de trastornar los montes y quebrantar las peñas a su paso, pero no estaba el Señor en el viento; y después del viento vino un temblor de tierra, pero no estaba el Señor en el terremoto; y luego de éste vino un fuego, pero el Señor no estaba en el fuego; y tras el fuego, llegó un soplo de un aura apacible y suave».

Confieso que, por una razón completamente personal, yo encuentro en la representación de Dios referida como un “soplo de un aura apacible y suave” una resonancia profunda. Si alguna vez he experimentado la voluntad de Dios, fue el día que vi a un pequeño niño cruzando distraídamente una calle en hora pico y, sin pensarlo, paré mi carro, atravesé la vía en pleno tránsito, levanté al pequeño, lo llevé a un lugar seguro, regresé a mi carro y seguí mi camino. No estoy proponiendo que actué con heroísmo. Todo lo contrario; lo hice sin reflexión o intención verdadera. De alguna manera, sin saber por qué o cómo, me encontré llamado a hacer lo que podía para salvar al niño del peligro. Para decirlo de otra forma, un “soplo de un aura apacible y suave” me instruyó a que lo hiciera.

Si la Biblia define a Dios en modo alguno, la definición debe expresarse en el vocabulario de moralidad humana: “¿Y qué es lo que el Señor pide de ti? —preguntó el profeta Miqueas—. Sólo que obres con justicia y que ames la misericordia, y que andes solícito en el servicio de tu Dios”.

Al fin, la sola noción de Imago Dei —la aspiración humana de moldearnos a nosotros y a nuestras vidas según la imagen de Dios— debe reducirse a términos puramente humanos. Nikos Kazantzakis, autor de La última tentación de Cristo, narra la anécdota de un indigente que, así como Elías, suplicó se le permitiera mirar a Dios, aunque se preguntaba cómo podría verle sin que su luz divina lo cegara.

“Entonces, Dios se convirtió en trozo de pan, en vaso de agua fresca, en túnica tibia, en cabaña, en mujer que amamanta a un infante —escribió Kazantzakis—. ‘Te agradezco, Señor —murmuró—. Te humillaste a ti mismo por mí. Te transformaste en pan, agua, en túnica tibia y en mi esposa e hijo para que yo pudiera verte. Y te vi. ¡Hago reverencia y honro tu amado rostro de múltiples rostros!”

Además de sublime —yo siempre me estremezco al leer estas palabras: “…pan, agua, una túnica tibia y mi esposa e hijo”—, el relato expresa una verdad fundamental acerca de la forma del vacío en forma de Dios en su alma y en la mía.

Ver el rsotro de Dios es tabú

Ver el rsotro de Dios es tabú

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Las cuatro caras de Jesús (V.2004)

6. abril. 2009

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Revdo. Dr. Davidson Loehr, 23 de mayo de 2004, Primera Iglesia Unitaria Universalista de Austin, Texas, (Trad. Fco. J. Lagunes G.)

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Plegaria

Oramos, no a algo, sino desde algo a lo que debemos dar voz;
no para desentendernos de nuestra vida, sino para enfocarla;
no para renunciar a nuestra mente, sino para restaurar nuestra alma.

Oramos por poder vivir con honestidad:
para que podamos aceptar quiénes somos,
y admitir quiénes no somos;
para que no nos ensordezcan el orgullo y el miedo,
y no ignoremos el suave susurro de la vocecilla dentro de nosotros,
que podría conducirnos hacia fuera de la oscuridad.

Oramos para que podamos vivir con confianza y apertura:
hacia aquellas personas, aquellas experiencias, y aquellas transformaciones
que pueden salvarnos de la estrechez de miras y la desesperación.

Y oramos a favor de estas esperanzas
con el corazón abierto, el alma honesta
y una reverencia agradecida por la vida que nos ha sido dada.

Amén.

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Sermón: Las cuatro caras de Jesús


Relato: El mago

Era un tiempo de luchas terribles. Por todas partes, la gente estaba dividida en grupos separados, como pequeños clubes. Y en todas partes peleaban contra toda la gente que no estaba en su pequeño club.

Todos decían que odiaban el enfrentamiento, desde luego. Pero todos sabían que solamente la gente en su pequeño club tenía realmente la razón. Y dado que tantos otros estaban equivocados bueno, todos ellos rezaban para que Dios les diera la victoria sobre los demás, y así terminara la lucha. Pero mientras tanto, era una época de enfrentamientos terribles.

Un día, un joven mago vino a esta región. Él no parecía pertenecer a ninguno de sus clubes, pero era un maravilloso mago y realizó algunos trucos sorprendentes. Tenía en él esa clase de ‘cualidad estelar’ que atraía a la gente. Mucha gente amaba mirarlo, aunque no les interesaba gran cosa escucharlo, debido a las cosas que les decía.

Lo que les dijo fue que si no estuvieran divididos en tantos clubes, no habría tanto enfrentamiento. Sus clubes, les dijo, eran la causa de sus guerras.

Para la gente, esta era la cosa más estúpida que nunca habían oído. Sus pequeños clubes les daban una minúscula área de paz y amistad entre gente como ellos mismos, en un mundo de otra manera hostil. A ellos les gustaban sus clubes. Así que casi nunca escucharon cuanto el mago trató de enseñarles. Pero amaban su magia, así que siguieron yendo a verlo y comenzaron a contarse historias sobre lo grandioso que era como mago.

Años después, luego de la muerte del joven mago, una cosa chistosa sucedió, aunque no le hubiera parecido graciosa al mago. La gente formó un nuevo club. Y para estar en este nuevo club, tenías que creer todos los relatos que ellos contaban sobre el joven mago. Incluso hicieron imágenes y esculturas de él, que exhibían en sus lugares de reunión, para que la gente pudiera recordar cuán grande había sido.

El club llegó a ser popular y pronto tuvo miles de miembros. Antes de que pasara mucho tiempo, se hicieron incluso con un ejército.

Fue entonces cuando finalmente decidieron que podrían usar su ejército para terminar la lucha de una vez por todas. Sus sacerdotes y generales acudieron a sus lugares de reunión —que se habían convertido en iglesias— e hicieron como que hablaban a las imágenes y estatuas del mago muerto, como pidiéndoles su bendición. Después de todo, ¿no había hablado siempre el joven mago de traer la paz?

Fueron a la guerra. Fue una guerra larga, y mucha gente murió o resultó herida. Pero su ejército era mayor y ganaron. Obligaron a mucha, mucha gente a hacerse parte de su club, debido a que querían que entraran en razón —es tan importante estar en lo correcto.

Luego de las batallas, sus sacerdotes y generales fueron a la iglesia a dar las gracias. Se pararon frente a las imágenes y esculturas del mago muerto, y le contaron su orgullosa historia de la batalla victoriosa.

Entonces sucedió el milagro. Justo cuando todos los sacerdotes y generales miraban las estatuas y les hablaban de sus guerras victoriosas, todas las imágenes y estatuas empezaron a llorar…

El jóven mago, por supuesto, era Jesús.

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Tiene riesgos despojar a un hombre como Jesús de su aureola y preguntarse qué clase de hombre fue, y qué tan sabias fueron realmente sus enseñanzas. Esto ofende a la imagen popular de Jesús, sentimental y soñadora, como el Hijo de Dios y salvador sobrenatural de la raza humana. Desde hace ya más de dos siglos, los estudiosos han sabido que aquellos eran atributos míticos inventados por sus seguidores mucho tiempo después de su muerte y que el Jesús real fue 100% humano —dado que esta es la única categoría que existe para nosotros. Llamarlo ‘Hijo del Hombre‘, en el sentido de ‘Hijo de Dios’ era una expresión poética, no una afirmación biológica, ni sobre su genética. No nos agradaría vivir en un mundo construido de tal manera que la gente pudiera recibir la mitad de sus cromosomas de un humano y la otra mitad de un dios celeste, sin duda esto tampoco habría complacido a sus contemporáneos.

Quiero respetar la verdad sin rendir culto al mito esta mañana, por medio de la sugerencia de que este hombre, Jesús, tuvo por lo menos cuatro diferentes aspectos, o ‘caras’. Un aspecto fue inútil, un segundo —el más ‘mágico’— fue real, pero no sobrenatural. Un tercero simplemente erróneo. Y entonces está la cuarta cara de Jesús, que aún hoy parece mirar dentro de nuestras almas con incómoda precisión.


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1. Jesús como pensador cínico itinerante

La primera cara de Jesús se refiere a su estilo de vida, a sus valores personales, la clase de modelo a imitar que él habría sido. Esta es la dimensión de Jesús que apenas ha sido discutida, debido a que es tan estrafalaria. Por ejemplo, trata de recordar cuántos sermones has escuchado predicar sobre estas citas atribuidas a Jesús:

  • «Quien no reniegue de su padre y de su madre, no podrá hacerse estudiante mío. Y quien no rechace a sus hermanos y a sus hermanas… no está listo para mí» (Evangelio de Tomás, Logion 55, siguiendo la versión dinámica de Lynn Bauman) —¡No es precisamente un texto para un sermón convencional sobre ‘valores familiares’!

  • En otra ocasión, una mujer de la multitud, en voz alta, dijo a Jesús, “Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron”. Era esta una manera convencional de hacer un cumplido a la madre a través del hijo, algo así como decir, “Tu madre debe estar muy orgullosa de ti”. Pero Jesús replicó así: «Dichosos más bien los que escuchan la enseñanza de Dios y la ponen en práctica» (Evangelio Q en Lucas 11:27-28) —¡Otro mal texto para el día de las madres!

  • Y la última cita que es la más extrema y la más famosa. Viene del Evangelio de Lucas. En el que Jesús dice «¿Creen ustedes que he venido a traer paz a la tierra? Les digo que no, sino división. Porque de hoy en adelante, cinco en una familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres. El padre estará contra su hijo y el hijo contra su padre; la madre contra su hija y la hija contra su madre; la suegra contra su nuera y la nuera contra su suegra.» (Evangelio Q en Lucas 12: 51-53) —¡Nunca se escucha a la derecha cristiana predicar este fragmento tampoco!

Estos dichos no se corresponden con la imagen tradicional del Jesús dulce que habría predicado valores familiares, así que casi nunca son mencionados. Nos muestran algunos de los valores personales de Jesús y de su estilo de vida, aunque lo hacen parecer muy extraño y ajeno, por no decir fastidioso. Porque la mayoría de los estilos de vida que Jesús ejemplificó nunca han tenido muchos seguidores.

Este es el perfil de alguien en el margen de cualquier cultura, en cualquier época. Los estudiosos reconocen este perfil, no obstante. Era un estilo marginal pero bien conocido de vivir en el mundo antiguo. Desde cerca del cuarto siglo AEC (antes de la era común), hasta aproximadamente el siglo sexto EC (de la era común), había un nombre para este estilo de vida ejemplificado por Jesús. Estos personajes fueron llamados los ‘cínicos’[1].

Algunos estudiosos consideran a Jesús un ‘pensador cínico itinerante’. El nombre en sí mismo es desdeñoso, fue dado a los ‘cínicos’ por sus detractores (de esa forma se originaron muchos nombres). Viene de la palabra griega para ‘perro’, y quería decir que los cínicos vivían como perros. No tenían casa, ni propiedad, ni consortes, ni un círculo fijo de amigos, ni trabajo, ni amor por la sociedad en la que vivieron. Los cínicos no ofrecieron una reforma de la sociedad, tanto como ofrecieron una alternativa a la sociedad.

Los mejores de entre los cínicos fueron críticos sociales astutos: fueron una especie de versiones seculares de los profetas del Antiguo Testamento, manteniéndose por fuera del orden de cosas aceptado, mientras trataban de subvertirlo.

Alguien que pudiera vivir una vida de esta manera tenía que estar, entre otras cosas, extremadamente enfocado y dedicado a su visión particular. Para el cínico más famoso de la historia, Diógenes[2] de Sínope (404AEC-323AEC) , la visión fue una de autonomía personal, de libertad de las exigencias innecesarias de la sociedad. Un viejo relato lo ilustra:

“El mensajero del rey llegó a ver a Diógenes, quien estaba sentado en cuclillas en la calle para comer un simple plato de lentejas. ‘El rey lo invita a vivir en su castillo’, dijo el mensajero, ‘y a ser uno de sus asesores en la corte’.

“‘¿Y por qué debiera hacerlo?’, preguntó Diógenes.

“‘Bueno, por una cosa’, dijo el mensajero, ‘si aprendiera a ganarse el favor del rey, no tendría que comer lentejas’.

“‘Y qué si uno aprende a disfrutar las lentejas’, replicó Diógenes, ‘así no tendría que aprender a ganarse el favor del rey'”.

El mensaje de los cínicos fue siempre extremo, y estuvieron dispuestos a sacrificarlo todo por él. Más aún, siempre se mostraron convencidos de que todos los demás estarían mejor también si abandonaran la visión de la vida prevaleciente en la sociedad y adoptaran su visión cínica. Su mensaje fue para individuos. No pertenecieron, ni se ocuparon de una comunidad real. No fueron reformadores sociales. Pensaron que la sociedad estaba fundamentalmente equivocada, y que la gente debería ‘ponerse en onda, prenderse y desertarse’ para recuperar el famoso lema de los años ‘jipitecas’ (jipis, o hippies).

Jesús cuadra muy bien dentro de esta concepción del pensador cínico. No tenía hogar, propiedad o trabajo. No daba por buenas las imágenes aceptadas de ‘la buena vida’ o las expectativas normales que sobre la gente se tenían en una sociedad civilizada —las reglas culturales y religiosas que daban a la gente sus identidades sociales, por ejemplo. Su visión del “Reinado de Dios” era, para Jesús, la única cosa digna de vivir por ella. Sus parábolas presentaron al ‘Reinado’ de esta forma extrema, una y otra vez. Era una “perla de gran valor”, un “tesoro enterrado en el campo” por el que el afortunado descubridor lo venderá todo.

Lo que debe notarse sobre los cínicos, incluido Jesús, es que su mensaje nunca es fácilmente escuchado, o seguido, excepto por personas extremadamente marginales —otros cínicos. Los esposos, esposas, niños, el gozo del trabajo, hacer una contribución a la sociedad, el nacionalismo, el orgullo de identidad étnica o religiosa —todo esto no era nada para los cínicos en comparación con su singular visión. En el caso de Jesús, su familia entera fue tratada como si no contara nada en comparación del “Reinado de Dios”. Esto no convirtió a Jesús en excepcionalmente frío, insolidario, o indiferente, simplemente lo identifica como uno de los grandes cínicos de la historia —y un pensador cuya visión era, a veces, demasiado extrema para resultar útil, o sabia, para la abrumadora mayoría de la gente que ha vivido jamás, entonces o ahora.

Así que la primera cara de Jesús fue la de un estilo de vida cínico. Constituyó una gran parte de quién fue él y de lo que valoró. Para casi todos en la historia, excepto para los cínicos, sin embargo, este no fue un camino sabio a seguir, sino una inútil aberración [= grave error del entendimiento, que se aparta de lo lícito].

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2. Jesús, el sanador por la fe

Prácticamente todos los estudiosos bíblicos están de acuerdo en que Jesús fue un hombre con un gran carisma y una señalada habilidad para lo que hoy llamaríamos ‘sanación ritual‘. Aunque casi todos los estudiosos aceptan que los relatos fueron grandemente exagerados, y que las escenas como ‘caminar sobre el agua’, levantar a Lázaro de entre los muertos, o alimentar a 5,000 personas con unos pocos pescados, son todos mitologización cristiana, el hecho duro sigue siendo que Jesús fue fundamentalmente conocido, en su tiempo y en los primeros siglos, como un curandero de gran talento. Era este poder casi mágico lo que realmente atrajo gente hacia él, aun cuando no entendían, o no querían escuchar, las cosas que él quería enseñar. Sus seguidores también compartieron este poder curativo, aunque no en la misma medida en que lo tenía Jesús.

Sin intención de desacreditar, hay que hacer notar que esta clase de poder carismático no implica necesariamente que el curandero sea bueno, o sabio. Todavía hay muchos curanderos hoy en día, desde Oral Roberts (1918-), hasta Bennie Han. Además, el principio de la curación por la fe está detrás de los placebos —esas píldoras de azúcar que muchas veces pueden hacer desaparecer tus síntomas, si crees que pueden hacerlo. Es fácil pensar en algunas otras figuras históricas que también tuvieron un carisma inmenso y un gran poder personal sobre la gente, pero que no fueron sabios, o que incluso fueron malvados. Rasputin (1869-1916), Hitler (1889-1945), Jim Jones (1931-1978), Marshall Applewhite (1931-1997), y David Koresh[3] (1959-1993) son ejemplos que me vienen rápidamente a la mente. No todos los sabios son magos, ni todos los magos sabios. Aún así, Jesús fue uno de los curanderos rituales más brillantes de la historia.

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3. El joven idealista sin el concepto de ‘Sangha

La tercera cara de Jesús muestra un límite severo de su visión, uno que casi sin duda lo habría relegado al basurero de la historia, de no ser por las contribuciones de San Pablo. Esta afirmación por sí sola es suficiente para perturbar o enfurecer a muchos que aman a Jesús y no pueden soportar a Pablo.

La enseñanza ética que más se asocia con Jesús es la Regla de Oro [«Así pues, hagan ustedes con los demás como quieran que los demás hagan con ustedes; porque en eso se resumen la ley y los profetas.» Mt 7.12]. Aunque se afirma que Jesús dijo que el significado de la Regla de Oro es “Trata a los otros como quisieras que te trataran”, por más de 20 siglos se ha dado por hecho que la Regla de Oro para Jesús también sería equivalente a otro de sus dichos: «Si alguien te pega en una mejilla, ofrécele también la otra…» Lucas 6.29. Algunas sectas cristianas radicales, como el grupo cátaro de la Francia del siglo XIV, o los menonitas de la Alemania del siglo XVI, tomaron esto literalmente y se rehusaron completamente a resistir la violencia de otros. Esto condujo a la matanza de miles o decenas de miles de cátaros, y al exterminio de la mayor parte de la primera generación de menonitas [y otros anabaptistas].

No era una enseñanza nueva. Había estado presente por ahí por lo menos 500 años antes de la llegada de Jesús. Sabemos esto porque tenemos el relato de uno de los seguidores de Confucio (551 AEC-479AEC) que le preguntó —cinco siglos antes— qué es lo que pensaba de la idea de retribuir al mal con el perdón. Confucio pensaba que era una idea estúpida. «¿Con qué entonces [preguntó Confucio] retribuirías la bondad?» En cambio, Confucio enseño que debemos retribuir al mal con la justicia, y retribuir al bien con el bien. Confucio vivió para llegar a ser mucho más viejo de lo que Jesús vivió; tal vez esta solo sea una muestra de la gran sabiduría de un hombre mucho más viejo.

Otros dicen que si quieres ver un lugar en el que la gente ha llevado a la práctica en su vida la regla de poner la otra mejilla, ve a un refugio para mujeres golpeadas. Fue una enseñanza muy idealista, pero no una enseñanza sabia, a menos que estés en una comunidad en la que todos sean tratados con respeto.

Y esa es la segunda y más importante limitación de las enseñanzas de Jesús. Todas sus enseñanzas fueron dirigidas hacia individuos. No vino a reformar el judaísmo; no vino a iniciar una nueva religión, ni a fundar una nueva iglesia. No tenía casa, ni trabajo, ni comunidad y nunca planteó en sus enseñanzas la necesidad de una comunidad saludable.

Una mirada rápida al budismo puede ayudar a entender lo que Jesús omitió. Los budistas dicen que debes contar con tres cosas para llegar a despertar, a alcanzar la iluminación. Debes tener [algo como las 3 joyas del budismo:] buddha, dharma, y sangha[4]. Buddha significa un centro, una fuente de autoridad e inspiración. Dharma significa el trabajo personal que debes hacer. Jesús, podría decirse, enseño que debías tener Dios y dharma: debes vivir como Dios quiere que vivas. Pero no tuvo ninguna palabra sobre la sangha. La sangha es la comunidad apoyadora dedicada a servir estos altos ideales, como una buena iglesia. Y los budistas tienen razón: no parece probable que logremos el crecimiento y el despertar que necesitamos por nosotros mismos. Necesitamos una comunidad que nos brinde apoyo, una comunidad de fe, una iglesia. Jesús nunca mencionó esto.

Es irónico —especialmente para la gente a la que le agrada Jesús, aunque le desagrada Pablo— pero el interés por la comunidad fue lo que Pablo aportó, con lo que hizo posible la creación de una religión a partir de los recuerdos, mitos y enseñanzas de Jesús. Sin Pablo, Jesús sería tan solo otro maestro que destacó los deberes individuales, pero que omitió discutir la necesidad de ser parte de una comunidad de fe.

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4. El subversivo de las identidades artificiales

Es difícil saber cómo llamar a esta cuarta cara de Jesús. Como los estudiosos bíblicos saben, la principal preocupación de Jesús era lo que llamó el Reinado de Dios. Lo que Jesús entendió por Reinado de Dios fue fundamentalmente diferente de lo que la mayoría de los cristianos han entendido por esta frase. Entendido propiamente, fue la enseñanza más radical de Jesús. Fue también la más profunda y perdurable, y es su cuarta “cara”.

La frase ‘Reinado de Dios‘ no fue exclusiva de Jesús. Era una frase popular en los primeros dos siglos, usada por mucha gente. Significaba el mundo ideal, la clase de mundo que podría brindar la mayor compasión y justicia. Juan el Bautista, quien fue maestro de Jesús, dijo que el mundo había ido demasiado lejos para ser salvado, que deberíamos esperar a que Dios lo destruyera todo y volver a empezar con la clase apropiada de personas —aquellos que creyeran lo que Juan el Bautista creía.

Luego de que Juan el Bautista fue asesinado y de que no llegó el fin del mundo, Jesús emergió como líder carismático, y muchos de los seguidores de Juan empezaron a seguirlo. Pero el mensaje de Jesús era muy diferente. El “reino” de Juan sería sobrenatural; para Jesús, el reinado de Dios era existencial, aquí y ahora, no en un mundo por venir.

Para Jesús, el Reinado de Dios nes algo que vendría a la sazón. Ya estaba aquí, al menos potencialmente, dentro y entre nosotros. O como lo dijo él mismo en otro lugar: el reino está extendido sobre la tierra, y la gente no lo ve [Evangelio de Tomás, Logion 113: «Sus discípulos le dicen: ¿Cuándo vendrá la soberanía? || (Yeshúa dice:) No vendrá por expectativa. No dirán, “¡Miren aquí!” o “¡Miren allá!”. Sino que la soberanía del Padre se extiende sobre la tierra y los humanos no la perciben.» ; Lucas 17.20-21].

¿Cómo renovar un mundo hostil? Esta ha sido casi siempre la pregunta que enfrentamos. Para Juan el Bautista, así como para muchos predicadores apocalípticos[5] de hoy, debemos esperar a Dios para actuar. Para Jesús, Dios esperaba que actuáramos. Y actuamos, creamos el Reinado de Dios, o el mejor mundo posible, simplemente al tratar a otros como nuestros hermanos y hermanas, como hijos de Dios. Lo que Jesús hizo fue atacar y subvertir las identidades excluyentes, identidades que nos hacen sentir especiales o ‘escogidos’ al precio de dejar a los otros en una situación como de segunda clase.

Esto suena agradable y dulce, sin embargo, es una cosa peligrosa de enseñar. Por ejemplo, las leyes de alimentación de los judíos los separan de sus vecinos. Así que las instrucciones de Jesús a sus seguidores fueron que comieran lo que les sirvieran: puerco, mariscos, cabras, cualquier cosa que sirviera el anfitrión. Los judíos odiaban a los samaritanos, con cuyo reino limitaban al norte, más de lo que odiaban a casi cualquiera. Así que Jesús contó una historia sobre un judío golpeado que yacía a un lado de la carretera, cuando pasaron unos sacerdotes judíos a su lado, y la única persona que lo socorrió fue un samaritano. Durante sus principales días santos, los judíos solo comían pan ácimo (sin levadura). Así que Jesús dijo que el reino de Dios es como la levadura que pones en la masa para expandirla. Una y otra vez, él desdeñó las identidades artificiales que nos separan de los demás. Sólo había una identidad posible para nosotros en el Reino de Dios: tratarnos mutuamente como hermanas y hermanos.

¿Ves todo lo subversivo que resulta esto? Este es un mensaje que podría amenazar cualquier forma de gobierno, todas las ideologías, y todas las identidades religiosas y raciales. El mundo está en un caos, hemos perdido un centro compartido, así que creamos cientos de centros artificiales, o ‘clubes’, de los que obtenemos nuestras identidades. El problema es que son demasiado pequeñas, todas excluyen a quienes creen o viven de manera diferente a nosotros, y por ello son precisamente las estructuras que mantienen al mundo como un lugar hostil.

Hoy en día, su mensaje podría ser ¡Dejen de unirse a clubes! Dejen de identificarse con su nación, su raza, su religión, o su sexo. Todas estas identidades son finalmente divisivas y hacen así imposible un mundo pacífico. ¿Quieres un reinado de Dios? ¿Quieres un mundo de paz y justicia? Está en tus manos y sólo en tus manos. Te ha sido dado todo lo que necesitas, ahora es tiempo de actuar.

Este es un mensaje que todavía haría que mataran al mensajero que lo portara, casi en cualquier parte del mundo. Imagina haber ido a Irlanda del Norte, hace algunos años, a decirles a los combatientes que ninguno de sus bandos era cristiano, que ambos eran agentes del mal, y que debían dejar de pensarse a sí mismos como protestantes y católicos, porque tales identidades serían ellas mismas el problema. La única cosa en la que ambos bandos habrían estado de acuerdo sería en lincharte colgándote del árbol más cercano.

Imagina intentar vender el mensaje a los judíos y palestinos, y decirles que la única forma de parar la lucha asesina es dejar de pensarse a sí mismos meramente como judíos y palestinos, y comenzar a verse mutuamente como hermanos y hermanas, como hijos de Dios. ¡Te dispararían!

No quiero sugerir que Jesús fuera la única persona en la historia en contemplar esta visión de un mundo que sigue mezquino y hostil debido a nuestras identidades artificiales y nuestros impulsos territoriales. Puedes encontrar esta idea de que todos somos hermanos y hermanas en muchas religiones y culturas. También la encuentras en culturas que nunca tuvieron contacto directo con la civilización occidental. Recuerda estas líneas del hombre de medicina Lakota Siux, Alce Negro:

“Y vi que ese aro sagrado de mi pueblo era uno de muchos aros que formaban un círculo, amplio como la luz del día y la luz de las estrellas. Y en el centro creció un poderoso árbol floreciente para resguardar a todos los hijos de una madre y un padre. Y vi que era
bendito”.

Estas cosas no son verdad porque las hayan dicho Jesús, Alce Negro u otros. Son verdaderas porque ellos han atisbado la esencia de lo que significa ser humanos, con una claridad que poca gente en la historia había logrado jamás. No conozco ninguna forma de alegar contra esta noción precisa. Parece honda, profunda y eternamente correcta. Nuestras tendencias humanas o animales a crear identidades artificiales para nosotros mismos son el pecado original de nuestra especie. Nos sentimos mayores y más merecedores de consideración como parte de una familia, una nación, una raza, una cultura. Así que naturalmente nos unimos a pequeños clubes y ondeamos nuestras banderas, y esperamos la segunda venida de Jesús para que pueda haber paz en el mundo.

La tragedia real de un hombre como Jesús no es que hayan arrumbado tanta fantasía tonta sobre él a través de las épocas pasadas —aunque Dios sabe que así ha sido. La tragedia es que lo ascendimos a hombre-Dios, luego lo anexamos a la religión de Juan el Bautista que esperaba que ese hombre-Dios viniera para salvar el mundo para nosotros, mientras nos sentábamos en silencio a recitar cualesquier credos que nuestros pequeños cultos religiosos, políticos o sociales hayan declarado como la ortodoxia vigente. Tomamos al hombre que vivió y murió predicando contra las identidades divisivas y creamos un club alrededor de su nombre. Es un cruel e irónico destino para el simple judío de Galilea.

La tragedia es que este hombre extraño, este judío marginal sin familia, amigos, propiedad o trabajo realmente tenía algo que ofrecernos, y nadie lo quiere. Es demasiado duro. Pide demasiado de nosotros. Así que encontramos una ruta más simple. Hicimos miles de estatuas de este hombre, Jesús, a quien convertimos en un Hijo de Dios. Y oramos para que, a través de su infinito poder, traiga la paz a este mundo en el que hacemos la guerra al identificarnos con nuestra irrelevante religión, nación, raza o territorio. Entonces decimos amén, salimos, y nos preparamos para los días de batalla contra los infieles de la iglesia de junto, del pueblo de junto, de la nación de junto.

Y entonces imagino el resto de la historia. Imagino que por todo el mundo, conforme la gente sale de sus iglesias, dan la espalda a las imágenes y estatuas de Jesús que han hecho. Y luego de que todos se han ido, por todo el mundo, en la fría obscuridad de las iglesias vacías, todas las imágenes y estatuas empiezan a llorar…

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NOTAS DEL TRADUCTOR

[1] La creencia (expresada por Diógenes de Sinope) de que todo el sentido de la vida humana es la satisfacción de nuestras necesidades naturales más elementales, sin ningún respeto por las convenciones sociales. Por ello, los cínicos practicaron la autodisciplina, con el objeto de evitar la infelicidad que invariablemente resulta de cualquier esfuerzo de seguir las obligaciones artificiales. Los cinicos rechazaron las ideas convencionales sobre la moralidad y la buena vida, bajo el argumento de que el único bien es aquel que sea racional (y por lo tanto virtuoso). La mayoría de los cínicos también rechazaron la propiedad, el matrimonio y el estado. Para los cínicos la sobriedad y la moderación eran el medio de la liberación humana, su visión no consistía tanto en la gratificación de los apetitos naturales, como en la no—gratificación de los artificiales.

El cinismo pretendía dar una respuesta individual a la incertidumbre que se vivía en este periodo de crisis cultural, manifestando su malestar y descontento, y también librarse de los caprichos de la fortuna, guiando al individuo hacia la felicidad. Este camino no era fácil así que se necesitaba un entrenamiento, una disciplina para a conseguir una plena autonomía moral y a ser posible también física. Era característico de los cínicos la transgresión continua, tanto de los valores tradicionales, como de las normas sociales. http://www.cinicos.com/cinicos.htm

[2] La figura de Diógenes de Sinope (aprox. 413—327 AEC) enseguida pasó a ser una leyenda de provocación y la imagen del sabio cínico por excelencia, de aspecto descuidado, burlón y sarcástico. Vivía en un tonel, buscaba a plena luz del día con un candil, nada menos que al hombre, se masturbaba en público, comía carne cruda, escribía libros a favor del incesto y del canibalismo. Su padre era banquero y cuenta Diógenes Laercio que un buen día decidió consultar al oráculo y recibió como respuesta “invalidar la moneda en curso”, que como todas las respuestas de los oráculo era enigmática, dicha respuesta tenía al menos tres sentidos: falsificar la moneda, modificar las leyes o transmutar los valores. Diógenes no quiso elegir e hizo las tres cosas, el resultado fue la expulsión y el destierro de Sinope. “Ellos me condenan a irme y yo les condeno a ellos a quedarse”, fue su irónico comentario.

Forzado por estas circunstancias, deambuló por Esparta, Corinto y Atenas, en esta ciudad frecuentó el cinosarges y se hizo discípulo de Antístenes, optó por llevar una vida austera y adoptó la indumentaria cínica, como su maestro. Desde sus comienzos en Atenas mostró un carácter apasionado, llegando Platón a decir de él, que era un Sócrates que se había vuelto loco. Pone en práctica de una manera radical las teorías de su maestro Antístenes. Lleva al extremo la libertad de palabra, su dedicación es criticar y denunciar todo aquello que limita al hombre, en particular las instituciones. Propone una nueva valoración frente a la tradicional y se enfrenta constantemente a las normas sociales. Se considera cosmopolita, es decir, ciudadano del mundo, en cualquier parte se encuentra el cínico como en su casa y reconoce esto mismo en los demás, por lo tanto, el mundo es de todos. La leyenda cuenta que se deshizo de todo lo que no era indispensable, incluso abandonó su escudilla cuando vio que un muchacho bebía agua en el hueco de las manos. Conoció a algunos de los filósofos y gobernantes de la época, se cuenta la anécdota de que estando un día en las afueras de Corinto, se le acercó Alejandro Magno y ofreció concederle lo que quisiera, a lo que el filosofo respondió simplemente: “Hazte a un lado que me quitas el sol”. Esta anécdota pretende reflejar claramente que el sabio no necesita nada de los poderosos, que está por encima de las riquezas materiales y de la ambición del poder. http://www.cinicos.com/ci03.htm

[3] El pasado 18 de noviembre de 1998 se cumplió el veinte aniversario del suicidio colectivo de casi mil personas en Jonestown, Guyana. Esa fatídica tarde, cientos de personas, incluidos niños, obedecieron la orden del reverendo Jim Jones de beber cianuro de potasio disuelto en refresco. Aquéllos que se negaron fueron asesinados por la guardia paramilitar de Jones. El resultado fueron 914 muertos de la secta Templo del Pueblo, incluido el propio líder (Tobias y Lalich, 1994).

El evento de Jim Jones inauguró la era moderna de los suicidios rituales colectivos que se vienen suscitando con mayor incidencia conforme se acerca el próximo fin de milenio. Quince años más tarde, el 19 de abril de 1993, David Koresh, dirigente de los davidianos se autoinmoló junto con más de 80 seguidores (Samples et al., 1994). Semanas antes, Koresh y 528 de los suyos habían protagonizado un enfrentamiento a tiros con la policía que dejó seis agentes federales y cuatro miembros de la secta muertos además de 20 heridos. El lugar de los hechos fue el rancho Monte Carmelo, en Waco, Texas.

En octubre de 1994, la sociedad esotérica secreta conocida como Orden del Templo Solar sorprendió a los analistas socio—religiosos. Luc Jouret, homeópata de profesión, efectuó, junto con sus seguidores, suicidios diferidos en Suiza y Canadá. 48 individuos murieron en el primer país y desde entonces hasta la fecha se han añadido más de 18 personas a la lista (Abanes, 1998). Las investigaciones más recientes indican que no todos los casos fueron realmente suicidios. Varios fueron homicidios y además, previamente, se han documentado casos de ejecuciones de disidentes (Harris, 1977).


[4] Buda no era un dios, ni un enviado, ni un profeta. Buda era un hombre, un ser humano, que a través de su esfuerzo y perseverancia consiguió liberarse del sufrimiento de forma definitiva, consiguió la felicidad absoluta y una comprensión total de la realidad, realidad que está más alla de todo concepto Divino y Humano. Los budistas consideran a Buda como la personificación viva de la verdadera naturaleza fundamental e inmutable que está presente en todos los seres. Toda su vida y sus actos son considerados una enseñanza y se dice que todos los budas que aparezcan llevaran a cabo los mismos actos.

El Dharma, es la experiencia de la realidad que adquirió Buda la transmitió a través de sus enseñanzas, el Dharma. La palabra Dharma tiene muchos significados, pero básicamente significa ‘lo que es’ o ‘las cosas tal y como son’.

La Sangha se encarga de mantener vivo el Dharma. Buda estableció una comunidad monástica para que sus enseñanzas se mantuvieran vivas y puras. Esta comunidad de practicantes es la Sangha, especificamente son la comunidad monástica y los maestros, que laicos o célibes dedican su vida a la práctica del Dharma. Ellos son los encargados de mantener viva la enseñanza de Buda con su propia comprensión y a traves de las distintas escuelas y linajes. En la actualidad y en un sentido general Sangha se refiere también a los pacticantes budistas.

[5] Apocalíptico (Proviene de la palabra griega ‘apokalypsis’ que significa ‘levantamiento del velo’ o ‘revelación’) 1. Estilo literario judío (y luego cristiano) de naturaleza revelatoria, que generalmente implica elementos tales como sueños, visiones, ángeles, y un enfoque hacia la destrucción delas fuerzas cósmicas de la maldad y de la restauración del Pueblo de Dios (Israel o el Nuevo Israel). Esta literatura es altamente simbólica, y proviene principalmente del periodo que va del 250 AEC al 200 EC. Ejemplos de este estilo literario son los libros de Daniel, Revelación y 2 Esdras. 2. Las tradiciones apocalípticas occidentales tienden a ser dualistas, en cuanto a que ven el fin del mundo que se aproxima como resultado inevitable de la batalla continua entre el bien y las fuerzas del mal, representados casi siempre por Dios y Satanás.

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A Jesús por su palabra

27. marzo. 2009

La sonrida de Jesús

“¿Qué clase de persona viva es Jesús? No busquen fórmulas para describirlo, aunque hayan sido reverenciadas por siglos. Yo casi me enojo el otro día cuando una persona religiosa me dijo que sólo el que cree en la resurrección del cuerpo y en el cuerpo glorioso del Cristo resucitado puede creer en el Jesús viviente… Déjenme explicárselos de esta manera: el cuerpo glorioso de Jesús se encuentra en sus palabras.”

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Albert Schweitzer (1875-1965)

Médico, filósofo, teólogo y músico. Franco-alemán y luterano-unitario.
Premio Nobel de la Paz 1952
De un sermón predicado en la Iglesia de St. Nicolai,
domingo 19 de noviembre de 1905.

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Dar a luz lo sagrado

26. marzo. 2009

Revdo Davidson Loehr

Davidson Loehr, ministro, Ph.D. (Traducción Francisco Javier Lagunes Gaitán) 31 de marzo de 2002, Primera Iglesia Unitaria Universalista de Austin, Texas


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Apertura

Este es uno de los dos periodos vacacionales religiosos oficiales del año, cuando mucha gente al despertarse debe tratar de recordar, otra vez, cómo encontrar una iglesia. Ambos periodos vacacionales, Navidad y la Pascua (domingo de resurrección), son casi festivales seculares. En los EUA, la Pascua es más rápidamente identificada con los conejitos de Pascua, los huevos coloridos y los conejos de chocolate que con cualquier mensaje religioso. Y como esas golosinas, las súperanunciadas vacaciones piden a gritos dulzura y nimiedades, una tarjeta de felicitación de Hallmark, nada demasiado pesado, tan solo un bombón de Pascua antes del almuerzo.

Ya que ésta también es una iglesia, hemos prometido buscar aquella clase de verdad de dos filos que es capaz, tanto de consolar a los afligidos, como de afligir a los cómodos.

Así que nos reunimos para ver cuán fieles podemos ser a nuestro llamado religioso, así como a los complejos y ambiguos símbolos de la Pascua. Es bueno estar juntos otra vez, porque…


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Invocación

Es un Tiempo Sagrado, este

Y un Espacio Sagrado, este

Un lugar para preguntas más profundas que las respuestas,

Una vulnerabilidad más poderosa que la fuerza,

Y una paz que sobrepasa todo entendimiento,

Es un Tiempo Sagrado, este.

Iniciémoslo juntos en una canción.

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Centramiento

Ofrezcamos una plegaria de Pascua.

Dios de nuestros anhelos ocultos, encuéntranos donde hemos muerto y restáuranos. Corazón del universo, sintamos de nuevo tu pulso dentro de nosotros. Sintámonos conectados otra vez con otros, con nosotros mismos, con nuestros propios corazones y almas. Espíritu de la vida, encuentra a nuestros espíritus e insufla vida dentro de ellos. Algo en nosotros, en nuestras vidas, en nuestro mundo, murió este año. Ayúdanos a traer el milagro de la resurrección aquí, ahora. Espíritu de la vida, Dios de nuestras almas interiores, corazón del universo, escucha nuestras plegarias, tócanos en aquellos lugares en los que la vida se ha ido, para que vivamos de nuevo. Y que seamos tus ojos, tus oídos y tus manos para alcanzar los sufrimientos de otros. Que seamos agentes de compasión y gracia en este mundo, frecuentemente demasiado severo y demasiado solitario. Ofrecemos esta plegaria con la esperanza de que incluso aquí, incluso ahora, el milagro de la resurrección pueda encontrarnos.

Amén.

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Sermón

Por todo este mundo el día de hoy, unos mil millones de cristianos volverán a contar la misma historia, de un hijo de Dios que fue crucificado y resucitó y quien, si creemos en el relato, puede ser nuestro salvador personal.

Cualquiera que hubiera vivido en el primer siglo habría conocido una buena cantidad de historias similares sobre dioses que murieron y luego resucitaron. Conocerían la historia de Dioniso, nacido de una virgen y del gran dios celeste Zeus, cuyos seguidores se reunían anualmente para comer carne y beber sangre, que simbolizaban la carne y sangre del dios muerto y creían que les impartían su espíritu. Conocían el relato egipcio de Isis/Ast y Osiris/Asir, en el que Osiris/Asir fue asesinado, resucitó mucho después, se apareó con Isis/Ast, quien dio nacimiento al bebé Horus. Todo el mundo conocía la imagen de Isis/Ast sosteniendo al bebé Horus: fue el modelo para las imágenes cristianas de la virgen María sosteniendo al bebé Jesús. Y la gente conocía las historias de otros dioses muertos y resucitados, incluyendo a Tammuz, o Adonis y Atis/Córibas.

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Todas estas historias pertenecían a un género literario nacido de la antigua visión científica del mundo de hace 2000 años, en la que la bienaventuranza estaba justo arriba sobre el cielo, el infierno justo bajo la tierra, y todo el universo era un asunto local. En semejante lugarcito, los dioses podían rutinariamente tener deportivos intercambios con las hembras humanas, y los cuerpos podrían bien regresar a la vida, o flotar hacia arriba del cielo para vivir por siempre.

De esta manera, por todo el mundo mediterráneo de hace dos mil años la gente también se reunió anualmente para volver a contar estos antiguos relatos.

Pero por todo el mundo actual —si bien en cantidades mucho menores— hay estudiosos bíblicos y religiosos que saben que éste era un mito. El mito no tenía nada que ver con el hombre Jesús, quien sin duda quedaría horrorizado por un relato que lo transformó en la figura de un salvador que habría enseñado que el reinado de Dios sería una cosa sobrenatural que supuestamente él traería a los fieles.

Así que hay una clase particular de tensión implicada al trabajar con símbolos y mitos antiguos del tipo de los relatos de Pascua. Esto significa que todo aquel que predique sobre estos mitos y símbolos el día de hoy debe decidir cómo manejarlos —cuán honestamente, cuán profundamente, cuán cuestionadoramente— además de cómo y cuánto respetarán a su audiencia. Esta es la clase de tensión que involucra predicar sobre las vacaciones populares empapadas en siglos de mito que popularmente resulta demasiado superficial para ser religioso.


Zeus

El tratamiento normal que se da a estos problemas consiste en ignorar el relato ultramundano y convertir palabras tales como “resurrección” en metáforas generales. Si están entre las diecisiete personas en Austin que leen las páginas de religión del periódico dominical, habrán visto que eso fue lo que hicieron los clérigos que escribieron ayer. Bob Lively dio a “resurrección” el significado de “amor”, y dondequiera que vio al amor florecer se regocijó en el milagro de la “resurrección”. Y el obispo Greg Aymond trató el asunto con una poca más de profundidad al hacer equivaler la “resurrección” a una renovación de la esperanza. Es también lo que yo hice en la plegaria de centramiento de esta mañana. Así que no me parece que sea algo inusitado. Pienso que es una pequeña parte de lo que necesitamos hacer con esta sobresaturación de símbolos.

Pero no es suficiente. Esto reduce el mensaje de la religión a la blandura de una tarjeta de felicitación de Hallmark. Y tiene el imperialismo arrogante del que los mejores pensadores cristianos han tratado de desprenderse —al reclamar esta experiencia humana común para el vocabulario cristiano.

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¡Vaya por Dios!: en el hinduismo llegaron al mismo punto de encontrar una reconexión donde daban por perdida la posibilidad de cualquier conexión, y no necesitan la noción cristiana de ‘resurrección’ para lograrlo. Ellos lo entendieron, dentro de la integridad orgánica del hinduismo, como que la realización de su ātman —de su alma individual— es desde luego una parte integral de Brahmā —el poder universal sustentador y creativo.

Los budistas pueden llegar a la misma clase de paz y entenderlo así de simple como un “despertar” de las ilusiones que los habían hecho más miserables hasta entonces. Y los naturalistas pueden expresar la misma experiencia de manera igualmente apropiada, aunque tal vez con menos poesía. “Siento mayor conexión con el mundo”, podrían decir. “Me sentí descolocado y desorientado, fuera de lugar, pero ahora me siento como una parte legítima de la totalidad gloriosa del mundo alrededor de mí, y me siento menos ansioso, más pleno. La vida es mejor ahora”. Así que objeto ambos tratamientos, tanto el oportunista superficial, como el de la arrogancia teológica de pretender que la ‘resurrección’ es un concepto necesario, en vez de uno meramente cristiano.


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Hay otro camino para cruzar este pantano simbólico, igual de antiguo. Exige más de nosotros, y se deshace de la capa de azúcar tradicional en que las vacaciones populares están inmersas. Pero pienso que nos podría llevar a una reflexión más seria y podría impartirnos, a nosotros y a nuestro tema, más orgullo. Se trata de hacer la distinción entre la religión de Jesús y la religión sobre Jesús. Los estudiosos se han percatado de esta distinción por mucho tiempo, pero usualmente la esconden tras algunas palabras en clave para iniciados:

  • Algunos hablan del “Jesús de la historia” contra el “Cristo de la fe”;

  • Otros hablan de “Jesús” contra “el Cristo”;

  • O del “Jesús pre-Pascua” y el “Jesús post-Pascua”.

Todas estas clases de palabras en clave se refieren al hecho de que las religiones, los mensajes del Jesús de la historia fueron salvajemente diferentes de los mensajes atribuidos al “Jesúcristo” de la fe tradicional. Pero como es embarazoso decirlo, tanto los maestros como los predicadores religiosos han colaborado en una conspiración de silencio por muchos siglos para mantener estas distinciones tan dañinas (o provocadoras de pensamientos) lejos de tus tiernos oídos.

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Ustedes saben más de la religión sobre Jesús, que es conocida sólo como cristianismo. Ofrece enseñanzas de un Jesús sobrenatural que de alguna manera fue el hijo de Dios, quien realizó sorprendentes milagros, fue asesinado, luego “se levantó” de entre los muertos, según la enigmática frase de los autores del Nuevo Testamento. La mayoría de los estudiosos bíblicos que conozco tienen claro que ningún escritor del primer siglo quiso dar a entender literalmente la resurrección de un cadáver. La interpretación generalizada sobre esta cuestión es que decir que Dios “levantó” a Jesús significa que lo que Jesús enseñó sobre el reinadó de Dios era correcto.

Comparto esta convicción. No fue original, pero sí profunda, tanto entonces, como ahora. Así que esta Pascua quiero traerles el mensaje de Jesús para que luego decidan por ustedes qué clase de Pascua les enorgullecería intentar y celebrar. En otras palabras, mi táctica aquí es tomar las tensiones intrínsecas a los símbolos de la Pascua y pasárselas, de manera que puedan sentir la tensión, y puedan decidir qué estilo y profundidad de ‘Pascua’ quieren celebrar. No se preocupen: el sufrimiento, según he escuchado, puede ser terapéutico.


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La religión de Jesús

La religión de Jesús fue tan diferente de las enseñanzas tradicionales del cristianismo como puedas imaginarte. Pero para entenderla, tienes que entender la clase de mundo en el que nació Jesús.

Irónicamente, la Galilea del primer siglo tenía mucho en común con nuestra sociedad actual —más de lo que tenía en común con los EUA de hace cincuenta años. Tres siglos de invasiones, por los ejércitos de Alejandro Magno (356AEC-323AEC) y las subsiguientes legiones romanas, habían destruido todos los centros de culto y templos que habían dado estabilidad a una buena variedad de comunidades étnicas y religiosas. Para el primer siglo no había un centro compartido, ni una identidad colectiva. Galilea estaba llena de gente que no constituía “un pueblo”.

Las leyes sociales o las restricciones alimenticias de un grupo —los judíos, por ejemplo— resultaban extrañas o nada atractivas para otros grupos cercanos —los griegos, por ejemplo. Incluso el simple trato social era más difícil de lo que nos resulta a nosotros hoy. Una familia griega invita a la tuya para el equivalente del primer siglo de una barbacoa. Dado que ustedes son importantes para ellos, invierten dinero extra para comprar algo de mariscos y carne de cerdo de primera calidad. Pero como ustedes son judíos, sus leyes alimenticias les prohíben comer mariscos y carne de cerdo.

En docenas de maneras, Galilea era una tierra del caos, donde las perspectivas de llegar a formar ‘un pueblo’ a partir de este desorden disparatado estaban en alguna parte entre escasas y nada.

En tiempos así de caóticos, parece haber dos clases de soluciones propuestas, así se propusieron aquí. La primera fue la más extrema, propuesta por Juan el Bautista. Juan pensó que la situación era imposible ya de arreglar. Ni siquiera Dios podría resolverlo, pensó él. Así que la única respuesta era que Dios iba a destruir todo el mundo, a aniquilar a todos en él —bueno, excepto a aquellos que creyeran en lo mismo que Juan el bautista creía, desde luego— y así empezar de nuevo.


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Juan contaba con una creciente y ferviente multitud que se reuniría al este del Jordán para esperar el signo del fin del mundo, cuando se suponía que actuarían contra los romanos.

Si conoces algo sobre los romanos, sabrás que esta no era una táctica muy inteligente. Ellos fueron muy eficientes, los romanos. No hubieran gastado 60 mil millones de dólares para bombardear mil millas cuadradas de montañas con la esperanza de matar a 7 u 8 civiles. En vez de esto, ellos capturaban a la cabeza del movimiento y lo mataban.

Pero el asesinato de Juan el Bautista fue devastador para sus seguidores. Significó que el mensaje de Juan, el entendimiento que Juan tenía sobre lo que era ‘el reinado de Dios’, era erróneo. De otro modo, Dios no hubiera permitido que Juan muriera así. Tal era el pensamiento sobrenatural, o supersticioso, del primer siglo.

Juan el bautista fue mentor y maestro de Jesús. Jesús fue uno de sus seguidores. Y no mucho después del asesinato de Juan, Jesús aparece por primera vez como líder carismático, muchos de los anteriores seguidores de Juan lo siguieron.

Pero el mensaje de Jesús era muy, muy diferente. La solución de Juan había sido esperar que un ente sobrenatural arreglara el mundo por medio de destruirlo. La noción de Jesús del Reinado de Dios no implicaba una acción por parte de una entidad sobrenatural. Jesús pensó que debíamos recuperar el mundo fragmentado arreglándolo.

Lo que definía todas las líneas de enemistad entre los diferentes grupos eran las reglas de identidad de cada grupo —reglas que los hacían especiales sólo a través de convertir a los otros en inapropiados. Jesús enseñó que la gente debía desobedecer y subvertir las identidades excluyentes. Él y sus seguidores mendigaban sus alimentos diarios —un poco de este mendigar se hizo famoso como parte del ‘Padre Nuestro’. “Come lo que se pone ante ti”, instruyó a sus seguidores judíos. ¡Si los griegos te ofrecen marisco o cerdo, cómelo! ¡No permitas que ninguna autodefinición, inclusive tu identidad como judío, te separe de otros!

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Solo una identidad era permisible en la noción de Jesús del Reinado de Dios: se nos ordenó vernos mutuamente solamente como hermanos y hermanas, como hijos de Dios. Una y otra vez él frustró a sus seguidores más supersticiosos, quienes todavía esperaban que continuara las enseñanzas de Juan el Bautista. No: el Reinado de Dios no es algo que venga a la sazón. No puedes señalarlo y decir “aquí y allí”. Ya está aquí, dentro y entre ustedes. O como lo dijo él en el Evangelio de Tomás, el reinado de Dios se extiende sobre la tierra y los humanos no lo ven. Está todo aquí —al menos potencialmente— y nosotros no tuvimos, o no tenemos, ojos para verlo u oídos para escucharlo. ¡Cuántas veces les dijo a sus discípulos que no lo habían entendido!

No hay magia aquí, ni la intervención de nadie. Dios ya hizo su parte. La pelota está en nuestra cancha, y Dios espera que actuemos para traer el Reinado de Dios a la tierra. Y lo hacemos simplemente al cambiar nuestros corazones y nuestras acciones hacia los otros. Punto. Amén. Fin del sermón, fin de la religión. Jesús nunca prometió el cielo, ni amenazó con el infierno. Él no habló de una vida después de la vida, sólo de ésta. Y él no habría dejado que la gente se quedara con la creencia de que podían esperar pasivamente que una deidad sobrenatural arreglara las cosas.

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La negación de Jesús

Todos los estudiantes de las escrituras cristianas conocen esta frase que se refiere a su apóstol Pedro, quien pareció categóricamente incapaz de entender el mensaje de Jesús. Fue a Pedro, recordemos, a quien Jesús dirigió su frase más furiosa: “Quítate de mi vista, Satanás” (Marcos 8.33), Pedro, como la mayoría de (o tal vez todos) los discípulos de Jesús, quería escucharlo predicar el mensaje claro y definido del fin-del-mundo de Juan el Bautista, y no quería escuchar que este emocionante reinado sobrenatural de sus expectativas sería reemplazado por una clase muy terrenal de mundo en el que ellos simplemente debían convertirse en agentes activos del amor, en vez de en profetas poseedores de superioridad moral para predicar la destrucción masiva a la que solo ellos sobrevivirían.

El estudioso católico Thomas Sheehan lo ha expresado de una manera acertadamente crítica cuando dice que “Pedro continuó su negación de Jesús con la creación del cristianismo”. El cristianismo comenzó como una religión de reversión hacia la fórmula pagana de la salvación por una deidad sobrenatural que demandaba de nosotros sólo que creyéramos el relato y siguiéramos a los líderes. Esta era precisamente la imagen contra la cual Jesús predicó en su ministerio.


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Pablo, el inventor del cristianismo

La mayoría de los estudiosos del Nuevo Testamento que conozco [el autor es integrante del grupo de estudio académico de los documentos sobre Jesús de los 3 primeros siglos, Jesus Seminar] están de acuerdo en que la versión del cristianismo que terminó siendo adoptada como normativa fue desarrollada, en su forma y mensaje por Pablo. Pablo nunca conoció a Jesús, y parece no haber conocido las enseñanzas —ya que nunca menciona ninguna— sobre la noción central de Jesús del Reinado de Dios. En cambio, Pablo enseñó, más a la manera en que Juan el bautista lo hizo, que el fin del mundo estaba por llegar y que Jesús el Cristo sería la salvación de los fieles de una manera sobrenatural.

Siento, con muchos otros, que Pablo reemplazó la mundana religión de responsabilidad de Jesús, con una religión simplista sobrenatural moldeada a partir de los cultos paganos en boga, especialmente los cultos griegos del misterio —y más particularmente del culto del mitraísmo. Y siento que la crucifixión real de Jesús no vino de los romanos, sino de Pedro, Pablo y de quienes establecieron lo que llegó a ser el cristianismo normativo.

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Muchos otros se han percatado de esto, y muchos otros se han sentido furiosos y traicionados sobre esto. Uno de ellos fue el novelista griego Nikos Kazantsakis (1883-1957). Puede que conozcan, ya sea su libro, o la película basada en el libro de La última tentación de Cristo. En este libro, el autor crea una iracunda y maravillosa escena imaginaria entre Jesús y Pablo. Cuando Jesús se encuentra al inventor del cristianismo, Jesús le dice, ¡Tú! Así que tú eres el que ha inventado todas esas cosas sobre mí. ¡No son ciertas! La respuesta de Pablo es básicamente: ¡Oh! ¿Así que tú eres Jesús? Gusto en conocerte, ¿A quién le importa? Le di a la gente la religión que ellos necesitaban, y no te necesitan.

Conozco a estudiosos paulinos que piensan que el retrato de Kazantzakis sobre Pablo es tan preciso como es posible. Incluso los defensores de Pablo (y tiene muchos) usualmente reconocen su megalomanía.

Hay incluso reacciones más extremas contra la traición de la religión de Jesús por la religión sobre Jesús. Tal vez la más famosa, y mi favorita, proviene de un libro de Fiódor M. Dostoievski (1821-1881), Los hermanos Karamazov, en el capítulo titulado “El gran inquisidor” aparece Jesús en el tiempo de la inquisición, y representa esta sorprendente —y de nuevo, iracunda— escena entre Jesús y el Gran Inquisidor, en la que Jesús no dice nada. Pienso que Dostoievski entendió perfectamente la religión de Jesús aquí, y pienso que su ira hacia la religión inventada sobre Jesús atina bastante cerca del blanco también:
Sello de la Inquisición Española

Tú les prometiste el pan del cielo. ¿Crees que puede ofrecerse ese pan, en vez del de la tierra, siendo la raza humana lo vil, lo incorregiblemente vil que es? Con tu pan del cielo podrás atraer y seducir a miles de almas, a docenas de miles, pero ¿y los millones y las decenas de millones no bastante fuertes para preferir el pan del cielo al pan de la tierra? ¿Acaso eres tan sólo el Dios de los grandes? Los demás, esos granos de arena del mar; los demás, que son débiles, pero que te aman, ¿no son a tus ojos sino viles instrumentos en manos de los grandes?… Nosotros amamos a esos pobres seres, que acabarán, a pesar de su condición viciosa y rebelde, por dejarse dominar. Nos admirarán, seremos sus dioses, una vez sobre nuestros hombros la carga de su libertad, una vez que hayamos aceptado el cetro que — ¡tanto será el miedo que la libertad acabará por inspirarles! — nos ofrecerán. Y reinaremos en tu nombre, sin dejarte acercar a nosotros. Esta impostura, esta necesaria mentira, constituirá nuestra cruz.

Hay sobre la tierra tres únicas fuerzas capaces de someter para siempre la conciencia de esos seres débiles e indómitos —haciéndoles felices — : el milagro, el misterio y la autoridad. Y tú no quisiste valerte de ninguna. El Espíritu terrible te llevó a la almena del templo y te dijo: “¿Quieres saber si eres el Hijo de Dios? Déjate caer abajo, porque escrito está que los ángeles tomarte han en las manos.” Tú rechazaste la proposición, no te dejaste caer. Demostraste con ello el sublime orgullo de un dios; ¡pero los hombres, esos seres débiles, impotentes, no son dioses! Sabías que, sólo con intentar precipitarte, hubieras perdido la fe en tu Padre, y el gran Tentador hubiera visto, regocijadísimo, estrellarse tu cuerpo en la tierra que habías venido a salvar. Mas, dime, ¿hay muchos seres semejantes a ti? ¿Pudiste pensar un solo instante que los hombres serían capaces de comprender tu resistencia a aquella tentación? La naturaleza humana no es bastante fuerte para prescindir del milagro y contentarse con la libre elección del corazón, en esos instantes terribles en que las preguntas vitales exigen una respuesta. Sabías que tu heroico silencio sería perpetuado en los libros y resonaría en lo más remoto de los tiempos, en los más apartados rincones del mundo. Y esperabas que el hombre te imitaría y prescindiría de los milagros, como un dios, siendo así que, en su necesidad de milagros, los inventa y se inclina ante los prodigios de los magos y los encantamientos de los hechiceros, aunque sea hereje o ateo. […]

Y te repito que mañana, a una señal mía, verás a un rebaño sumiso echar leña a la hoguera donde te haré morir, por haber venido a perturbarnos. ¿Quién más digno que Tú de la hoguera? Mañana te quemaré. “.

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El Gran Inquisidor de Dostoievski y el Pablo de Kazantsakis son importantes para leerlos y enseñarlos, porque se cuentan entre las voces educadas que no han sido parte de la conspiración del silencio. Presentan el contraste entre las enseñanzas difíciles del hombre Jesús —la religión de Jesús—, por un lado, y las inconmensurablemente más fáciles enseñanzas del cristianismo —la religión sobre Jesús, por el otro. Y su ira no proviene de una falta de sensibilidad religiosa, sino más bien de la abundancia de ésta. Están furiosos porque creen, como yo, que una religión menor (el cristianismo) desplazó a una religión grandiosa (la religión de Jesús). Esto nunca será repetido con excesiva frecuencia ni lo suficientemente al grano: En oposición directa a las enseñanzas de Jesús, el mito del ‘Cristo’ condujo a la gente a un retroceso hacia la creencia pagana y primitiva en la salvación a través de la expiación vicaria por un dios salvador sobrenatural que rescataría a la gente y la exoneraría, y que tan solo exigiría a cambio su obediencia irreflexiva. Las enseñanzas de Jesús —hasta el punto en que fueron alguna vez entendidas— resultaron demasiado difíciles. Debía haber una ruta más simple y menos dolorosa si es que el cristianismo habría de ser la fe universal que visualizaban algunos partidarios fanáticos como Pablo —aunque, en el proceso, traicionaron todo aquello que Jesús consideró sagrado.

En el tiempo de Jesús resultaba poco comedido exigir tanto de la gente —de gente que parece preferir el milagro, el misterio y la autoridad antes que hacerse cargo de su vida y sus circunstancias, y asumir su responsabilidad. Él fue rudo. Sus propios discípulos no lo entendieron, y Pedro, como es ampliamente conocido, no quería escuchar esto. Si la gente quiere milagro, misterio y autoridad, Jesús ciertamente no les ofreció mucho.

Él dijo que Dios hizo su parte y que ahora era su turno de actuar.

El cristianismo —la religión sobre Jesús— es en última instancia demasiado fácil. No es digna y merecedora de alguien llamado un hijo de Dios. No es digna de aquellos que podrían considerarse gente de Dios. No es un camino espiritual que cualquier Dios que valga la pena hubiera señalado con urgencia. Fue la creación de Pablo y otros hombres, pero no de un profeta o sabio de primer orden.

Pero sí que hubo un profeta y sabio de primerísimo rango implicado en esta historia. Era un judío marginal y simple de Galilea que hemos aprendido a llamar Jesús. Él enseñó un camino estrecho, no uno amplio, y predicó un Reinado de Dios que nosotros, y solo nosotros, podríamos hacer presente en la tierra tan pronto, o tan tarde, como encontremos el valor de actuar como hijos de Dios, de ver a todos los demás como hijos de Dios, y de actuar en consecuencia. Puede suceder en cualquier momento, aquí y ahora. Puede suceder en Israel, si las dos partes cambian el centro de su fe. Puede suceder en Irlanda del Norte, si ambas partes dejan de definirse a sí mismas como protestantes y católicos, y en cambio se definen sólo como hermanos y hermanas. Puede suceder en Austin, puede suceder en tu vecindario, y en tu vida.

Pero solamente si crees. No, no tienes que creer en nada sobrenatural, no tienes que creer en nada a lo que no encuentres un sentido. Tú tienes que creer que la única identidad de la que la gente adulta religiosa debería estar orgullosa es la identidad de verse a sí mismos y a los otros como hermanos y hermanas, e hijos de un Dios de amor. Sólo eso.

Hoy, hemos traducido la promesa y el mandamiento en flores, flores para que se lleven a casa y reflexionen sobre ellas*. Cositas pequeñas y frágiles de gran belleza y vulnerabilidad, tan frágiles como la paz, tan frágiles como el amor. Llévenselas a casa. Las flores están en sus manos. Así también está la esperanza de tu vida, y el futuro del mundo. Aquellas palabras difícilmente parecen adecuadas, sin embargo. Algo más poético y poderoso se requiere. Jesús lo llamó el Reinado de Dios. Esto es mucho mejor, y más cercano.

La esperanza del Reinado de Dios está en nuestras manos, como siempre ha estado. El sueño ha yacido sin roturar por mucho tiempo. Muchos dirían que ha muerto. Es la Pascua, y el sueño está en nuestras manos. Pensemos en resucitarlo.

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*Esta iglesia celebra una Comunión Floral el domingo de Pascua. Se pide a la gente que traigan una flor, que se deposita en canastas. Al final del servicio, se llevan al frente de la iglesia las canastas con flores y la gente toma una para llevarla consigo a su casa.

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Jesús fue humanista

28. enero. 2009

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Dado el 14 de noviembre de 2004, por la Reverenda Victoria Weinstein en la
Iglesia Unitaria Universalista de la Primera Parroquia de Norwell, Massachusetts
(Trad. Francisco Javier Lagunes Gaitán)

http://www.firstparishnorwell.org/sermons/jesus.html

Stuart Twite, la Revda. Victoria Weinstein, Mary Mercier y Deanna Rileyn

De izquierda a derecha: Stuart Twite, la Revda. Victoria Weinstein, Mary Mercier y Deanna Rileyn

Lectura: Meeting Jesus Again For the First Time [Encontrar de nuevo a Jesús, por primera vez] de Marcus Borg Adaptado de las págs. 33-36

El Jesús histórico fue una persona del espíritu, una de esas figuras en la historia humana con una conciencia basada en su experiencia personal de la realidad de Dios. La expresión más antigua, semitécnica es hombre santo, pero persona del espíritu parece mejor. Las personas del espíritu son conocidas a través de las culturas. Son gente que tiene experiencias vívidas y subjetivas de otro nivel o dimensión de la realidad. Estas experiencias implican una entrada momentánea en estados de conciencia fuera de lo ordinario y toman un número de formas diferentes. A veces hay la vívida sensación de ver momentáneamente dentro de otro estrato de la realidad; esta es la experiencia clásica del shamán. A veces hay la fuerte sensación de que otra realidad te sale al encuentro, como en la antigua expresión, ‘El Espíritu cayó sobre mí’ [hoy vertida más comúnmente como ‘El Espíritu se posesionó de mí’]. A veces la experiencia es de la naturaleza o de un objeto dentro de la naturaleza que es momentáneamente transfigurado por ‘lo sagrado’ que resplandece a través de éste.

Lo que comparten todas las personas que tienen estas experiencias de que hay algo más en la realidad que el mundo tangible de nuestra experiencia ordinaria. Las personas del espíritu son gente que experimenta lo sagrado vívidamente y con frecuencia.

…La visión moderna del mundo, derivada de la Ilustración, ve la realidad en sus términos materiales, como constituida por la materia y la energía en el continuo espacio-tiempo. La experiencia de las personas del espíritu sugiere que habría más que esto en la realidad –que habría, además del mundo tangible de la realidad ordinaria, un nivel de realidad inmaterial, real pese a su inmaterialidad y cargado con energía y poder.

Lo que es más, Esta otra realidad, es importante insisitir en ello, no sería ‘en alguna otra parte’. Sino más bien estaría todo alrededor de nosotros y nosotros estaríamos en ella. … Jesús fue una persona del espíritu.

El Evangelio según Mateo, 5:38-48 versión Dios Habla Hoy

“Ustedes han oído que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente.’ Pero yo les digo: No resistas al que te haga algún mal; al contrario, si alguien te pega en la mejilla derecha, ofrécele también la otra. Si alguien te demanda y te quiere quitar la camisa, déjale que se lleve también tu capa. Si te obligan a llevar carga una milla, llévala dos. A cualquiera que te pida algo, dáselo; y no le vuelvas la espalda al que te pida prestado.

“También han oído que se dijo: ‘Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo.’ Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, y oren por quienes los persiguen. Así ustedes serán hijos de su Padre que está en el cielo; pues él hace que su sol salga sobre malos y buenos, y manda la lluvia sobre justos e injustos. Porque si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué premio recibirán? Hasta los que cobran impuestos para Roma se portan así. Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? Hasta los paganos se portan así. Sean ustedes perfectos, como su Padre que está en el cielo es perfecto.”

Estos son los dichos de Jesús.

EL SERMÓN

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Tenía como 6 años, creo, cuando fui a ver el musical “Godspell” en Broadway. La mejor amiga de mi madre, Phoebe Rizos, me llevó junto con todo su grupo parroquial. Fue totalmente confuso para mí, esta suerte de payasos circenses que brincaban y cantaban alrededor, todos ellos parecían querer ser los mejores amigos de un tipo de pelo crespo y rojo que usaba tirantes arco iris y una camisa de Supermán. Estuve sentada y muy atenta durante las canciones “Day by Day” y “O Bless the Lord My Soul”, incluso aunque no entendía las letras, que tomaron  –ahora lo sé– del Evangelio de Mateo. Nunca había escuchado el Evangelio de Mateo, ni nada de la Biblia. Era una niñita unitaria.

Me gustó bastante el espectáculo, aunque también me desconcertó, sólo al llegar el momento culminante en el que los payasos tomaron a su amigo de los tirantes arco iris y lo colgaron con los brazos abiertos sobre una especie de malla metálica. Ataron sus muñecas a la malla con una cinta roja y se le veía muy triste. Las cosas se pusieron espeluznantes y muy malas muy pronto. Cantó, Oh Dios, me muero. Oh Dios me muero.

Y sus amigos cantaron, Oh, Dios, te mueres… Y mi corazón se congeló. Entónces él cantó, Oh, Dios, estoy muerto y cantaron, también muy tristemente, Oh, Dios, estás muerto…

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Y había ese órgano que tocaba… y él dejaba caer su cabeza con flacidez, nunca había estado tan asustada en mi vida. Pero los amigos siguieron cantando. Y comenzaron a cantar esta frase, mientras lo veían hacia abajo desde la malla y cargaban su cuerpo a hombros, cantaron, “Larga vida a Dios, larga vida a Dios, larga vida a Dios (mientras caminaban con él), larga vida a Dios”.

La música incrementó su ritmo poco a poco  y algunos de los hombres comenzaron a cantar una frase con lo que habían sido las primeras palabras de la obra: “¡Preparen el camino del Señor!” Los payasos siguen entrelazando ambas frases cantadas al llevar el cuerpo flácido de su amigo por sobre sus cabezas hacia las puertas del teatro. Esta fue absolutamente la cosa más terrible que había visto en mi vida.

Todavía recuerdo lo extrañada que me sentía, me preguntaba qué estaba mal en mí, dado que todos los demás en el teatro parecían estar tan a gusto, incluso parecían ilusionados. Pero justo en ese momento las púertas del teatro se abrieron de golpe mientras el baterista aceleraba el ritmo y todos los actores bailaron alegres por el escenario mientras aplaudían y gritaban con regocijo al cantar, “¡Preparen el camino del Señor!” ¡Tambores! ¡Panderetas!

“¡Oh, Dios mío!”, pensé. “¡Esta gente está loca! ¡Mataron  a su amigo y ahora cantan y bailan!” Ni Phoebe Rizos, ni varios animadores pudieron convencerme de levantar mis manos del asiento en ese teatro, incluso mucho tiempo después de que se había vaciado y las luces estaban prendidas. Quería asegurarme de estar a salvo de esos maniacos. Me puse muy mal en el coche y regresé temblando a casa, nunca hablé de esto con nadie.

Y este fue mi primer contacto con Jesús.

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Podrán ahora imaginarse por qué mantuve mi distancia por un muy largo tiempo después de eso. Nadie en mi hogar tenía algún interés en, ni la paciencia con, aquellas historias o esa religión. Cuando mi abuela venía a visitarnos, entraba al dormitorio de mi hermana y mío para darnos el beso de las buenas noches y clandestinamente bendecirnos en la frente con agua bendita que le había dado un sacerdote ortodoxo ruso. De repente mi padre aparecía a la puerta. “Anne, no les hagas ese vudú a mis hijas”, le decía y ella apresuradamente se guardaba en el bolsillo el frasquito de agua bendita. Nunca supe, hasta muchos años después que mis abuelos ortodoxos rusos habían estado muy descontentos con mi madre por haberse comprometido con un hombre judío. Así que mamá y papá acudieron a la iglesia unitaria en Binghamton para casarse, debido a que el sacerdote de mi madre se negó a permitir semejante matrimonio en su santuario. 1

Cuando visitaba a mis abuelos maternos siempre pasaba largos ratos dedicada a contemplar al Hombre de los Sufrimientos que tenían por toda la casa. Estaba en el calendario de la cocina con una corona de espinas puesta. Estaba en una placa en el vestíbulo, vestía una toga blanca suelta y estaba rodeado de niños y corderos. Estaba encima de la cama, colgaba en la cruz, una imagen que me alteraba tanto que la quitaba de la pared cuando iba de visita. ¿Cómo podría dormirme debajo de una imagen semejante? Ocultaba cuidadosamente el crucifijo en el cajón del buró y esperaba que mi abuelita no se diera cuenta. A la mañana siguiente, antes de que hiciese la cama, ya estaría de vuelta en su lugar. Lo volvería a ocultar una y otra vez. Mi abuela nunca mencionó nuestra pequeña rutina.

Todavía siento respeto por mi reacción infantil hacia la violencia que algunas versiones del cristianismo han sentido que define la vida y el ministerio de Jesús. Todavía hoy en día no puedo pasar frente a una imagen del crucifijo sin sentirme profundamente perturbada e inquieta por ella y por lo que representa. La cruz vacía es totalmente otro símbolo, del que hablaré un poco después, pero quería decirles que mi imagen favorita de Jesús hoy cuelga de la pared de mi estudio en la casa parroquial. Se llama “El Cristo sonriente” y muestra a un Jesús guapo, saludable y lleno de vida que me mira directamente con gran alegría. Ese es mi Jesús. No creo que el Jesús real fuera tan buen mozo, ni que tuviese tan perfecta dentadura, pero amo su carisma evidente y su alegría de vivir.

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Cuando lo pienso en retrospectiva me doy cuenta de que siempre me he sentido atraída por ese personaje, Jesús, que es por lo que yo estaba tan, pero tan enfadada e indignada durante tantos años con la mayoría de las versiones de su religión, que instintivamente sentía que no podían ser congruentes con lo que vivió y sintió. Me mantuve alejada de todo lo que fuera cristiano, e incluso me ponía tensa cuando cantábamos música sagrada en los coros a los que pertenecía. Otros en mi comunidad me definían como judía, incluso a pesar de que asistía a una iglesia unitaria universalista –y eso no era una cosa buena en mi pueblo, que tenía cierta propensión al antisemitismo– y esto además de mi ira y resentimiento hacia el llamado cristianismo. Se me ponían los pelos de punta ante las varias menciones de éste y reaccionaba con apasionada indignación cuando alguien que conocía trataba de evangelizarme. Todo ese asunto me parecía estúpido.

Me tomó desprevenida, entonces, cuando una amiga mía wiccana me miró con cierto grado de impaciencia y me dijo, “¡Para ser alguien que obviamente no sabe nada sobre lo que Jesús dijo o hizo realmente, seguramente tienes un problema de actitud hacia el cristianismo!”

Tenía toda la razón. Ella me señaló la diferencia entre Jesús y el cristianismo; estar al tanto de esta diferencia es una cosa sabia. Así que decidimos encontrar un libro que me informara al respecto, pero no desde una perspectiva tradicional o conservadora. Desde luego, de habérseme ocurrido buscar ahí, podría haber encontrado un tesoro maravilloso de materiales sobre el tema en mis propias iglesias unitarias universalistas de la clase exacta de recursos que buscaba, pero no se me ocurrió preguntar entonces. ¡Nunca supe, hasta casi el momento en que consideraba entrar al seminario, que las dos denominaciones religiosas que se fusionaron para dar lugar al movimiento unitario universalista en 1961 se fundaron ambas como herejías cristianas de siglos de antiguedad! Descubrí luego esas riquezas, pero el primer libro que jamás leí que explicara a Jesús desde una perspectiva respetuosa, historica y por fuera de las ortodoxias fue For Christ’s Sake [Por el bien de Cristo] de Thomas Harpur. Publicada precisamente por nuestra propia editorial, Beacon Press.

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El libro de Harpur cambió mi vida al introducirme a los principios del cristianismo liberal, que a continuación procuro delinear para ustedes:

(1) Aunque nunca nos pongamos de acuerdo a propósito de la relativa divinidad de Jesús, vemos en el un humano ejemplar y atesoramos su humanidad. Quienes lo llamaron ‘El Cristo’ le concedían así un elevado reconocimiento honorífico, no afirmaban que fuera un igual de su Dios. “El Cristo” significa ‘el Ungido’. Se trata de un título honorífico que denota un llamado especial y una bendición. Jesús nunca afirmó que fuera Dios. Coincido con la opinión de Ralph Waldo Emerson (1803-1882) y otros pioneros del unitarismo en cuanto a que este entendimiento ortodoxo de Jesús se basa en un malentendido de su mensaje y una lectura errónea de la Escritura. Al preguntarle quién era, en realidad, Jesús frecuentemente respondía con otra pregunta, “¿Quién dicen que soy?” Era un maestro de Sabiduría, un místico y un shamán.

(2) Jesús fue un profeta del amor y la inclusión, de la justicia y la sanación. Sus reformas al judaísmo no fueron un intento por destruir al judaísmo, sino de criticar su tendencia legalista. Fue un judío fiel. Nunca se afirmó como fundador de una nueva religión ni pretendíó ser otra cosa que un hombre judío fiel con una relación de éxtasis íntimo con el Dios de Israel.

(3) Jesús predicó una religión desde lo interno, basada en la honestidad interior y el amor puro. Él pretendió animar a su gente a dejar atrás una forma vacía de piedad y de observancia de las formas externas para que adoptaran una renovación espiritual interna basada en la seguridad de que todos los seres humanos son iguales y preciosos a la vista de Dios. Incluso ellos. Tenían problemas para creer esto, dado que eran judíos que vivían bajo la Roma imperial y la mayoría eran gente pobre, completamente prescindibles para la visión romana. Todos eran oficialmente habitantes de segunda clase del Imperio Romano  –¡ni siquera eran reconocidos como ciudadanos!– y entre ellos se contaban los más bajos de lo bajo, los intocables. Jesús se ocupó especialmente de su cuidado, de extender su aceptación y de sanar a aquellos considerados ritualmente impuros para las leyes de pureza judías y romanas.

(4) Nunca sabremos lo que vieron los discípulos luego de la muerte de Jesús durante los hechos que ahora se conmemoran en la Pascua. La cuestión es que sea lo que sea lo que experimentaron transformó totlamente sus vidas. No es necesario creer en una Resurrección física milagrosa para que este hecho nos conmueva.

(5) Finalmente, el cristianismo liberal está más interesado en la religión de Jesús que en la religión sobre Jesús.

El más factible rostro de Jesús

El más factible rostro de Jesús

Luego de haber leído este libro comencé a leer muchos otros libros de cristianismo liberal. Fue como si se levantara un velo entre yo misma y algo que sentía que era bello y dador de vida, pero de lo que me habían mantenido alejada generaciones de ignorancia y error. Pienso que había sentido incluso como niña que esta religión no era sobre la muerte, la violencia y de cosas increíbles, sino que era sobre la vida, sobre la gente y sobre cómo vivimos y cómo nos amamos los unos a los otros.

Me dí cuenta de que cualquier energia que sentía zumbar en el centro de la creación y que conectara todos los seres vivientes no sería algo que yo pudiese llegar a adefinir jamás, aunque en la universidad comezba a referirme a esa energía como a la Diosa y luego eventualmente como a ‘Dios’. Cada vez mas a lo largo de los años me sentí atraída por la definición de Jesús de esa energía, con la que él sintió una relación muy íntima y personal, misma que llamó ‘Abba’ (cuya traducción literal del arameo sería ‘papi’ o ‘papito’) o ‘Padre’, así como ‘mi Señor’. Así que mi pregunta cambió de ‘¿Existe Dios?’ a ‘¿Cómo puedo comportarme como si Dios existiera; como si la justicia, la sanación, el perdón y el amor radical incluyente fueran la más profunda realidad dentro de la que vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser?’ ‘¿Cómo vivir como si…?’

La mayoría de los días no logro hacer un trabajo del todo bueno. ¡Casi nunca me describo a mí misma como ‘cristiana’, incluso aunque considere que sigo el Camino de Jesús, porque pienso que probablemente habrá 3 ‘cristianos’ de verdad en el mundo y han de ser budistas, probablemente (quiero decir, ya escucharon el la lectura del Evangelio de Mateo que acabamos de hacer)! Me tomo las enseñanzas de Jesús demasiado en serio como para reclamar ese título y no me impresionan en general quienes hacen eso (aunque ciertamente algunos sí que me impresionan). La definición normativa de cristianismo no me incluye a mí, ni a mi teología cristiana liberal, en la medida en que requiere afirmar ciertas verdades teológicas que nunca creeré, así como comprometerse con ciertos prejuicios que nunca tendré. Los cristianos liberales creen, por ejemplo, que todos y cada uno de nosotros somos responsables por nuestros pecados y defectos. La muerte de un hombre nunca podrá redimirnos a todos. Ni un Dios de amor exigiría el asesinato de ‘Su’  hijo unigénito con el objeto de hacer posible la salvación. Esto nos parece un insulto al atributo más obvio y más digno de veneración de la realidad última, que es el Amor divino (y que es una vieja creencia, tanto universalista, como unitaria).

Además, ¿cómo podríamos pensar que sólo una cierta porción del mundo poseería la sabiduría última a través de esta manifestación de santidad? Yo no lo creo.

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Creo que Jesús estaría perplejo ante la situación actual del cristianismo. No, nunca insistiré lo suficiente sobre esto. Un personaje de la película de Woody Allen, “Hannah y sus hermanas” lo expresó de la mejor manera: “Si Jesucristo regresara hoy y viera todo lo que se ha cometido en su nombre, nunca dejaría de vomitar”. Porque en verdad él decía constantemente que el quid de la vida espiritual es transformar el corazón, de manera que se fortalezca para el trabajo en el mundo –para la sanación, para alimentar, para regresar a otros a la vida cuando se les margina, hiere y desanima. Acumular nuestros tesoros en el cielo y no tratar de comprar una sensación de seguridad por reunir cosas. ¿Y a qué dedican su tiempo millones de cristianos? A las compras. A juzgar a otros, en directa oposición a lo que Jesús enseñó. A alegar sobre las formas supuestamente apropiadas de sexualidad sobre las que Jesús nunca dijo una bendita palabra. A obsesionarse por las prácticas de adoración cuando Jesús dijo que salieras, amaras a tu vecino y dejaras de vivir de la letra de la ley religiosa.

Jesús fue un humanista. Tal vez esta es la razón por la que muchos  humanistas en las comunidades unitarias universalistas se sienten tan ofendidos ante la perversión de las eneseñanzas de Jesús y su vida, porque en él reconocen a uno de los suyos –a un místico ciertamente, pero a uno de los suyos– y son presa de ira y duelo al ver su mensaje humanista básico alienado y distorsionado. Él vivió y enseñó una forma esencialmente humanista de religión –una religión que destacó las relaciones humanas, la responsabilidad humana y la capacidad humana de ser manos del amor divino de los unos por los otros.

Espero que compartan conmigo estas dos ideas finales que les ofrezco. La primera es que por mi estudio de las Escrituras Cristianas, creo cada vez más que la intención de Jesús fue enseñarnos cómo usar apropiadamente el poder; que es unificar a la gente, sanar, levantar, servir, salvar vidas, bendecir y dignificar a toda la gente. Todo esto resultó algo extremadamente subversivo bajo el régimen imperial de Roma que vivió Jesús, que se fundaba completamente en el ‘poder sobre’ y en que las jerarquías superiores impusieran su voluntad sobre sus subordinados. Y sigue siendo increíblemente subversivo también para nuestra propia cultura –y muy complicado–, en la que los césares son cristianos (lo que sucede por casi todo el mundo occidental).

Finalmente, me gustaría decir una palabra sobre la cruz vacía, que en mi corazón evoca el sentimiento totalmente opuesto al de la dolorosa imagen de la cricifixión, a Jesús agonizante. La cruz es un símbolo antiguo que antecede al cristianismo –es una representación de la unión cósmica del reino divino y el reino de la realidad material. Para mí, es un símbolo de una clase de alegría rebelde, un saludo poderoso a ese poder subversivo que mencioné hace un momento y una manifestación de lo que el viejo himno llama”bendita certeza”. Para mí, dice: Si vives tu vida de acuerdo a tu más profundo llamado y si vivies el llamado con perfecta integridad –¡con tu mejor integridad!– y si no sólo sabes quíen eres, sino de quién eres, nunca podrás ser víctima. No importa lo que los poderes establecidos escojan hacer y no importan las circuntancias que te impongan, hay una realidad intocable en el centro de tu persona –una realidad eterna– y esa realidad es el amor. Es tu derecho de nacimiento y no puede ser arruinado por manos humanas o negado a ti por cualquier cosa que ocurra en tu vida. Y como reza la vieja canción de gospel, “Ain’ t that a good news?” [¿Acaso no es esa una buena noticia?].

Pienso que lo es. Y conforme lucho por encontrar un final apropiado y contundente para este sermón, miro a Jesús riéndose de mi en la pared. Y dice, “¡Weinstein…ya fue suficiente de pensar y hablar! Diles esto: se amarán los unos a los otros como yo los he amado, y ya canten el himno de cierre”.

Ese es mi Jesús.

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1Dije en este momento que mi padre no tenía un rabino. Pero olvidé lo que me enteré por mi madre apenas el año pasado: que mi padre había asisitido a la iglesia unitaria por un tiempo, antes de que comenzaran a salir él y mi madre.

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El Adviento para el resto de nosotros

9. diciembre. 2008

Revda. Judith Campbell, dado en la Capilla Stevens el 2 de diciembre de 2001 (Trad. Francisco Javier Lagunes Gaitán)


La Reverenda Judith Campbell en Martha's Vineyard

La Reverenda Judith Campbell en Martha's Vineyard

El tiempo de Adviento es una observancia cristiana que abarca los 4 domingos anteriores al día en que se celebra el nacimiento de Jesús, que los cristianos primitivos decidieron celebrar el 25 de diciembre. Para los cristianos practicantes se trata de un periodo de preparación espiritual para la celebración del Nacimiento de Jesús, que casualmente coincide con las cuatro semanas anteriores al Solsticio de Invierno. En los hogares e iglesias cristianos  se observa con el encendido de las velas de la Corona de Adviento, junto con oraciones y rituales especiales para preparar a la comunidad cristiana practicante para el advenimiento de la Gran Luz de Jesús en el periodo más obscuro del año solar.

Corona de Adviento

Más recientemente, se han añadido al Adviento toda una gama de productos comercialmente producidos los ‘calendarios de Adviento’ que señalan los 24 días que preceden al día de la navidad. Estos calendarios van desde ‘los ‘casi-Hallmark-versión-religiosa’ hasta los ‘empalagosos-descafeínados-comercialísimos-repulsivos’. Son elaborados en el nombre del lucro, más que en el del Gran Profeta y son poco más que un conteo colorido interactivo para señalar los días que transcurren para la celebración comercial de la ley de la ganancia, ese golpe de despilfarro final conocido como la Navidad

Pero vayamos ahora al significado original de esta observancia. Todos tendríamos mucho que aprender y no deberíamos descartar a priori esta posibilidad sólo por venir en una envoltura cristiana. Recuerdo ahora mi sermón sobre el conservadurismo. Hay un bien asombroso que puede hallarse y ser obtenido de todas las tradiciones espirituales. Y debido a que tantos de nosotros dejamos activamente el cristianismo al acercarnos a las congregaciones  unitarias, sería muy recomendable no ‘tirar al bebé junto con el agua sucia’, para usar una frase muy apropiada.

El Adviento es un periodo de preparación no sólo para la noche más larga del año, sino para la noche en la que se nos prometió que encontraríamos, y seríamos bañados por, la luz redentora del mundo. Para los cristianos esta promesa se cumple con el nacimiento de Yeshúa ben Yosef, de Nazaret. En los países nórdicos paganos, es la Novia de la Luz, una diosa adornada con una corona de velas quien llega la noche más obscura del año a devolver la luz a la gente. Incluso hoy, en muchos hogares escandinavos, por la mañana del 13 de diciembre la hija mayor, se viste de blanco y se adorna con una corona de velas para llevar el desayuno a la cama a sus padres….y canta la canción italiana “Santa Lucia” …no sé si en sueco o en italiano.

Festival nórdico de Santa Lucia (ants Novia de la Luz)

Las sociedades celtas precristianas hacían círculos de hojas perennes y encendían fogatas en el medio de ellos para esperar la noche más larga y como símbolo de la promesa de que la luz regresaría. Aprenderemos más de esta tradición en particular y nos contaremos cuentos nórdicos y escandinavos en nuestro servicio del 16 de diciembre (¡No se lo pierdan pues este es apenas un adelanto de lo que vendrá!). Y aunque esta es una celebración relativamente menor en el calendario judío, la Janucá, es la conmemoración del milagro de la luz que ardió en el templo por 8 días, aunque sólo había aceite suficiente para que durase un día en ese obscuro periodo de la historia judía.

La temporada misma del Adviento tiene diferentes sombras de interpretación según la tradición particular, las culturas locales y la inclinación de la gente que lo celebra. Para la mayoría de los cristianos practicantes es un periodo de retiro y purificación espiritual en preparación para el Nacimiento de Jesús. Otros lo han visto como un tiempo para meditar en las alegrías y preocupaciones de María, la madre de Jesús, al prepararse para dar a luz a un niño que cambiaría el mundo. Y otros más lo ven como un momento para examinar sus corazones y dolerse del hecho de que no han estado lo suficientemente dedicados, o que no han sido lo suficientemente apasionados por la práctica de su fe.

Esta última interpretación considera al Adviento casi como una semi-Pascua; como un tiempo de práctica penitencial e intensa plegaria en preparación para el advenimiento de la luz en el mundo. El color litúrgico para el Adviento es el morado, el mismo que para la Pascua. Y algunas iglesias evitan el uso de decoraciones florales durante el Adviento, como forma de expresar duelo por la obscuridad del alma.

Una práctica penitencial

Pero cualesquiera que sean nuestras prácticas religiosas… o nuestra carencia de ellas, todos los humanos vivimos periodos pendulares de cambio de luz y obscuridad como una característica de lo que significa vivir en este planeta. En tanto que criaturas pensantes y sensibles, con la habilidad de pensar en el futuro y de recordar el pasado… es inevitable que también pasemos por nuestros periodos personales de luz y obscuridad. Pienso que hay lecciones valiosas en el simbolismo incluido en las cuatro velas de Adviento para cualquiera que afrontemos nuestros propios periodos de obscuridad espiritual. Estos símbolos y rituales podrían de hecho ofrecernos alguna ayuda y guía en nuestra propia búsqueda por entender las bendiciones de la luz de la verdad eterna…como sea que la interpretemos.

Pero consideremos por un momento la tradicional Corona de Adviento. Esta Corona de Adviento fue elaborada por Betty Burton. Las 4 velas, 3 moradas y una rosa, correspondientes a cada domingo anterior a la Navidad, cada una tiene un significado especial. Algunas coronas también incluyen una quinta vela para ser encendida el día de la Navidad. Las hojas perennes de la base simbolizan la eternidad de la renovación de las estaciones de la tierra. Y, desde luego, la forma circular simboliza el amor interminable y la verdad de lo Sacratísimo Completamente Otro.

En mi investigación para este sermón, muchos de los rituales de Adviento que encontré comenzaban con un relato del Libro de Isaías, en la Biblia Hebrea. Varias órdenes monásticas católicas han creado rituales para ser practicados en casa que sugieren enecender las velas y que los asistentes oren las plegarias al atardecer, de manera muy semejante a como se encienden las 2 velas del Sábbat o las 9 velas de la januquilla (candelabro para Janucá)  en un hogar judío. Pero al ser unitaria universalista y simplemente al ser yo misma…me gusta aprender todo lo que pueda de una observancia de esta naturaleza y luego decidir qué es lo que funciona para mí, tanto espiritual, como teológicamente…, así como lo que elijo dejar atrás.

Corona de Adviento con sus 5 velas tradicionales

Fue mi viejo colega y amigo, el Revdo. Dick Fewkes, quien ha sido ministro invitado en diversas ocasiones aquí y que dió el sermón de mi instalación, quien me comunicó los significados tradiconales de las 4 velas, así como de su reinterpretación unitaria universalista… que es la que funciona apara mí…. y que podría también funcionar para ustedes.

La primera vela: simboliza la fe…(o la confianza) —en lo que el pasado nos ha proveído en cuanto a amigos, familia, la fuente de toda la vida, la perfección del cosmos y la perfectibilidad última de los humanos que lo habitan.

La segunda vela: es por la esperanza (o la expectativa) —esta podría ser la esperanza de un futuro más brillante, de un mejor mañana, de una vida más significativa… o de aquello de lo que carecemos en nuestro presente.

La tercera vela rosa es por el amor y para algunos representa algo como una “Vela de María”. Simbolizaría el amor de María por su hijo por venir. Podemos pensar en el amor parental…el amor humano…y desde luego, el Amor Divino.

La cuarta vela es por la paz….Paz en la tierra —tan significativa en la actualidad, por la paz interior, la paz del corazón…la paz que se encuentra en el río de luz que es la fuente de toda la existencia.

La quinta vela, blanca, está colocada en el centro es encendida el mismo día de Navidad, para la tradición cristiana representa la luz del mundo encarnada en el hombre Jesús. Es la vela de la presente y omnipresente alegría del milagro de la vida.

Estas palabras, fe, esperanza, alegría, paz y amor no son propiedad exclusiva de la fe cristiana. Estas palabras son los elementos básicos de la integridad espiritual y de la conciencia… son la sangre de vida del corazón… Si nos fortalecemos espiritualmente con el don de la fe en algo mayor que nosotros mismos, nos abrimos a la promesa de la esperanza en un mundo caótico y desgarrado por la guerra, al poder de la trascendencia de la alegría, así podremos aguantar, entender e incluso anticipar los periodos obscuros como tiempos para reunir fuerzas y para hacer el trabajo interior del alma, en la confianza de que la Luz vendrá de nuevo y de que estaremos listos para recibirla.

En las palabras que nos dejó el profeta Isaías, sólo la persona que ha caminado en una gran obscuridad conocerá la bendición y el poder de la luz. Es fácil dejar de lado una afirmación así, como si se tratase de un mero tópico sobado… pero sería un error hacerlo así. Es la obscuridad la que define la luz, sin la una, no conoceríamos a la otra.

Sólo quien ha transitado por la gran obscuridad aprecia la luz

Los días cercanos al solsticio de invierno son días de recogimiento. Cenamos más temprano, nos acostamos más temprano, dormimos hasta más tarde y vivimos en un mundo que se obscurecen cada vez más por el giro de la tierra. No somos abandonados a la obscuridad, necesitamos de la obscuridad para que nuestras propias almas definan la luz si es que alguna vez hemos de conocerla.

El concepto del Adviento no es distintivamente cristiano… cualquier periodo de preparación intencional es una clase de ‘adviento’… un venir- hacia… como lo explican las raíces latinas de la palabra. En cualquier momento en el que intencionalmente vamos hacia algo, nos preparamos para llegar ahí… ¡Si es que hemos de llegar ahí!

El don de la vida es, entre otras cosas, un movimiento cíclico de salir y entrar a periodos de luz y obscuridad de nuestro ser… los periodos buenos y los tiempos en los que el camino se torna particularmente escarpado. A veces tenemos tiempo de prepararnos para un periodo difícil, pero no generalmente. Pero si lo pensamos, el mensaje del Adviento está presente para cualquiera de nosotros en las velas simbólicas, son las luces de la esperanza, la paz, la alegría, el amor y la fe en la obscuridad. Son las mismas cosas que nos permitirán ver la obscuridad como un lugar en el que estos sentimientos humanos han de estar cercanamente vinculados con la fuente de la luz que adviene.

Debemos preguntarnos a nosotros mismos… hacia qué me muevo… cuál es mi adviento… y cómo puedo afrontarlo con la mayor sabiduría. Qué luz encontraré y si estaré listo para recibirla cuando la encuentre.

Una luz de adviento muy personal