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Dar a luz lo sagrado

26. marzo. 2009

Revdo Davidson Loehr

Davidson Loehr, ministro, Ph.D. (Traducción Francisco Javier Lagunes Gaitán) 31 de marzo de 2002, Primera Iglesia Unitaria Universalista de Austin, Texas


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Apertura

Este es uno de los dos periodos vacacionales religiosos oficiales del año, cuando mucha gente al despertarse debe tratar de recordar, otra vez, cómo encontrar una iglesia. Ambos periodos vacacionales, Navidad y la Pascua (domingo de resurrección), son casi festivales seculares. En los EUA, la Pascua es más rápidamente identificada con los conejitos de Pascua, los huevos coloridos y los conejos de chocolate que con cualquier mensaje religioso. Y como esas golosinas, las súperanunciadas vacaciones piden a gritos dulzura y nimiedades, una tarjeta de felicitación de Hallmark, nada demasiado pesado, tan solo un bombón de Pascua antes del almuerzo.

Ya que ésta también es una iglesia, hemos prometido buscar aquella clase de verdad de dos filos que es capaz, tanto de consolar a los afligidos, como de afligir a los cómodos.

Así que nos reunimos para ver cuán fieles podemos ser a nuestro llamado religioso, así como a los complejos y ambiguos símbolos de la Pascua. Es bueno estar juntos otra vez, porque…


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Invocación

Es un Tiempo Sagrado, este

Y un Espacio Sagrado, este

Un lugar para preguntas más profundas que las respuestas,

Una vulnerabilidad más poderosa que la fuerza,

Y una paz que sobrepasa todo entendimiento,

Es un Tiempo Sagrado, este.

Iniciémoslo juntos en una canción.

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Centramiento

Ofrezcamos una plegaria de Pascua.

Dios de nuestros anhelos ocultos, encuéntranos donde hemos muerto y restáuranos. Corazón del universo, sintamos de nuevo tu pulso dentro de nosotros. Sintámonos conectados otra vez con otros, con nosotros mismos, con nuestros propios corazones y almas. Espíritu de la vida, encuentra a nuestros espíritus e insufla vida dentro de ellos. Algo en nosotros, en nuestras vidas, en nuestro mundo, murió este año. Ayúdanos a traer el milagro de la resurrección aquí, ahora. Espíritu de la vida, Dios de nuestras almas interiores, corazón del universo, escucha nuestras plegarias, tócanos en aquellos lugares en los que la vida se ha ido, para que vivamos de nuevo. Y que seamos tus ojos, tus oídos y tus manos para alcanzar los sufrimientos de otros. Que seamos agentes de compasión y gracia en este mundo, frecuentemente demasiado severo y demasiado solitario. Ofrecemos esta plegaria con la esperanza de que incluso aquí, incluso ahora, el milagro de la resurrección pueda encontrarnos.

Amén.

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Sermón

Por todo este mundo el día de hoy, unos mil millones de cristianos volverán a contar la misma historia, de un hijo de Dios que fue crucificado y resucitó y quien, si creemos en el relato, puede ser nuestro salvador personal.

Cualquiera que hubiera vivido en el primer siglo habría conocido una buena cantidad de historias similares sobre dioses que murieron y luego resucitaron. Conocerían la historia de Dioniso, nacido de una virgen y del gran dios celeste Zeus, cuyos seguidores se reunían anualmente para comer carne y beber sangre, que simbolizaban la carne y sangre del dios muerto y creían que les impartían su espíritu. Conocían el relato egipcio de Isis/Ast y Osiris/Asir, en el que Osiris/Asir fue asesinado, resucitó mucho después, se apareó con Isis/Ast, quien dio nacimiento al bebé Horus. Todo el mundo conocía la imagen de Isis/Ast sosteniendo al bebé Horus: fue el modelo para las imágenes cristianas de la virgen María sosteniendo al bebé Jesús. Y la gente conocía las historias de otros dioses muertos y resucitados, incluyendo a Tammuz, o Adonis y Atis/Córibas.

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Todas estas historias pertenecían a un género literario nacido de la antigua visión científica del mundo de hace 2000 años, en la que la bienaventuranza estaba justo arriba sobre el cielo, el infierno justo bajo la tierra, y todo el universo era un asunto local. En semejante lugarcito, los dioses podían rutinariamente tener deportivos intercambios con las hembras humanas, y los cuerpos podrían bien regresar a la vida, o flotar hacia arriba del cielo para vivir por siempre.

De esta manera, por todo el mundo mediterráneo de hace dos mil años la gente también se reunió anualmente para volver a contar estos antiguos relatos.

Pero por todo el mundo actual —si bien en cantidades mucho menores— hay estudiosos bíblicos y religiosos que saben que éste era un mito. El mito no tenía nada que ver con el hombre Jesús, quien sin duda quedaría horrorizado por un relato que lo transformó en la figura de un salvador que habría enseñado que el reinado de Dios sería una cosa sobrenatural que supuestamente él traería a los fieles.

Así que hay una clase particular de tensión implicada al trabajar con símbolos y mitos antiguos del tipo de los relatos de Pascua. Esto significa que todo aquel que predique sobre estos mitos y símbolos el día de hoy debe decidir cómo manejarlos —cuán honestamente, cuán profundamente, cuán cuestionadoramente— además de cómo y cuánto respetarán a su audiencia. Esta es la clase de tensión que involucra predicar sobre las vacaciones populares empapadas en siglos de mito que popularmente resulta demasiado superficial para ser religioso.


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El tratamiento normal que se da a estos problemas consiste en ignorar el relato ultramundano y convertir palabras tales como “resurrección” en metáforas generales. Si están entre las diecisiete personas en Austin que leen las páginas de religión del periódico dominical, habrán visto que eso fue lo que hicieron los clérigos que escribieron ayer. Bob Lively dio a “resurrección” el significado de “amor”, y dondequiera que vio al amor florecer se regocijó en el milagro de la “resurrección”. Y el obispo Greg Aymond trató el asunto con una poca más de profundidad al hacer equivaler la “resurrección” a una renovación de la esperanza. Es también lo que yo hice en la plegaria de centramiento de esta mañana. Así que no me parece que sea algo inusitado. Pienso que es una pequeña parte de lo que necesitamos hacer con esta sobresaturación de símbolos.

Pero no es suficiente. Esto reduce el mensaje de la religión a la blandura de una tarjeta de felicitación de Hallmark. Y tiene el imperialismo arrogante del que los mejores pensadores cristianos han tratado de desprenderse —al reclamar esta experiencia humana común para el vocabulario cristiano.

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¡Vaya por Dios!: en el hinduismo llegaron al mismo punto de encontrar una reconexión donde daban por perdida la posibilidad de cualquier conexión, y no necesitan la noción cristiana de ‘resurrección’ para lograrlo. Ellos lo entendieron, dentro de la integridad orgánica del hinduismo, como que la realización de su ātman —de su alma individual— es desde luego una parte integral de Brahmā —el poder universal sustentador y creativo.

Los budistas pueden llegar a la misma clase de paz y entenderlo así de simple como un “despertar” de las ilusiones que los habían hecho más miserables hasta entonces. Y los naturalistas pueden expresar la misma experiencia de manera igualmente apropiada, aunque tal vez con menos poesía. “Siento mayor conexión con el mundo”, podrían decir. “Me sentí descolocado y desorientado, fuera de lugar, pero ahora me siento como una parte legítima de la totalidad gloriosa del mundo alrededor de mí, y me siento menos ansioso, más pleno. La vida es mejor ahora”. Así que objeto ambos tratamientos, tanto el oportunista superficial, como el de la arrogancia teológica de pretender que la ‘resurrección’ es un concepto necesario, en vez de uno meramente cristiano.


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Hay otro camino para cruzar este pantano simbólico, igual de antiguo. Exige más de nosotros, y se deshace de la capa de azúcar tradicional en que las vacaciones populares están inmersas. Pero pienso que nos podría llevar a una reflexión más seria y podría impartirnos, a nosotros y a nuestro tema, más orgullo. Se trata de hacer la distinción entre la religión de Jesús y la religión sobre Jesús. Los estudiosos se han percatado de esta distinción por mucho tiempo, pero usualmente la esconden tras algunas palabras en clave para iniciados:

  • Algunos hablan del “Jesús de la historia” contra el “Cristo de la fe”;

  • Otros hablan de “Jesús” contra “el Cristo”;

  • O del “Jesús pre-Pascua” y el “Jesús post-Pascua”.

Todas estas clases de palabras en clave se refieren al hecho de que las religiones, los mensajes del Jesús de la historia fueron salvajemente diferentes de los mensajes atribuidos al “Jesúcristo” de la fe tradicional. Pero como es embarazoso decirlo, tanto los maestros como los predicadores religiosos han colaborado en una conspiración de silencio por muchos siglos para mantener estas distinciones tan dañinas (o provocadoras de pensamientos) lejos de tus tiernos oídos.

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Ustedes saben más de la religión sobre Jesús, que es conocida sólo como cristianismo. Ofrece enseñanzas de un Jesús sobrenatural que de alguna manera fue el hijo de Dios, quien realizó sorprendentes milagros, fue asesinado, luego “se levantó” de entre los muertos, según la enigmática frase de los autores del Nuevo Testamento. La mayoría de los estudiosos bíblicos que conozco tienen claro que ningún escritor del primer siglo quiso dar a entender literalmente la resurrección de un cadáver. La interpretación generalizada sobre esta cuestión es que decir que Dios “levantó” a Jesús significa que lo que Jesús enseñó sobre el reinadó de Dios era correcto.

Comparto esta convicción. No fue original, pero sí profunda, tanto entonces, como ahora. Así que esta Pascua quiero traerles el mensaje de Jesús para que luego decidan por ustedes qué clase de Pascua les enorgullecería intentar y celebrar. En otras palabras, mi táctica aquí es tomar las tensiones intrínsecas a los símbolos de la Pascua y pasárselas, de manera que puedan sentir la tensión, y puedan decidir qué estilo y profundidad de ‘Pascua’ quieren celebrar. No se preocupen: el sufrimiento, según he escuchado, puede ser terapéutico.


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La religión de Jesús

La religión de Jesús fue tan diferente de las enseñanzas tradicionales del cristianismo como puedas imaginarte. Pero para entenderla, tienes que entender la clase de mundo en el que nació Jesús.

Irónicamente, la Galilea del primer siglo tenía mucho en común con nuestra sociedad actual —más de lo que tenía en común con los EUA de hace cincuenta años. Tres siglos de invasiones, por los ejércitos de Alejandro Magno (356AEC-323AEC) y las subsiguientes legiones romanas, habían destruido todos los centros de culto y templos que habían dado estabilidad a una buena variedad de comunidades étnicas y religiosas. Para el primer siglo no había un centro compartido, ni una identidad colectiva. Galilea estaba llena de gente que no constituía “un pueblo”.

Las leyes sociales o las restricciones alimenticias de un grupo —los judíos, por ejemplo— resultaban extrañas o nada atractivas para otros grupos cercanos —los griegos, por ejemplo. Incluso el simple trato social era más difícil de lo que nos resulta a nosotros hoy. Una familia griega invita a la tuya para el equivalente del primer siglo de una barbacoa. Dado que ustedes son importantes para ellos, invierten dinero extra para comprar algo de mariscos y carne de cerdo de primera calidad. Pero como ustedes son judíos, sus leyes alimenticias les prohíben comer mariscos y carne de cerdo.

En docenas de maneras, Galilea era una tierra del caos, donde las perspectivas de llegar a formar ‘un pueblo’ a partir de este desorden disparatado estaban en alguna parte entre escasas y nada.

En tiempos así de caóticos, parece haber dos clases de soluciones propuestas, así se propusieron aquí. La primera fue la más extrema, propuesta por Juan el Bautista. Juan pensó que la situación era imposible ya de arreglar. Ni siquiera Dios podría resolverlo, pensó él. Así que la única respuesta era que Dios iba a destruir todo el mundo, a aniquilar a todos en él —bueno, excepto a aquellos que creyeran en lo mismo que Juan el bautista creía, desde luego— y así empezar de nuevo.


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Juan contaba con una creciente y ferviente multitud que se reuniría al este del Jordán para esperar el signo del fin del mundo, cuando se suponía que actuarían contra los romanos.

Si conoces algo sobre los romanos, sabrás que esta no era una táctica muy inteligente. Ellos fueron muy eficientes, los romanos. No hubieran gastado 60 mil millones de dólares para bombardear mil millas cuadradas de montañas con la esperanza de matar a 7 u 8 civiles. En vez de esto, ellos capturaban a la cabeza del movimiento y lo mataban.

Pero el asesinato de Juan el Bautista fue devastador para sus seguidores. Significó que el mensaje de Juan, el entendimiento que Juan tenía sobre lo que era ‘el reinado de Dios’, era erróneo. De otro modo, Dios no hubiera permitido que Juan muriera así. Tal era el pensamiento sobrenatural, o supersticioso, del primer siglo.

Juan el bautista fue mentor y maestro de Jesús. Jesús fue uno de sus seguidores. Y no mucho después del asesinato de Juan, Jesús aparece por primera vez como líder carismático, muchos de los anteriores seguidores de Juan lo siguieron.

Pero el mensaje de Jesús era muy, muy diferente. La solución de Juan había sido esperar que un ente sobrenatural arreglara el mundo por medio de destruirlo. La noción de Jesús del Reinado de Dios no implicaba una acción por parte de una entidad sobrenatural. Jesús pensó que debíamos recuperar el mundo fragmentado arreglándolo.

Lo que definía todas las líneas de enemistad entre los diferentes grupos eran las reglas de identidad de cada grupo —reglas que los hacían especiales sólo a través de convertir a los otros en inapropiados. Jesús enseñó que la gente debía desobedecer y subvertir las identidades excluyentes. Él y sus seguidores mendigaban sus alimentos diarios —un poco de este mendigar se hizo famoso como parte del ‘Padre Nuestro’. “Come lo que se pone ante ti”, instruyó a sus seguidores judíos. ¡Si los griegos te ofrecen marisco o cerdo, cómelo! ¡No permitas que ninguna autodefinición, inclusive tu identidad como judío, te separe de otros!

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Solo una identidad era permisible en la noción de Jesús del Reinado de Dios: se nos ordenó vernos mutuamente solamente como hermanos y hermanas, como hijos de Dios. Una y otra vez él frustró a sus seguidores más supersticiosos, quienes todavía esperaban que continuara las enseñanzas de Juan el Bautista. No: el Reinado de Dios no es algo que venga a la sazón. No puedes señalarlo y decir “aquí y allí”. Ya está aquí, dentro y entre ustedes. O como lo dijo él en el Evangelio de Tomás, el reinado de Dios se extiende sobre la tierra y los humanos no lo ven. Está todo aquí —al menos potencialmente— y nosotros no tuvimos, o no tenemos, ojos para verlo u oídos para escucharlo. ¡Cuántas veces les dijo a sus discípulos que no lo habían entendido!

No hay magia aquí, ni la intervención de nadie. Dios ya hizo su parte. La pelota está en nuestra cancha, y Dios espera que actuemos para traer el Reinado de Dios a la tierra. Y lo hacemos simplemente al cambiar nuestros corazones y nuestras acciones hacia los otros. Punto. Amén. Fin del sermón, fin de la religión. Jesús nunca prometió el cielo, ni amenazó con el infierno. Él no habló de una vida después de la vida, sólo de ésta. Y él no habría dejado que la gente se quedara con la creencia de que podían esperar pasivamente que una deidad sobrenatural arreglara las cosas.

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La negación de Jesús

Todos los estudiantes de las escrituras cristianas conocen esta frase que se refiere a su apóstol Pedro, quien pareció categóricamente incapaz de entender el mensaje de Jesús. Fue a Pedro, recordemos, a quien Jesús dirigió su frase más furiosa: “Quítate de mi vista, Satanás” (Marcos 8.33), Pedro, como la mayoría de (o tal vez todos) los discípulos de Jesús, quería escucharlo predicar el mensaje claro y definido del fin-del-mundo de Juan el Bautista, y no quería escuchar que este emocionante reinado sobrenatural de sus expectativas sería reemplazado por una clase muy terrenal de mundo en el que ellos simplemente debían convertirse en agentes activos del amor, en vez de en profetas poseedores de superioridad moral para predicar la destrucción masiva a la que solo ellos sobrevivirían.

El estudioso católico Thomas Sheehan lo ha expresado de una manera acertadamente crítica cuando dice que “Pedro continuó su negación de Jesús con la creación del cristianismo”. El cristianismo comenzó como una religión de reversión hacia la fórmula pagana de la salvación por una deidad sobrenatural que demandaba de nosotros sólo que creyéramos el relato y siguiéramos a los líderes. Esta era precisamente la imagen contra la cual Jesús predicó en su ministerio.


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Pablo, el inventor del cristianismo

La mayoría de los estudiosos del Nuevo Testamento que conozco [el autor es integrante del grupo de estudio académico de los documentos sobre Jesús de los 3 primeros siglos, Jesus Seminar] están de acuerdo en que la versión del cristianismo que terminó siendo adoptada como normativa fue desarrollada, en su forma y mensaje por Pablo. Pablo nunca conoció a Jesús, y parece no haber conocido las enseñanzas —ya que nunca menciona ninguna— sobre la noción central de Jesús del Reinado de Dios. En cambio, Pablo enseñó, más a la manera en que Juan el bautista lo hizo, que el fin del mundo estaba por llegar y que Jesús el Cristo sería la salvación de los fieles de una manera sobrenatural.

Siento, con muchos otros, que Pablo reemplazó la mundana religión de responsabilidad de Jesús, con una religión simplista sobrenatural moldeada a partir de los cultos paganos en boga, especialmente los cultos griegos del misterio —y más particularmente del culto del mitraísmo. Y siento que la crucifixión real de Jesús no vino de los romanos, sino de Pedro, Pablo y de quienes establecieron lo que llegó a ser el cristianismo normativo.

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Muchos otros se han percatado de esto, y muchos otros se han sentido furiosos y traicionados sobre esto. Uno de ellos fue el novelista griego Nikos Kazantsakis (1883-1957). Puede que conozcan, ya sea su libro, o la película basada en el libro de La última tentación de Cristo. En este libro, el autor crea una iracunda y maravillosa escena imaginaria entre Jesús y Pablo. Cuando Jesús se encuentra al inventor del cristianismo, Jesús le dice, ¡Tú! Así que tú eres el que ha inventado todas esas cosas sobre mí. ¡No son ciertas! La respuesta de Pablo es básicamente: ¡Oh! ¿Así que tú eres Jesús? Gusto en conocerte, ¿A quién le importa? Le di a la gente la religión que ellos necesitaban, y no te necesitan.

Conozco a estudiosos paulinos que piensan que el retrato de Kazantzakis sobre Pablo es tan preciso como es posible. Incluso los defensores de Pablo (y tiene muchos) usualmente reconocen su megalomanía.

Hay incluso reacciones más extremas contra la traición de la religión de Jesús por la religión sobre Jesús. Tal vez la más famosa, y mi favorita, proviene de un libro de Fiódor M. Dostoievski (1821-1881), Los hermanos Karamazov, en el capítulo titulado “El gran inquisidor” aparece Jesús en el tiempo de la inquisición, y representa esta sorprendente —y de nuevo, iracunda— escena entre Jesús y el Gran Inquisidor, en la que Jesús no dice nada. Pienso que Dostoievski entendió perfectamente la religión de Jesús aquí, y pienso que su ira hacia la religión inventada sobre Jesús atina bastante cerca del blanco también:
Sello de la Inquisición Española

Tú les prometiste el pan del cielo. ¿Crees que puede ofrecerse ese pan, en vez del de la tierra, siendo la raza humana lo vil, lo incorregiblemente vil que es? Con tu pan del cielo podrás atraer y seducir a miles de almas, a docenas de miles, pero ¿y los millones y las decenas de millones no bastante fuertes para preferir el pan del cielo al pan de la tierra? ¿Acaso eres tan sólo el Dios de los grandes? Los demás, esos granos de arena del mar; los demás, que son débiles, pero que te aman, ¿no son a tus ojos sino viles instrumentos en manos de los grandes?… Nosotros amamos a esos pobres seres, que acabarán, a pesar de su condición viciosa y rebelde, por dejarse dominar. Nos admirarán, seremos sus dioses, una vez sobre nuestros hombros la carga de su libertad, una vez que hayamos aceptado el cetro que — ¡tanto será el miedo que la libertad acabará por inspirarles! — nos ofrecerán. Y reinaremos en tu nombre, sin dejarte acercar a nosotros. Esta impostura, esta necesaria mentira, constituirá nuestra cruz.

Hay sobre la tierra tres únicas fuerzas capaces de someter para siempre la conciencia de esos seres débiles e indómitos —haciéndoles felices — : el milagro, el misterio y la autoridad. Y tú no quisiste valerte de ninguna. El Espíritu terrible te llevó a la almena del templo y te dijo: “¿Quieres saber si eres el Hijo de Dios? Déjate caer abajo, porque escrito está que los ángeles tomarte han en las manos.” Tú rechazaste la proposición, no te dejaste caer. Demostraste con ello el sublime orgullo de un dios; ¡pero los hombres, esos seres débiles, impotentes, no son dioses! Sabías que, sólo con intentar precipitarte, hubieras perdido la fe en tu Padre, y el gran Tentador hubiera visto, regocijadísimo, estrellarse tu cuerpo en la tierra que habías venido a salvar. Mas, dime, ¿hay muchos seres semejantes a ti? ¿Pudiste pensar un solo instante que los hombres serían capaces de comprender tu resistencia a aquella tentación? La naturaleza humana no es bastante fuerte para prescindir del milagro y contentarse con la libre elección del corazón, en esos instantes terribles en que las preguntas vitales exigen una respuesta. Sabías que tu heroico silencio sería perpetuado en los libros y resonaría en lo más remoto de los tiempos, en los más apartados rincones del mundo. Y esperabas que el hombre te imitaría y prescindiría de los milagros, como un dios, siendo así que, en su necesidad de milagros, los inventa y se inclina ante los prodigios de los magos y los encantamientos de los hechiceros, aunque sea hereje o ateo. […]

Y te repito que mañana, a una señal mía, verás a un rebaño sumiso echar leña a la hoguera donde te haré morir, por haber venido a perturbarnos. ¿Quién más digno que Tú de la hoguera? Mañana te quemaré. “.

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El Gran Inquisidor de Dostoievski y el Pablo de Kazantsakis son importantes para leerlos y enseñarlos, porque se cuentan entre las voces educadas que no han sido parte de la conspiración del silencio. Presentan el contraste entre las enseñanzas difíciles del hombre Jesús —la religión de Jesús—, por un lado, y las inconmensurablemente más fáciles enseñanzas del cristianismo —la religión sobre Jesús, por el otro. Y su ira no proviene de una falta de sensibilidad religiosa, sino más bien de la abundancia de ésta. Están furiosos porque creen, como yo, que una religión menor (el cristianismo) desplazó a una religión grandiosa (la religión de Jesús). Esto nunca será repetido con excesiva frecuencia ni lo suficientemente al grano: En oposición directa a las enseñanzas de Jesús, el mito del ‘Cristo’ condujo a la gente a un retroceso hacia la creencia pagana y primitiva en la salvación a través de la expiación vicaria por un dios salvador sobrenatural que rescataría a la gente y la exoneraría, y que tan solo exigiría a cambio su obediencia irreflexiva. Las enseñanzas de Jesús —hasta el punto en que fueron alguna vez entendidas— resultaron demasiado difíciles. Debía haber una ruta más simple y menos dolorosa si es que el cristianismo habría de ser la fe universal que visualizaban algunos partidarios fanáticos como Pablo —aunque, en el proceso, traicionaron todo aquello que Jesús consideró sagrado.

En el tiempo de Jesús resultaba poco comedido exigir tanto de la gente —de gente que parece preferir el milagro, el misterio y la autoridad antes que hacerse cargo de su vida y sus circunstancias, y asumir su responsabilidad. Él fue rudo. Sus propios discípulos no lo entendieron, y Pedro, como es ampliamente conocido, no quería escuchar esto. Si la gente quiere milagro, misterio y autoridad, Jesús ciertamente no les ofreció mucho.

Él dijo que Dios hizo su parte y que ahora era su turno de actuar.

El cristianismo —la religión sobre Jesús— es en última instancia demasiado fácil. No es digna y merecedora de alguien llamado un hijo de Dios. No es digna de aquellos que podrían considerarse gente de Dios. No es un camino espiritual que cualquier Dios que valga la pena hubiera señalado con urgencia. Fue la creación de Pablo y otros hombres, pero no de un profeta o sabio de primer orden.

Pero sí que hubo un profeta y sabio de primerísimo rango implicado en esta historia. Era un judío marginal y simple de Galilea que hemos aprendido a llamar Jesús. Él enseñó un camino estrecho, no uno amplio, y predicó un Reinado de Dios que nosotros, y solo nosotros, podríamos hacer presente en la tierra tan pronto, o tan tarde, como encontremos el valor de actuar como hijos de Dios, de ver a todos los demás como hijos de Dios, y de actuar en consecuencia. Puede suceder en cualquier momento, aquí y ahora. Puede suceder en Israel, si las dos partes cambian el centro de su fe. Puede suceder en Irlanda del Norte, si ambas partes dejan de definirse a sí mismas como protestantes y católicos, y en cambio se definen sólo como hermanos y hermanas. Puede suceder en Austin, puede suceder en tu vecindario, y en tu vida.

Pero solamente si crees. No, no tienes que creer en nada sobrenatural, no tienes que creer en nada a lo que no encuentres un sentido. Tú tienes que creer que la única identidad de la que la gente adulta religiosa debería estar orgullosa es la identidad de verse a sí mismos y a los otros como hermanos y hermanas, e hijos de un Dios de amor. Sólo eso.

Hoy, hemos traducido la promesa y el mandamiento en flores, flores para que se lleven a casa y reflexionen sobre ellas*. Cositas pequeñas y frágiles de gran belleza y vulnerabilidad, tan frágiles como la paz, tan frágiles como el amor. Llévenselas a casa. Las flores están en sus manos. Así también está la esperanza de tu vida, y el futuro del mundo. Aquellas palabras difícilmente parecen adecuadas, sin embargo. Algo más poético y poderoso se requiere. Jesús lo llamó el Reinado de Dios. Esto es mucho mejor, y más cercano.

La esperanza del Reinado de Dios está en nuestras manos, como siempre ha estado. El sueño ha yacido sin roturar por mucho tiempo. Muchos dirían que ha muerto. Es la Pascua, y el sueño está en nuestras manos. Pensemos en resucitarlo.

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flor de pascua

*Esta iglesia celebra una Comunión Floral el domingo de Pascua. Se pide a la gente que traigan una flor, que se deposita en canastas. Al final del servicio, se llevan al frente de la iglesia las canastas con flores y la gente toma una para llevarla consigo a su casa.

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Midrash: Una tradición abierta para leer e interpretar la Biblia

16. marzo. 2009

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¿Qué es un midrash[*]?
Peter Pitzele
(Trad.
Francisco Javier Lagunes Gaitán)
Living Text # 1, pp 2-3

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CUANDO DIOS SE DEDICÓ A CREAR la obra incomparable que ahora conocemos como la Biblia, hubo una grande y entendible curiosidad entre las huestes celestiales sobre su contenido y su forma. Dios nunca antes había puesto una obra por escrito. Así que las especulaciones fueron, desde luego, abundantes, todas las posibles categorías de la composición literaria fueron creadas por los ángeles, mientras esperaban impacientes la publicación de la magna obra de Dios.

Algunos decían que sería un poema de dimensión épica, algunos decían que seguiría el patrón de un relato, debido a que lo que Dios escribe o dice debe ponerse de manifiesto en uno de los ámbitos de la potencialidad Divina. Otros decían que casualmente habían escuchado reír a Dios, así que dieron por hecho que escribía una gran comedia.

Y hubo otros aún –y algunos de éstos estaban de lo más próximos al estudio celestial al que Dios se retiró para escribir– que sostenían que a veces escuchaban gemir a Dios, y más de una vez, sollozar ruidosamente y lamentarse. Por lo tanto, decían ellos, debe tratarse de una tragedia. Algunos sostenían que cualquiera que fuese la obra debería ser llamada ficción, ya que cualquier cosa que proviniese de la mente cósmica sería una invención de la imaginación Divina, y por eso mismo, irreal, aunque había, desde luego, otros más que tomaron la dirección opuesta y decían que Dios era el alma misma de la ciencia y que cualquiera de sus redacciones expresaría las leyes del universo.


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Un midrash[*] feminista
(a propósito del Sacrificio de Isaac,
según Génesis 22)

Por Marion McNaughton

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Y con un corazón apesadumbrado fue Abrahán con su esposa Sara y le dijo: “Dios me ha dicho que tome a nuestro hijo Isaac, aquel a quien amamos, y lo sacrifique como ofrenda propiciatoria”.

Y Sara dijo: “Una jugada audaz, esta Dios no es ninguna tonta. Esa es la manera en que te está probando. ¿Qué le respondiste a Ella?

Y Abrahán replicó, “No dije nada. Quiero que Dios sepa que le obedeceré sin preguntar. Haré lo que Él manda”.

Y Sara alzó sus manos en desesperación y dijo: “Abrahán, eres un tonto cabeza hueca. ¿Con qué clase de Dios piensas que estás tratando? ¿Qué clase de Dios querría que asesinaras a tu propio hijo para probarle qué tan religioso eres? ¡No seas tan estúpido! Ella está tratando de enseñarte algo: que debes retar aún a la más alta autoridad y cuestionarla sobre el bien y el mal. ¡Discute con Ella, lucha contra Ella!” Pero las palabras de Sara sonaron para Abrahán como blasfemia, y se fue a las montañas con su hijo Isaac.

Y Sara le dijo a Dios, “Hermana, estás jugando con fuego. Mi esposo es demasiado estúpido para entender lo que estás tratando de mostrarle, él no escuchará mis palabras y no te va a desafiar; si no lo detienes, matará a nuestro precioso hijo ¿es eso lo que quieres?”

Y Dios dijo, “Sara, ellos tienen por delante un largo viaje hasta las montañas; espero que alguno de los dos tenga sentido común”.

Y Sara dijo, “Como es el padre es el hijo. Tendrás que enviar un ángel”.

Y sucedió como Sara dijo, y el ángel de Dios habló a Abrahán y le dijo que no matara a su hijo. Y Abrahán sacrificó un carnero como ofrenda propicia. Y el ángel de Dios habló a Abrahán por segunda vez y le dijo que su progenie sería tan numerosa como las estrellas en el firmamento y que poseería las puertas de sus enemigos. Y el ángel de Dios habló a Abrahán por tercera vez y le dijo “porque estuviste dispuesto a matar a tu propio hijo en el nombre de tu Dios serás conocido como un gran patriarca y millones seguirán tu ejemplo. Y creerán que Dios es un Dios celoso y demandante, y estarán dispuestos a sacrificar a sus hijos en su nombre y para su gloria. Y habrá derramamiento de sangre y matanzas en todos los confines de la tierra”.

Y Abrahán regresó a su esposa Sara y dijo, “Dios está complacido conmigo por lo que seré un patriarca poderoso”

Y Sara no dijo nada. Pero tomó las vestiduras de Abrahán e Isaac que estaban manchadas con la sangre del carnero, y las llevó al río para lavarlas. Y el río se tiñó de rojo con la sangre de generaciones por venir, y Sara lloró amargamente.

Y Dios vino a Sara a la orilla del agua y dijo, “Hermana mía, Sara, no llores. Estabas en lo cierto. Tomará tiempo. Mientras tanto, mantente firme en lo que sabes de mí y dilo audazmente. Yo soy como tú sabes. Muchas generaciones pasarán y un nuevo conocimiento vendrá a los hijos de Abraham, pero hasta entonces Seré tergiversada y desoída, excepto por unos cuantos. Debes mantener viva Mi verdad”

Y Sara se secó los ojos, recogió las vestiduras lavadas y dijo, “Como si no tuviera suficientes cosas que hacer…”

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[*] Midrash es un método usado por los rabinos para explicar historias bíblicas, con el cual logran un gran entendimiento de los relatos bíblicos al expandirlos. El Instituto para el Midrash Contemporáneo (The Institute for Contemporary Midrash: www.icmidrash.org) lo explica de esta manera: “el Midrash llena las grietas… pone carne sobre los huesos… reinterpreta historias y personajes… da voz a aquellos quienes en el relato carecen de voz.” El midrash sobre Génesis 22, fue escrito por Marion McNaughton, integrante de la Sociedad de los Amigos, (The Society of Friends), cuáqueros, grupo religioso de tradicional pacifismo.


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Los unitarios y el Miércoles de Ceniza

25. febrero. 2009

Tomado del blog: Ministrare del Revdo. Sean Parker Dennison

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Hace algunos años aprendí una valiosa lección sobre el ministerio. Pasamos varios meses enfocándonos en temas ‘positivos’: la alegría, el amor, la esperanza… Salió bien.


Pero luego decidimos, como congregación, dedicar un mes a enfocarnos en ‘los quebrantos’. El resultado fue sorprendente y asombroso, profundo, vulnerable y catalizador para mucha de nuestra conversación y posteriormente, para nuestra acción.


Me hizo darme cuenta de que hay una razón para que existan días como el Miércoles de Ceniza. Los seres humanos debemos aprender a reconocer nuestros defectos y limitaciones. Es un alivio que nos recuerden que somos humanos y que, como todos los demás, cometemos errores. No se trata sólo de que tengamos deficiencias en nuestro carácter moral que podamos y debamos atender. Y de que no estamos solos en esto.


Estas deficiencias, estas limitaciones y defectos —son una fuente de sufrimiento. También el sufrimiento es humano. En nuestra cultura, en la que parece como si se nos exigiese constantemente ocultarnos tras la apariencia de perfección, se siente bien liberarse de esto por un momento y aceptar la mancha de ceniza sobre nuestra frente. También somos pecadores.


La ceniza está hecha con las palmas del Domingo de Ramos lo que es otro bello recordatorio. Los días de alegría y triunfo están íntimamente vinculados con los días de pena y dolor. Así son las cosas de la vida.


Así que, amig@s mí@s. Bienvenid@s al Miércoles de Ceniza.

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Jesús fue humanista

28. enero. 2009

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Dado el 14 de noviembre de 2004, por la Reverenda Victoria Weinstein en la
Iglesia Unitaria Universalista de la Primera Parroquia de Norwell, Massachusetts
(Trad. Francisco Javier Lagunes Gaitán)

http://www.firstparishnorwell.org/sermons/jesus.html

Stuart Twite, la Revda. Victoria Weinstein, Mary Mercier y Deanna Rileyn

De izquierda a derecha: Stuart Twite, la Revda. Victoria Weinstein, Mary Mercier y Deanna Rileyn

Lectura: Meeting Jesus Again For the First Time [Encontrar de nuevo a Jesús, por primera vez] de Marcus Borg Adaptado de las págs. 33-36

El Jesús histórico fue una persona del espíritu, una de esas figuras en la historia humana con una conciencia basada en su experiencia personal de la realidad de Dios. La expresión más antigua, semitécnica es hombre santo, pero persona del espíritu parece mejor. Las personas del espíritu son conocidas a través de las culturas. Son gente que tiene experiencias vívidas y subjetivas de otro nivel o dimensión de la realidad. Estas experiencias implican una entrada momentánea en estados de conciencia fuera de lo ordinario y toman un número de formas diferentes. A veces hay la vívida sensación de ver momentáneamente dentro de otro estrato de la realidad; esta es la experiencia clásica del shamán. A veces hay la fuerte sensación de que otra realidad te sale al encuentro, como en la antigua expresión, ‘El Espíritu cayó sobre mí’ [hoy vertida más comúnmente como ‘El Espíritu se posesionó de mí’]. A veces la experiencia es de la naturaleza o de un objeto dentro de la naturaleza que es momentáneamente transfigurado por ‘lo sagrado’ que resplandece a través de éste.

Lo que comparten todas las personas que tienen estas experiencias de que hay algo más en la realidad que el mundo tangible de nuestra experiencia ordinaria. Las personas del espíritu son gente que experimenta lo sagrado vívidamente y con frecuencia.

…La visión moderna del mundo, derivada de la Ilustración, ve la realidad en sus términos materiales, como constituida por la materia y la energía en el continuo espacio-tiempo. La experiencia de las personas del espíritu sugiere que habría más que esto en la realidad –que habría, además del mundo tangible de la realidad ordinaria, un nivel de realidad inmaterial, real pese a su inmaterialidad y cargado con energía y poder.

Lo que es más, Esta otra realidad, es importante insisitir en ello, no sería ‘en alguna otra parte’. Sino más bien estaría todo alrededor de nosotros y nosotros estaríamos en ella. … Jesús fue una persona del espíritu.

El Evangelio según Mateo, 5:38-48 versión Dios Habla Hoy

“Ustedes han oído que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente.’ Pero yo les digo: No resistas al que te haga algún mal; al contrario, si alguien te pega en la mejilla derecha, ofrécele también la otra. Si alguien te demanda y te quiere quitar la camisa, déjale que se lleve también tu capa. Si te obligan a llevar carga una milla, llévala dos. A cualquiera que te pida algo, dáselo; y no le vuelvas la espalda al que te pida prestado.

“También han oído que se dijo: ‘Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo.’ Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, y oren por quienes los persiguen. Así ustedes serán hijos de su Padre que está en el cielo; pues él hace que su sol salga sobre malos y buenos, y manda la lluvia sobre justos e injustos. Porque si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué premio recibirán? Hasta los que cobran impuestos para Roma se portan así. Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? Hasta los paganos se portan así. Sean ustedes perfectos, como su Padre que está en el cielo es perfecto.”

Estos son los dichos de Jesús.

EL SERMÓN

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Tenía como 6 años, creo, cuando fui a ver el musical “Godspell” en Broadway. La mejor amiga de mi madre, Phoebe Rizos, me llevó junto con todo su grupo parroquial. Fue totalmente confuso para mí, esta suerte de payasos circenses que brincaban y cantaban alrededor, todos ellos parecían querer ser los mejores amigos de un tipo de pelo crespo y rojo que usaba tirantes arco iris y una camisa de Supermán. Estuve sentada y muy atenta durante las canciones “Day by Day” y “O Bless the Lord My Soul”, incluso aunque no entendía las letras, que tomaron  –ahora lo sé– del Evangelio de Mateo. Nunca había escuchado el Evangelio de Mateo, ni nada de la Biblia. Era una niñita unitaria.

Me gustó bastante el espectáculo, aunque también me desconcertó, sólo al llegar el momento culminante en el que los payasos tomaron a su amigo de los tirantes arco iris y lo colgaron con los brazos abiertos sobre una especie de malla metálica. Ataron sus muñecas a la malla con una cinta roja y se le veía muy triste. Las cosas se pusieron espeluznantes y muy malas muy pronto. Cantó, Oh Dios, me muero. Oh Dios me muero.

Y sus amigos cantaron, Oh, Dios, te mueres… Y mi corazón se congeló. Entónces él cantó, Oh, Dios, estoy muerto y cantaron, también muy tristemente, Oh, Dios, estás muerto…

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Y había ese órgano que tocaba… y él dejaba caer su cabeza con flacidez, nunca había estado tan asustada en mi vida. Pero los amigos siguieron cantando. Y comenzaron a cantar esta frase, mientras lo veían hacia abajo desde la malla y cargaban su cuerpo a hombros, cantaron, “Larga vida a Dios, larga vida a Dios, larga vida a Dios (mientras caminaban con él), larga vida a Dios”.

La música incrementó su ritmo poco a poco  y algunos de los hombres comenzaron a cantar una frase con lo que habían sido las primeras palabras de la obra: “¡Preparen el camino del Señor!” Los payasos siguen entrelazando ambas frases cantadas al llevar el cuerpo flácido de su amigo por sobre sus cabezas hacia las puertas del teatro. Esta fue absolutamente la cosa más terrible que había visto en mi vida.

Todavía recuerdo lo extrañada que me sentía, me preguntaba qué estaba mal en mí, dado que todos los demás en el teatro parecían estar tan a gusto, incluso parecían ilusionados. Pero justo en ese momento las púertas del teatro se abrieron de golpe mientras el baterista aceleraba el ritmo y todos los actores bailaron alegres por el escenario mientras aplaudían y gritaban con regocijo al cantar, “¡Preparen el camino del Señor!” ¡Tambores! ¡Panderetas!

“¡Oh, Dios mío!”, pensé. “¡Esta gente está loca! ¡Mataron  a su amigo y ahora cantan y bailan!” Ni Phoebe Rizos, ni varios animadores pudieron convencerme de levantar mis manos del asiento en ese teatro, incluso mucho tiempo después de que se había vaciado y las luces estaban prendidas. Quería asegurarme de estar a salvo de esos maniacos. Me puse muy mal en el coche y regresé temblando a casa, nunca hablé de esto con nadie.

Y este fue mi primer contacto con Jesús.

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Podrán ahora imaginarse por qué mantuve mi distancia por un muy largo tiempo después de eso. Nadie en mi hogar tenía algún interés en, ni la paciencia con, aquellas historias o esa religión. Cuando mi abuela venía a visitarnos, entraba al dormitorio de mi hermana y mío para darnos el beso de las buenas noches y clandestinamente bendecirnos en la frente con agua bendita que le había dado un sacerdote ortodoxo ruso. De repente mi padre aparecía a la puerta. “Anne, no les hagas ese vudú a mis hijas”, le decía y ella apresuradamente se guardaba en el bolsillo el frasquito de agua bendita. Nunca supe, hasta muchos años después que mis abuelos ortodoxos rusos habían estado muy descontentos con mi madre por haberse comprometido con un hombre judío. Así que mamá y papá acudieron a la iglesia unitaria en Binghamton para casarse, debido a que el sacerdote de mi madre se negó a permitir semejante matrimonio en su santuario. 1

Cuando visitaba a mis abuelos maternos siempre pasaba largos ratos dedicada a contemplar al Hombre de los Sufrimientos que tenían por toda la casa. Estaba en el calendario de la cocina con una corona de espinas puesta. Estaba en una placa en el vestíbulo, vestía una toga blanca suelta y estaba rodeado de niños y corderos. Estaba encima de la cama, colgaba en la cruz, una imagen que me alteraba tanto que la quitaba de la pared cuando iba de visita. ¿Cómo podría dormirme debajo de una imagen semejante? Ocultaba cuidadosamente el crucifijo en el cajón del buró y esperaba que mi abuelita no se diera cuenta. A la mañana siguiente, antes de que hiciese la cama, ya estaría de vuelta en su lugar. Lo volvería a ocultar una y otra vez. Mi abuela nunca mencionó nuestra pequeña rutina.

Todavía siento respeto por mi reacción infantil hacia la violencia que algunas versiones del cristianismo han sentido que define la vida y el ministerio de Jesús. Todavía hoy en día no puedo pasar frente a una imagen del crucifijo sin sentirme profundamente perturbada e inquieta por ella y por lo que representa. La cruz vacía es totalmente otro símbolo, del que hablaré un poco después, pero quería decirles que mi imagen favorita de Jesús hoy cuelga de la pared de mi estudio en la casa parroquial. Se llama “El Cristo sonriente” y muestra a un Jesús guapo, saludable y lleno de vida que me mira directamente con gran alegría. Ese es mi Jesús. No creo que el Jesús real fuera tan buen mozo, ni que tuviese tan perfecta dentadura, pero amo su carisma evidente y su alegría de vivir.

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Cuando lo pienso en retrospectiva me doy cuenta de que siempre me he sentido atraída por ese personaje, Jesús, que es por lo que yo estaba tan, pero tan enfadada e indignada durante tantos años con la mayoría de las versiones de su religión, que instintivamente sentía que no podían ser congruentes con lo que vivió y sintió. Me mantuve alejada de todo lo que fuera cristiano, e incluso me ponía tensa cuando cantábamos música sagrada en los coros a los que pertenecía. Otros en mi comunidad me definían como judía, incluso a pesar de que asistía a una iglesia unitaria universalista –y eso no era una cosa buena en mi pueblo, que tenía cierta propensión al antisemitismo– y esto además de mi ira y resentimiento hacia el llamado cristianismo. Se me ponían los pelos de punta ante las varias menciones de éste y reaccionaba con apasionada indignación cuando alguien que conocía trataba de evangelizarme. Todo ese asunto me parecía estúpido.

Me tomó desprevenida, entonces, cuando una amiga mía wiccana me miró con cierto grado de impaciencia y me dijo, “¡Para ser alguien que obviamente no sabe nada sobre lo que Jesús dijo o hizo realmente, seguramente tienes un problema de actitud hacia el cristianismo!”

Tenía toda la razón. Ella me señaló la diferencia entre Jesús y el cristianismo; estar al tanto de esta diferencia es una cosa sabia. Así que decidimos encontrar un libro que me informara al respecto, pero no desde una perspectiva tradicional o conservadora. Desde luego, de habérseme ocurrido buscar ahí, podría haber encontrado un tesoro maravilloso de materiales sobre el tema en mis propias iglesias unitarias universalistas de la clase exacta de recursos que buscaba, pero no se me ocurrió preguntar entonces. ¡Nunca supe, hasta casi el momento en que consideraba entrar al seminario, que las dos denominaciones religiosas que se fusionaron para dar lugar al movimiento unitario universalista en 1961 se fundaron ambas como herejías cristianas de siglos de antiguedad! Descubrí luego esas riquezas, pero el primer libro que jamás leí que explicara a Jesús desde una perspectiva respetuosa, historica y por fuera de las ortodoxias fue For Christ’s Sake [Por el bien de Cristo] de Thomas Harpur. Publicada precisamente por nuestra propia editorial, Beacon Press.

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El libro de Harpur cambió mi vida al introducirme a los principios del cristianismo liberal, que a continuación procuro delinear para ustedes:

(1) Aunque nunca nos pongamos de acuerdo a propósito de la relativa divinidad de Jesús, vemos en el un humano ejemplar y atesoramos su humanidad. Quienes lo llamaron ‘El Cristo’ le concedían así un elevado reconocimiento honorífico, no afirmaban que fuera un igual de su Dios. “El Cristo” significa ‘el Ungido’. Se trata de un título honorífico que denota un llamado especial y una bendición. Jesús nunca afirmó que fuera Dios. Coincido con la opinión de Ralph Waldo Emerson (1803-1882) y otros pioneros del unitarismo en cuanto a que este entendimiento ortodoxo de Jesús se basa en un malentendido de su mensaje y una lectura errónea de la Escritura. Al preguntarle quién era, en realidad, Jesús frecuentemente respondía con otra pregunta, “¿Quién dicen que soy?” Era un maestro de Sabiduría, un místico y un shamán.

(2) Jesús fue un profeta del amor y la inclusión, de la justicia y la sanación. Sus reformas al judaísmo no fueron un intento por destruir al judaísmo, sino de criticar su tendencia legalista. Fue un judío fiel. Nunca se afirmó como fundador de una nueva religión ni pretendíó ser otra cosa que un hombre judío fiel con una relación de éxtasis íntimo con el Dios de Israel.

(3) Jesús predicó una religión desde lo interno, basada en la honestidad interior y el amor puro. Él pretendió animar a su gente a dejar atrás una forma vacía de piedad y de observancia de las formas externas para que adoptaran una renovación espiritual interna basada en la seguridad de que todos los seres humanos son iguales y preciosos a la vista de Dios. Incluso ellos. Tenían problemas para creer esto, dado que eran judíos que vivían bajo la Roma imperial y la mayoría eran gente pobre, completamente prescindibles para la visión romana. Todos eran oficialmente habitantes de segunda clase del Imperio Romano  –¡ni siquera eran reconocidos como ciudadanos!– y entre ellos se contaban los más bajos de lo bajo, los intocables. Jesús se ocupó especialmente de su cuidado, de extender su aceptación y de sanar a aquellos considerados ritualmente impuros para las leyes de pureza judías y romanas.

(4) Nunca sabremos lo que vieron los discípulos luego de la muerte de Jesús durante los hechos que ahora se conmemoran en la Pascua. La cuestión es que sea lo que sea lo que experimentaron transformó totlamente sus vidas. No es necesario creer en una Resurrección física milagrosa para que este hecho nos conmueva.

(5) Finalmente, el cristianismo liberal está más interesado en la religión de Jesús que en la religión sobre Jesús.

El más factible rostro de Jesús

El más factible rostro de Jesús

Luego de haber leído este libro comencé a leer muchos otros libros de cristianismo liberal. Fue como si se levantara un velo entre yo misma y algo que sentía que era bello y dador de vida, pero de lo que me habían mantenido alejada generaciones de ignorancia y error. Pienso que había sentido incluso como niña que esta religión no era sobre la muerte, la violencia y de cosas increíbles, sino que era sobre la vida, sobre la gente y sobre cómo vivimos y cómo nos amamos los unos a los otros.

Me dí cuenta de que cualquier energia que sentía zumbar en el centro de la creación y que conectara todos los seres vivientes no sería algo que yo pudiese llegar a adefinir jamás, aunque en la universidad comezba a referirme a esa energía como a la Diosa y luego eventualmente como a ‘Dios’. Cada vez mas a lo largo de los años me sentí atraída por la definición de Jesús de esa energía, con la que él sintió una relación muy íntima y personal, misma que llamó ‘Abba’ (cuya traducción literal del arameo sería ‘papi’ o ‘papito’) o ‘Padre’, así como ‘mi Señor’. Así que mi pregunta cambió de ‘¿Existe Dios?’ a ‘¿Cómo puedo comportarme como si Dios existiera; como si la justicia, la sanación, el perdón y el amor radical incluyente fueran la más profunda realidad dentro de la que vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser?’ ‘¿Cómo vivir como si…?’

La mayoría de los días no logro hacer un trabajo del todo bueno. ¡Casi nunca me describo a mí misma como ‘cristiana’, incluso aunque considere que sigo el Camino de Jesús, porque pienso que probablemente habrá 3 ‘cristianos’ de verdad en el mundo y han de ser budistas, probablemente (quiero decir, ya escucharon el la lectura del Evangelio de Mateo que acabamos de hacer)! Me tomo las enseñanzas de Jesús demasiado en serio como para reclamar ese título y no me impresionan en general quienes hacen eso (aunque ciertamente algunos sí que me impresionan). La definición normativa de cristianismo no me incluye a mí, ni a mi teología cristiana liberal, en la medida en que requiere afirmar ciertas verdades teológicas que nunca creeré, así como comprometerse con ciertos prejuicios que nunca tendré. Los cristianos liberales creen, por ejemplo, que todos y cada uno de nosotros somos responsables por nuestros pecados y defectos. La muerte de un hombre nunca podrá redimirnos a todos. Ni un Dios de amor exigiría el asesinato de ‘Su’  hijo unigénito con el objeto de hacer posible la salvación. Esto nos parece un insulto al atributo más obvio y más digno de veneración de la realidad última, que es el Amor divino (y que es una vieja creencia, tanto universalista, como unitaria).

Además, ¿cómo podríamos pensar que sólo una cierta porción del mundo poseería la sabiduría última a través de esta manifestación de santidad? Yo no lo creo.

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Creo que Jesús estaría perplejo ante la situación actual del cristianismo. No, nunca insistiré lo suficiente sobre esto. Un personaje de la película de Woody Allen, “Hannah y sus hermanas” lo expresó de la mejor manera: “Si Jesucristo regresara hoy y viera todo lo que se ha cometido en su nombre, nunca dejaría de vomitar”. Porque en verdad él decía constantemente que el quid de la vida espiritual es transformar el corazón, de manera que se fortalezca para el trabajo en el mundo –para la sanación, para alimentar, para regresar a otros a la vida cuando se les margina, hiere y desanima. Acumular nuestros tesoros en el cielo y no tratar de comprar una sensación de seguridad por reunir cosas. ¿Y a qué dedican su tiempo millones de cristianos? A las compras. A juzgar a otros, en directa oposición a lo que Jesús enseñó. A alegar sobre las formas supuestamente apropiadas de sexualidad sobre las que Jesús nunca dijo una bendita palabra. A obsesionarse por las prácticas de adoración cuando Jesús dijo que salieras, amaras a tu vecino y dejaras de vivir de la letra de la ley religiosa.

Jesús fue un humanista. Tal vez esta es la razón por la que muchos  humanistas en las comunidades unitarias universalistas se sienten tan ofendidos ante la perversión de las eneseñanzas de Jesús y su vida, porque en él reconocen a uno de los suyos –a un místico ciertamente, pero a uno de los suyos– y son presa de ira y duelo al ver su mensaje humanista básico alienado y distorsionado. Él vivió y enseñó una forma esencialmente humanista de religión –una religión que destacó las relaciones humanas, la responsabilidad humana y la capacidad humana de ser manos del amor divino de los unos por los otros.

Espero que compartan conmigo estas dos ideas finales que les ofrezco. La primera es que por mi estudio de las Escrituras Cristianas, creo cada vez más que la intención de Jesús fue enseñarnos cómo usar apropiadamente el poder; que es unificar a la gente, sanar, levantar, servir, salvar vidas, bendecir y dignificar a toda la gente. Todo esto resultó algo extremadamente subversivo bajo el régimen imperial de Roma que vivió Jesús, que se fundaba completamente en el ‘poder sobre’ y en que las jerarquías superiores impusieran su voluntad sobre sus subordinados. Y sigue siendo increíblemente subversivo también para nuestra propia cultura –y muy complicado–, en la que los césares son cristianos (lo que sucede por casi todo el mundo occidental).

Finalmente, me gustaría decir una palabra sobre la cruz vacía, que en mi corazón evoca el sentimiento totalmente opuesto al de la dolorosa imagen de la cricifixión, a Jesús agonizante. La cruz es un símbolo antiguo que antecede al cristianismo –es una representación de la unión cósmica del reino divino y el reino de la realidad material. Para mí, es un símbolo de una clase de alegría rebelde, un saludo poderoso a ese poder subversivo que mencioné hace un momento y una manifestación de lo que el viejo himno llama”bendita certeza”. Para mí, dice: Si vives tu vida de acuerdo a tu más profundo llamado y si vivies el llamado con perfecta integridad –¡con tu mejor integridad!– y si no sólo sabes quíen eres, sino de quién eres, nunca podrás ser víctima. No importa lo que los poderes establecidos escojan hacer y no importan las circuntancias que te impongan, hay una realidad intocable en el centro de tu persona –una realidad eterna– y esa realidad es el amor. Es tu derecho de nacimiento y no puede ser arruinado por manos humanas o negado a ti por cualquier cosa que ocurra en tu vida. Y como reza la vieja canción de gospel, “Ain’ t that a good news?” [¿Acaso no es esa una buena noticia?].

Pienso que lo es. Y conforme lucho por encontrar un final apropiado y contundente para este sermón, miro a Jesús riéndose de mi en la pared. Y dice, “¡Weinstein…ya fue suficiente de pensar y hablar! Diles esto: se amarán los unos a los otros como yo los he amado, y ya canten el himno de cierre”.

Ese es mi Jesús.

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1Dije en este momento que mi padre no tenía un rabino. Pero olvidé lo que me enteré por mi madre apenas el año pasado: que mi padre había asisitido a la iglesia unitaria por un tiempo, antes de que comenzaran a salir él y mi madre.

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¿Decir, o no, el nombre de YHVH?

16. diciembre. 2008

El Tetragramatón

Comentario tomado de Making Chutney:

Los obispos católicos de EUA recientmente ordenaron a su feligresía que deje de mencionar el nombre ‘Yahvé’ una de las formas más comunes de pronunciar el nombre hebreo de Dios.  (‘Jehová’ es otra forma común de pronunciar el mismo nombre de cuatro letras hebreo sin vocales, adjuntándole las vocales de ‘Señor’ en hebreo).

¿Acaso los unitarios universalistas hemos de seguir también este lineamiento?

Yo digo ‘Yahvé’ muy seguido, o al menos cada que puedo. Cuando hablo de él, usualmente es para referirme a ese personaje bíblico que describen Harold Bloom y Jack Miles, es decir al dios del escritor del documento  J (‘yahvista’) del Pentateuco, en contraste con el dios que dibujan otras tradiciones bíblicas.

Esto me permite señalar sin usar tantas palabras, a ese ‘Yahvé’ como una visión específica de Dios, sin que necesariamente la asuma como propia. Es posiblemente el más influyente personaje literario de la historia, de formas evidentes y sutiles. Pero no es mi dios.

¿Acaso he de considerar que la amabilidad me obliga a no mencionar su nombre, de la misma manera en que, sólo por amabilidad, tomaría la hostia —esto es, el ‘cuerpo de Cristo’— durante una misa católica, incluso aunque no crea que esa oblea sea ‘el cuerpo de Cristo’?

¿O acaso se asemeja a la observancia de las leyes judías sobre restricciones alimenticias (kosher), algo que los judíos practicantes hacen, pero que no tiene relación conmigo?

¿O acaso será un caso de apropiación cultural equívoca, el pecado de oficio de los unitarios universalistas?

Modelo del tabernáculo del encuentro

[A continuación, un fragmento humorístico sobre la lapidación de quienes pronunciaran el nombre  de Dios en la época de Jesús, tomado de la genial película “La vida de Brian” (1979), del grupo británico de comedia filosófica radical Monty Python]:

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El Adviento para el resto de nosotros

9. diciembre. 2008

Revda. Judith Campbell, dado en la Capilla Stevens el 2 de diciembre de 2001 (Trad. Francisco Javier Lagunes Gaitán)


La Reverenda Judith Campbell en Martha's Vineyard

La Reverenda Judith Campbell en Martha's Vineyard

El tiempo de Adviento es una observancia cristiana que abarca los 4 domingos anteriores al día en que se celebra el nacimiento de Jesús, que los cristianos primitivos decidieron celebrar el 25 de diciembre. Para los cristianos practicantes se trata de un periodo de preparación espiritual para la celebración del Nacimiento de Jesús, que casualmente coincide con las cuatro semanas anteriores al Solsticio de Invierno. En los hogares e iglesias cristianos  se observa con el encendido de las velas de la Corona de Adviento, junto con oraciones y rituales especiales para preparar a la comunidad cristiana practicante para el advenimiento de la Gran Luz de Jesús en el periodo más obscuro del año solar.

Corona de Adviento

Más recientemente, se han añadido al Adviento toda una gama de productos comercialmente producidos los ‘calendarios de Adviento’ que señalan los 24 días que preceden al día de la navidad. Estos calendarios van desde ‘los ‘casi-Hallmark-versión-religiosa’ hasta los ‘empalagosos-descafeínados-comercialísimos-repulsivos’. Son elaborados en el nombre del lucro, más que en el del Gran Profeta y son poco más que un conteo colorido interactivo para señalar los días que transcurren para la celebración comercial de la ley de la ganancia, ese golpe de despilfarro final conocido como la Navidad

Pero vayamos ahora al significado original de esta observancia. Todos tendríamos mucho que aprender y no deberíamos descartar a priori esta posibilidad sólo por venir en una envoltura cristiana. Recuerdo ahora mi sermón sobre el conservadurismo. Hay un bien asombroso que puede hallarse y ser obtenido de todas las tradiciones espirituales. Y debido a que tantos de nosotros dejamos activamente el cristianismo al acercarnos a las congregaciones  unitarias, sería muy recomendable no ‘tirar al bebé junto con el agua sucia’, para usar una frase muy apropiada.

El Adviento es un periodo de preparación no sólo para la noche más larga del año, sino para la noche en la que se nos prometió que encontraríamos, y seríamos bañados por, la luz redentora del mundo. Para los cristianos esta promesa se cumple con el nacimiento de Yeshúa ben Yosef, de Nazaret. En los países nórdicos paganos, es la Novia de la Luz, una diosa adornada con una corona de velas quien llega la noche más obscura del año a devolver la luz a la gente. Incluso hoy, en muchos hogares escandinavos, por la mañana del 13 de diciembre la hija mayor, se viste de blanco y se adorna con una corona de velas para llevar el desayuno a la cama a sus padres….y canta la canción italiana “Santa Lucia” …no sé si en sueco o en italiano.

Festival nórdico de Santa Lucia (ants Novia de la Luz)

Las sociedades celtas precristianas hacían círculos de hojas perennes y encendían fogatas en el medio de ellos para esperar la noche más larga y como símbolo de la promesa de que la luz regresaría. Aprenderemos más de esta tradición en particular y nos contaremos cuentos nórdicos y escandinavos en nuestro servicio del 16 de diciembre (¡No se lo pierdan pues este es apenas un adelanto de lo que vendrá!). Y aunque esta es una celebración relativamente menor en el calendario judío, la Janucá, es la conmemoración del milagro de la luz que ardió en el templo por 8 días, aunque sólo había aceite suficiente para que durase un día en ese obscuro periodo de la historia judía.

La temporada misma del Adviento tiene diferentes sombras de interpretación según la tradición particular, las culturas locales y la inclinación de la gente que lo celebra. Para la mayoría de los cristianos practicantes es un periodo de retiro y purificación espiritual en preparación para el Nacimiento de Jesús. Otros lo han visto como un tiempo para meditar en las alegrías y preocupaciones de María, la madre de Jesús, al prepararse para dar a luz a un niño que cambiaría el mundo. Y otros más lo ven como un momento para examinar sus corazones y dolerse del hecho de que no han estado lo suficientemente dedicados, o que no han sido lo suficientemente apasionados por la práctica de su fe.

Esta última interpretación considera al Adviento casi como una semi-Pascua; como un tiempo de práctica penitencial e intensa plegaria en preparación para el advenimiento de la luz en el mundo. El color litúrgico para el Adviento es el morado, el mismo que para la Pascua. Y algunas iglesias evitan el uso de decoraciones florales durante el Adviento, como forma de expresar duelo por la obscuridad del alma.

Una práctica penitencial

Pero cualesquiera que sean nuestras prácticas religiosas… o nuestra carencia de ellas, todos los humanos vivimos periodos pendulares de cambio de luz y obscuridad como una característica de lo que significa vivir en este planeta. En tanto que criaturas pensantes y sensibles, con la habilidad de pensar en el futuro y de recordar el pasado… es inevitable que también pasemos por nuestros periodos personales de luz y obscuridad. Pienso que hay lecciones valiosas en el simbolismo incluido en las cuatro velas de Adviento para cualquiera que afrontemos nuestros propios periodos de obscuridad espiritual. Estos símbolos y rituales podrían de hecho ofrecernos alguna ayuda y guía en nuestra propia búsqueda por entender las bendiciones de la luz de la verdad eterna…como sea que la interpretemos.

Pero consideremos por un momento la tradicional Corona de Adviento. Esta Corona de Adviento fue elaborada por Betty Burton. Las 4 velas, 3 moradas y una rosa, correspondientes a cada domingo anterior a la Navidad, cada una tiene un significado especial. Algunas coronas también incluyen una quinta vela para ser encendida el día de la Navidad. Las hojas perennes de la base simbolizan la eternidad de la renovación de las estaciones de la tierra. Y, desde luego, la forma circular simboliza el amor interminable y la verdad de lo Sacratísimo Completamente Otro.

En mi investigación para este sermón, muchos de los rituales de Adviento que encontré comenzaban con un relato del Libro de Isaías, en la Biblia Hebrea. Varias órdenes monásticas católicas han creado rituales para ser practicados en casa que sugieren enecender las velas y que los asistentes oren las plegarias al atardecer, de manera muy semejante a como se encienden las 2 velas del Sábbat o las 9 velas de la januquilla (candelabro para Janucá)  en un hogar judío. Pero al ser unitaria universalista y simplemente al ser yo misma…me gusta aprender todo lo que pueda de una observancia de esta naturaleza y luego decidir qué es lo que funciona para mí, tanto espiritual, como teológicamente…, así como lo que elijo dejar atrás.

Corona de Adviento con sus 5 velas tradicionales

Fue mi viejo colega y amigo, el Revdo. Dick Fewkes, quien ha sido ministro invitado en diversas ocasiones aquí y que dió el sermón de mi instalación, quien me comunicó los significados tradiconales de las 4 velas, así como de su reinterpretación unitaria universalista… que es la que funciona apara mí…. y que podría también funcionar para ustedes.

La primera vela: simboliza la fe…(o la confianza) —en lo que el pasado nos ha proveído en cuanto a amigos, familia, la fuente de toda la vida, la perfección del cosmos y la perfectibilidad última de los humanos que lo habitan.

La segunda vela: es por la esperanza (o la expectativa) —esta podría ser la esperanza de un futuro más brillante, de un mejor mañana, de una vida más significativa… o de aquello de lo que carecemos en nuestro presente.

La tercera vela rosa es por el amor y para algunos representa algo como una “Vela de María”. Simbolizaría el amor de María por su hijo por venir. Podemos pensar en el amor parental…el amor humano…y desde luego, el Amor Divino.

La cuarta vela es por la paz….Paz en la tierra —tan significativa en la actualidad, por la paz interior, la paz del corazón…la paz que se encuentra en el río de luz que es la fuente de toda la existencia.

La quinta vela, blanca, está colocada en el centro es encendida el mismo día de Navidad, para la tradición cristiana representa la luz del mundo encarnada en el hombre Jesús. Es la vela de la presente y omnipresente alegría del milagro de la vida.

Estas palabras, fe, esperanza, alegría, paz y amor no son propiedad exclusiva de la fe cristiana. Estas palabras son los elementos básicos de la integridad espiritual y de la conciencia… son la sangre de vida del corazón… Si nos fortalecemos espiritualmente con el don de la fe en algo mayor que nosotros mismos, nos abrimos a la promesa de la esperanza en un mundo caótico y desgarrado por la guerra, al poder de la trascendencia de la alegría, así podremos aguantar, entender e incluso anticipar los periodos obscuros como tiempos para reunir fuerzas y para hacer el trabajo interior del alma, en la confianza de que la Luz vendrá de nuevo y de que estaremos listos para recibirla.

En las palabras que nos dejó el profeta Isaías, sólo la persona que ha caminado en una gran obscuridad conocerá la bendición y el poder de la luz. Es fácil dejar de lado una afirmación así, como si se tratase de un mero tópico sobado… pero sería un error hacerlo así. Es la obscuridad la que define la luz, sin la una, no conoceríamos a la otra.

Sólo quien ha transitado por la gran obscuridad aprecia la luz

Los días cercanos al solsticio de invierno son días de recogimiento. Cenamos más temprano, nos acostamos más temprano, dormimos hasta más tarde y vivimos en un mundo que se obscurecen cada vez más por el giro de la tierra. No somos abandonados a la obscuridad, necesitamos de la obscuridad para que nuestras propias almas definan la luz si es que alguna vez hemos de conocerla.

El concepto del Adviento no es distintivamente cristiano… cualquier periodo de preparación intencional es una clase de ‘adviento’… un venir- hacia… como lo explican las raíces latinas de la palabra. En cualquier momento en el que intencionalmente vamos hacia algo, nos preparamos para llegar ahí… ¡Si es que hemos de llegar ahí!

El don de la vida es, entre otras cosas, un movimiento cíclico de salir y entrar a periodos de luz y obscuridad de nuestro ser… los periodos buenos y los tiempos en los que el camino se torna particularmente escarpado. A veces tenemos tiempo de prepararnos para un periodo difícil, pero no generalmente. Pero si lo pensamos, el mensaje del Adviento está presente para cualquiera de nosotros en las velas simbólicas, son las luces de la esperanza, la paz, la alegría, el amor y la fe en la obscuridad. Son las mismas cosas que nos permitirán ver la obscuridad como un lugar en el que estos sentimientos humanos han de estar cercanamente vinculados con la fuente de la luz que adviene.

Debemos preguntarnos a nosotros mismos… hacia qué me muevo… cuál es mi adviento… y cómo puedo afrontarlo con la mayor sabiduría. Qué luz encontraré y si estaré listo para recibirla cuando la encuentre.

Una luz de adviento muy personal

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Humanidad: El matrimonio de Mythos y Logos

2. diciembre. 2008

Una reflexión de Francisco Javier Lagunes Gaitán




Dos visiones, dos discursos simbólicos humanos

Siempre ha habido en la historia de la religión (y en otros muchos aspectos de la cultura humana) al menos dos tipos de discurso diferentes:

Mythos, es decir, los sentidos profundos que se relatan (existenciales, simbólicos, espirituales, tanto individuales, como colectivos), y

Logos, es decir, la argumentación racional, cuya máxima expresión actual es la ciencia.

No veo cómo ninguno de los dos discursos pudiera sustituir o erradicar al otro, ni siquiera me parece una meta interesante pretenderlo.



Dos ejemplos ilustrativos

Por ejemplo, suponer que la Biblia sería puro Logos, es un error de únicamente dos clases de lectores: los fanáticos fundamentalistas literalistas (que la consideran un recuento absolutamente confiable de hechos), y los ateos absolutistas (que consideran que la Biblia es una gran recopilación de hechos falsos). Ambos se equivocan radicalmente. Si bien algunas partes de la Biblia son clasificadas modernamente como pertenecientes al género literario “histórico”, incluso esos mismos libros (Deuteronomio, Josué, Reyes, Samuel) se agrupan dentro los libros “proféticos” en el canon de la Biblia hebrea. Esto es, que aunque se hace alusión a los hechos de la conquista de Palestina por los hebreos, hay un significado profundo profético (mítico) que para los lectores originales de ese libro nunca se limitó a narrar periodísticamente determinados hechos, sino que expresaba lo que ellos consideraban que sería la “revelación” de su dios en la historia.

Otro ejemplo claro de este malentendido es el presunto nacimiento virginal de Jesús. Para cualquier lector del siglo I EC, el nacimiento virginal de Jesús no era un mero hecho (cierto o falso), sino un reclamo de su caracterización como héroe o semidiós. Las leyendas sobre los héroes en la antigüedad solían reclamar para ellos un nacimiento de una mujer virgen y un dios celeste. Los mitos, al menos en antropología cultural, no son meramente ‘mentiras’ fácticas, sino más bien ideas organizadoras de la experiencia del mundo que los pueblos desarrollaban. Los mitos son como los sueños de los pueblos, no hablan de vulgares hechos, sino de visiones sistematizadoras que creaban una visión del mundo. Un sentido sobre cómo estar en el mundo.



No es cosa sólo de palabras

Los seres humanos somos, en la mirada de la antropología, seres culturales, seres simbólicos. En el mundo actual (igual que en anteriores) hemos de seguir caminando con ambos pies, el mítico y el lógico. La ciencia nos ofrece información, datos y hechos sobre la realidad. Y el mito nos ofrece una visión sobre cómo estar en el mundo.

Discutir la ‘existencia’ o ‘inexistencia’ de Dios no es una posición neutral. Simplemente entrar en semejante discusión implica que el Logos podría corregirle la plana al Mythos. Y este error es propio de la modernidad que acentuó la importancia de considerar los hechos. La crítica ingenua modernista, muy propia del Iluminismo del siglo XVIII, pretendía demostrar que los hechos relatados por la Biblia serían falsos. Como una respuesta religiosa desde la misma modernidad surge en los EUA en el siglo XIX el fundamentalismo literalista, que ingenuamente rechaza que en la Biblia haya alguna clase de Mythos, y presupone que sería una recopilación de hechos ciertos irrefutables.

Incluso la historia es más que hechos

Ambas posiciones simétricas me parecen erradas. Sin duda hay mucho que la crítica fáctica histórica puede aportar para reconsiderar el contexto y los procesos que se reflejan en la Biblia. Pero incluso la historiografía de más alcance en el siglo XX ya no es la ingenua y positivista recopilación de hechos, sino una historiografía crítica que abre espacio para analizar, no sólo las grandes gestas de los privilegiados, sino: la vida cotidiana, la historia económica o la historia de las mentalidades (más cerca del espacio del Mythos).

La teología posmoderna

Y por el otro lado, desde una teología posmoderna, el sentido actual de la religión podría bien ser ofrecernos los mejores mitos que enriquezcan nuestra vida y la llenen de sentido. Si estos Mythos se basan en hechos comprobables, o en meras visiones sistematizadoras del mundo, no tendría la menor importancia, al menos no para quienes no sean fanáticos seguidores de una clase particular de Mythos: el cientismo, quienes devotamente construyen un ingenuo y poco reflexivo culto a la ciencia (aunque construir cultos no sea una tarea científica, sino radicalmente ajena al Logos, lo que parece no perturbarlos mucho).


Conclusión

No nos confundamos con meras palabras. ¿Qué sentido tienen estas frases?: ‘Dios existe’ o ‘Dios no existe’. Ambas proposiciones están mal planteadas. La ciencia tiene como objeto conocer obejtivamente la realidad del mundo. Si ‘Dios’ no es una mera colección de hechos, investigar su facticidad no es una tarea científica. Hay definiciones inteligentes de ‘Dios’ que no requieren ni siquiera postular algo como una ‘existencia’ comprobable (para indignación de los cientistas), e incluso no requieren de una ‘fe’ particular (para indignación de los fundamentalistas literalistas). Ambos polos prefieren seguir cómodamente instalados en oxidadas discusiones iluministas (o anti-iluministas).

Por ejemplo, para el teólogo Paul Tillich (1886-1965): “Un Dios de cuya existencia o no-existencia pueda usted arguir es una cosa detrás de otras en el interior de un mundo de cosas”; todo hombre, por el hecho de serlo, estaría “sujeto al poder de una preocupación última, sea o no sea conciente de tal poder, y lo admita o no lo admita para sí y los demás”. Para Tillich, en la vivencia de la ‘dimensión profunda’ de la vida [búsqueda de la verdad y experiencia del sufrimiento] nos encontramos enfrentados a “aquello que nos concierne incondicionalmente”, “la profundidad de nuestras vidas”, “lo que tomamos en serio sin reserva alguna”, el mismo “terreno del ser”, lo llamemos Dios, o no.

Ambos polos, tanto los cientistas, como los fundamentalistas literalistas prefieren seguir cómodamente instalados en oxidadas discusiones iluministas (o anti-iluministas). Los unos finalmente dependen de los otros y sus prácticas los legitiman mutuamente de manera implícita. Ambos parten de presuponer que no habría otra forma legítima de entender la fe y la creencia que la que enseñan en el catecismo más simplón. Juntos terminan por conspirar para mantener el monopolio de las definiciones de ‘iglesia’, ‘religión’, ‘creencia’, ‘fe’, ‘espiritualidad’ y ‘Dios’ en manos de la teología más rancia de las iglesias institucionalizadas convencionales. ¿Hasta cuando seremos cómplices de esta situación?

Una de las medidas básicas es plantearnos preguntas decisivas, no conformarnos con preguntas estereotipadas que eluden la profundidad de la experiencia humana. Si es que hemos de tener una militancia en un bando, optemos por el bando de la profundidad, con toda la luz de verdad y la obscuridad del sufrimiento que podamos asumir auténticamente en nuestra valiente incertidumbre. Dejemos de lado las falsas certezas que nos impiden conocer quiénes somos finalmente. Como lo dijo bien el poeta y ministro unitario Ric Masten: “Es sólo en la incertidumbre que la verdadera esperanza puede encontrarse”.