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Jesús fue humanista

28. enero. 2009

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Dado el 14 de noviembre de 2004, por la Reverenda Victoria Weinstein en la
Iglesia Unitaria Universalista de la Primera Parroquia de Norwell, Massachusetts
(Trad. Francisco Javier Lagunes Gaitán)

http://www.firstparishnorwell.org/sermons/jesus.html

Stuart Twite, la Revda. Victoria Weinstein, Mary Mercier y Deanna Rileyn

De izquierda a derecha: Stuart Twite, la Revda. Victoria Weinstein, Mary Mercier y Deanna Rileyn

Lectura: Meeting Jesus Again For the First Time [Encontrar de nuevo a Jesús, por primera vez] de Marcus Borg Adaptado de las págs. 33-36

El Jesús histórico fue una persona del espíritu, una de esas figuras en la historia humana con una conciencia basada en su experiencia personal de la realidad de Dios. La expresión más antigua, semitécnica es hombre santo, pero persona del espíritu parece mejor. Las personas del espíritu son conocidas a través de las culturas. Son gente que tiene experiencias vívidas y subjetivas de otro nivel o dimensión de la realidad. Estas experiencias implican una entrada momentánea en estados de conciencia fuera de lo ordinario y toman un número de formas diferentes. A veces hay la vívida sensación de ver momentáneamente dentro de otro estrato de la realidad; esta es la experiencia clásica del shamán. A veces hay la fuerte sensación de que otra realidad te sale al encuentro, como en la antigua expresión, ‘El Espíritu cayó sobre mí’ [hoy vertida más comúnmente como ‘El Espíritu se posesionó de mí’]. A veces la experiencia es de la naturaleza o de un objeto dentro de la naturaleza que es momentáneamente transfigurado por ‘lo sagrado’ que resplandece a través de éste.

Lo que comparten todas las personas que tienen estas experiencias de que hay algo más en la realidad que el mundo tangible de nuestra experiencia ordinaria. Las personas del espíritu son gente que experimenta lo sagrado vívidamente y con frecuencia.

…La visión moderna del mundo, derivada de la Ilustración, ve la realidad en sus términos materiales, como constituida por la materia y la energía en el continuo espacio-tiempo. La experiencia de las personas del espíritu sugiere que habría más que esto en la realidad –que habría, además del mundo tangible de la realidad ordinaria, un nivel de realidad inmaterial, real pese a su inmaterialidad y cargado con energía y poder.

Lo que es más, Esta otra realidad, es importante insisitir en ello, no sería ‘en alguna otra parte’. Sino más bien estaría todo alrededor de nosotros y nosotros estaríamos en ella. … Jesús fue una persona del espíritu.

El Evangelio según Mateo, 5:38-48 versión Dios Habla Hoy

“Ustedes han oído que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente.’ Pero yo les digo: No resistas al que te haga algún mal; al contrario, si alguien te pega en la mejilla derecha, ofrécele también la otra. Si alguien te demanda y te quiere quitar la camisa, déjale que se lleve también tu capa. Si te obligan a llevar carga una milla, llévala dos. A cualquiera que te pida algo, dáselo; y no le vuelvas la espalda al que te pida prestado.

“También han oído que se dijo: ‘Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo.’ Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, y oren por quienes los persiguen. Así ustedes serán hijos de su Padre que está en el cielo; pues él hace que su sol salga sobre malos y buenos, y manda la lluvia sobre justos e injustos. Porque si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué premio recibirán? Hasta los que cobran impuestos para Roma se portan así. Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? Hasta los paganos se portan así. Sean ustedes perfectos, como su Padre que está en el cielo es perfecto.”

Estos son los dichos de Jesús.

EL SERMÓN

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Tenía como 6 años, creo, cuando fui a ver el musical “Godspell” en Broadway. La mejor amiga de mi madre, Phoebe Rizos, me llevó junto con todo su grupo parroquial. Fue totalmente confuso para mí, esta suerte de payasos circenses que brincaban y cantaban alrededor, todos ellos parecían querer ser los mejores amigos de un tipo de pelo crespo y rojo que usaba tirantes arco iris y una camisa de Supermán. Estuve sentada y muy atenta durante las canciones “Day by Day” y “O Bless the Lord My Soul”, incluso aunque no entendía las letras, que tomaron  –ahora lo sé– del Evangelio de Mateo. Nunca había escuchado el Evangelio de Mateo, ni nada de la Biblia. Era una niñita unitaria.

Me gustó bastante el espectáculo, aunque también me desconcertó, sólo al llegar el momento culminante en el que los payasos tomaron a su amigo de los tirantes arco iris y lo colgaron con los brazos abiertos sobre una especie de malla metálica. Ataron sus muñecas a la malla con una cinta roja y se le veía muy triste. Las cosas se pusieron espeluznantes y muy malas muy pronto. Cantó, Oh Dios, me muero. Oh Dios me muero.

Y sus amigos cantaron, Oh, Dios, te mueres… Y mi corazón se congeló. Entónces él cantó, Oh, Dios, estoy muerto y cantaron, también muy tristemente, Oh, Dios, estás muerto…

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Y había ese órgano que tocaba… y él dejaba caer su cabeza con flacidez, nunca había estado tan asustada en mi vida. Pero los amigos siguieron cantando. Y comenzaron a cantar esta frase, mientras lo veían hacia abajo desde la malla y cargaban su cuerpo a hombros, cantaron, “Larga vida a Dios, larga vida a Dios, larga vida a Dios (mientras caminaban con él), larga vida a Dios”.

La música incrementó su ritmo poco a poco  y algunos de los hombres comenzaron a cantar una frase con lo que habían sido las primeras palabras de la obra: “¡Preparen el camino del Señor!” Los payasos siguen entrelazando ambas frases cantadas al llevar el cuerpo flácido de su amigo por sobre sus cabezas hacia las puertas del teatro. Esta fue absolutamente la cosa más terrible que había visto en mi vida.

Todavía recuerdo lo extrañada que me sentía, me preguntaba qué estaba mal en mí, dado que todos los demás en el teatro parecían estar tan a gusto, incluso parecían ilusionados. Pero justo en ese momento las púertas del teatro se abrieron de golpe mientras el baterista aceleraba el ritmo y todos los actores bailaron alegres por el escenario mientras aplaudían y gritaban con regocijo al cantar, “¡Preparen el camino del Señor!” ¡Tambores! ¡Panderetas!

“¡Oh, Dios mío!”, pensé. “¡Esta gente está loca! ¡Mataron  a su amigo y ahora cantan y bailan!” Ni Phoebe Rizos, ni varios animadores pudieron convencerme de levantar mis manos del asiento en ese teatro, incluso mucho tiempo después de que se había vaciado y las luces estaban prendidas. Quería asegurarme de estar a salvo de esos maniacos. Me puse muy mal en el coche y regresé temblando a casa, nunca hablé de esto con nadie.

Y este fue mi primer contacto con Jesús.

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Podrán ahora imaginarse por qué mantuve mi distancia por un muy largo tiempo después de eso. Nadie en mi hogar tenía algún interés en, ni la paciencia con, aquellas historias o esa religión. Cuando mi abuela venía a visitarnos, entraba al dormitorio de mi hermana y mío para darnos el beso de las buenas noches y clandestinamente bendecirnos en la frente con agua bendita que le había dado un sacerdote ortodoxo ruso. De repente mi padre aparecía a la puerta. “Anne, no les hagas ese vudú a mis hijas”, le decía y ella apresuradamente se guardaba en el bolsillo el frasquito de agua bendita. Nunca supe, hasta muchos años después que mis abuelos ortodoxos rusos habían estado muy descontentos con mi madre por haberse comprometido con un hombre judío. Así que mamá y papá acudieron a la iglesia unitaria en Binghamton para casarse, debido a que el sacerdote de mi madre se negó a permitir semejante matrimonio en su santuario. 1

Cuando visitaba a mis abuelos maternos siempre pasaba largos ratos dedicada a contemplar al Hombre de los Sufrimientos que tenían por toda la casa. Estaba en el calendario de la cocina con una corona de espinas puesta. Estaba en una placa en el vestíbulo, vestía una toga blanca suelta y estaba rodeado de niños y corderos. Estaba encima de la cama, colgaba en la cruz, una imagen que me alteraba tanto que la quitaba de la pared cuando iba de visita. ¿Cómo podría dormirme debajo de una imagen semejante? Ocultaba cuidadosamente el crucifijo en el cajón del buró y esperaba que mi abuelita no se diera cuenta. A la mañana siguiente, antes de que hiciese la cama, ya estaría de vuelta en su lugar. Lo volvería a ocultar una y otra vez. Mi abuela nunca mencionó nuestra pequeña rutina.

Todavía siento respeto por mi reacción infantil hacia la violencia que algunas versiones del cristianismo han sentido que define la vida y el ministerio de Jesús. Todavía hoy en día no puedo pasar frente a una imagen del crucifijo sin sentirme profundamente perturbada e inquieta por ella y por lo que representa. La cruz vacía es totalmente otro símbolo, del que hablaré un poco después, pero quería decirles que mi imagen favorita de Jesús hoy cuelga de la pared de mi estudio en la casa parroquial. Se llama “El Cristo sonriente” y muestra a un Jesús guapo, saludable y lleno de vida que me mira directamente con gran alegría. Ese es mi Jesús. No creo que el Jesús real fuera tan buen mozo, ni que tuviese tan perfecta dentadura, pero amo su carisma evidente y su alegría de vivir.

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Cuando lo pienso en retrospectiva me doy cuenta de que siempre me he sentido atraída por ese personaje, Jesús, que es por lo que yo estaba tan, pero tan enfadada e indignada durante tantos años con la mayoría de las versiones de su religión, que instintivamente sentía que no podían ser congruentes con lo que vivió y sintió. Me mantuve alejada de todo lo que fuera cristiano, e incluso me ponía tensa cuando cantábamos música sagrada en los coros a los que pertenecía. Otros en mi comunidad me definían como judía, incluso a pesar de que asistía a una iglesia unitaria universalista –y eso no era una cosa buena en mi pueblo, que tenía cierta propensión al antisemitismo– y esto además de mi ira y resentimiento hacia el llamado cristianismo. Se me ponían los pelos de punta ante las varias menciones de éste y reaccionaba con apasionada indignación cuando alguien que conocía trataba de evangelizarme. Todo ese asunto me parecía estúpido.

Me tomó desprevenida, entonces, cuando una amiga mía wiccana me miró con cierto grado de impaciencia y me dijo, “¡Para ser alguien que obviamente no sabe nada sobre lo que Jesús dijo o hizo realmente, seguramente tienes un problema de actitud hacia el cristianismo!”

Tenía toda la razón. Ella me señaló la diferencia entre Jesús y el cristianismo; estar al tanto de esta diferencia es una cosa sabia. Así que decidimos encontrar un libro que me informara al respecto, pero no desde una perspectiva tradicional o conservadora. Desde luego, de habérseme ocurrido buscar ahí, podría haber encontrado un tesoro maravilloso de materiales sobre el tema en mis propias iglesias unitarias universalistas de la clase exacta de recursos que buscaba, pero no se me ocurrió preguntar entonces. ¡Nunca supe, hasta casi el momento en que consideraba entrar al seminario, que las dos denominaciones religiosas que se fusionaron para dar lugar al movimiento unitario universalista en 1961 se fundaron ambas como herejías cristianas de siglos de antiguedad! Descubrí luego esas riquezas, pero el primer libro que jamás leí que explicara a Jesús desde una perspectiva respetuosa, historica y por fuera de las ortodoxias fue For Christ’s Sake [Por el bien de Cristo] de Thomas Harpur. Publicada precisamente por nuestra propia editorial, Beacon Press.

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El libro de Harpur cambió mi vida al introducirme a los principios del cristianismo liberal, que a continuación procuro delinear para ustedes:

(1) Aunque nunca nos pongamos de acuerdo a propósito de la relativa divinidad de Jesús, vemos en el un humano ejemplar y atesoramos su humanidad. Quienes lo llamaron ‘El Cristo’ le concedían así un elevado reconocimiento honorífico, no afirmaban que fuera un igual de su Dios. “El Cristo” significa ‘el Ungido’. Se trata de un título honorífico que denota un llamado especial y una bendición. Jesús nunca afirmó que fuera Dios. Coincido con la opinión de Ralph Waldo Emerson (1803-1882) y otros pioneros del unitarismo en cuanto a que este entendimiento ortodoxo de Jesús se basa en un malentendido de su mensaje y una lectura errónea de la Escritura. Al preguntarle quién era, en realidad, Jesús frecuentemente respondía con otra pregunta, “¿Quién dicen que soy?” Era un maestro de Sabiduría, un místico y un shamán.

(2) Jesús fue un profeta del amor y la inclusión, de la justicia y la sanación. Sus reformas al judaísmo no fueron un intento por destruir al judaísmo, sino de criticar su tendencia legalista. Fue un judío fiel. Nunca se afirmó como fundador de una nueva religión ni pretendíó ser otra cosa que un hombre judío fiel con una relación de éxtasis íntimo con el Dios de Israel.

(3) Jesús predicó una religión desde lo interno, basada en la honestidad interior y el amor puro. Él pretendió animar a su gente a dejar atrás una forma vacía de piedad y de observancia de las formas externas para que adoptaran una renovación espiritual interna basada en la seguridad de que todos los seres humanos son iguales y preciosos a la vista de Dios. Incluso ellos. Tenían problemas para creer esto, dado que eran judíos que vivían bajo la Roma imperial y la mayoría eran gente pobre, completamente prescindibles para la visión romana. Todos eran oficialmente habitantes de segunda clase del Imperio Romano  –¡ni siquera eran reconocidos como ciudadanos!– y entre ellos se contaban los más bajos de lo bajo, los intocables. Jesús se ocupó especialmente de su cuidado, de extender su aceptación y de sanar a aquellos considerados ritualmente impuros para las leyes de pureza judías y romanas.

(4) Nunca sabremos lo que vieron los discípulos luego de la muerte de Jesús durante los hechos que ahora se conmemoran en la Pascua. La cuestión es que sea lo que sea lo que experimentaron transformó totlamente sus vidas. No es necesario creer en una Resurrección física milagrosa para que este hecho nos conmueva.

(5) Finalmente, el cristianismo liberal está más interesado en la religión de Jesús que en la religión sobre Jesús.

El más factible rostro de Jesús

El más factible rostro de Jesús

Luego de haber leído este libro comencé a leer muchos otros libros de cristianismo liberal. Fue como si se levantara un velo entre yo misma y algo que sentía que era bello y dador de vida, pero de lo que me habían mantenido alejada generaciones de ignorancia y error. Pienso que había sentido incluso como niña que esta religión no era sobre la muerte, la violencia y de cosas increíbles, sino que era sobre la vida, sobre la gente y sobre cómo vivimos y cómo nos amamos los unos a los otros.

Me dí cuenta de que cualquier energia que sentía zumbar en el centro de la creación y que conectara todos los seres vivientes no sería algo que yo pudiese llegar a adefinir jamás, aunque en la universidad comezba a referirme a esa energía como a la Diosa y luego eventualmente como a ‘Dios’. Cada vez mas a lo largo de los años me sentí atraída por la definición de Jesús de esa energía, con la que él sintió una relación muy íntima y personal, misma que llamó ‘Abba’ (cuya traducción literal del arameo sería ‘papi’ o ‘papito’) o ‘Padre’, así como ‘mi Señor’. Así que mi pregunta cambió de ‘¿Existe Dios?’ a ‘¿Cómo puedo comportarme como si Dios existiera; como si la justicia, la sanación, el perdón y el amor radical incluyente fueran la más profunda realidad dentro de la que vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser?’ ‘¿Cómo vivir como si…?’

La mayoría de los días no logro hacer un trabajo del todo bueno. ¡Casi nunca me describo a mí misma como ‘cristiana’, incluso aunque considere que sigo el Camino de Jesús, porque pienso que probablemente habrá 3 ‘cristianos’ de verdad en el mundo y han de ser budistas, probablemente (quiero decir, ya escucharon el la lectura del Evangelio de Mateo que acabamos de hacer)! Me tomo las enseñanzas de Jesús demasiado en serio como para reclamar ese título y no me impresionan en general quienes hacen eso (aunque ciertamente algunos sí que me impresionan). La definición normativa de cristianismo no me incluye a mí, ni a mi teología cristiana liberal, en la medida en que requiere afirmar ciertas verdades teológicas que nunca creeré, así como comprometerse con ciertos prejuicios que nunca tendré. Los cristianos liberales creen, por ejemplo, que todos y cada uno de nosotros somos responsables por nuestros pecados y defectos. La muerte de un hombre nunca podrá redimirnos a todos. Ni un Dios de amor exigiría el asesinato de ‘Su’  hijo unigénito con el objeto de hacer posible la salvación. Esto nos parece un insulto al atributo más obvio y más digno de veneración de la realidad última, que es el Amor divino (y que es una vieja creencia, tanto universalista, como unitaria).

Además, ¿cómo podríamos pensar que sólo una cierta porción del mundo poseería la sabiduría última a través de esta manifestación de santidad? Yo no lo creo.

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Creo que Jesús estaría perplejo ante la situación actual del cristianismo. No, nunca insistiré lo suficiente sobre esto. Un personaje de la película de Woody Allen, “Hannah y sus hermanas” lo expresó de la mejor manera: “Si Jesucristo regresara hoy y viera todo lo que se ha cometido en su nombre, nunca dejaría de vomitar”. Porque en verdad él decía constantemente que el quid de la vida espiritual es transformar el corazón, de manera que se fortalezca para el trabajo en el mundo –para la sanación, para alimentar, para regresar a otros a la vida cuando se les margina, hiere y desanima. Acumular nuestros tesoros en el cielo y no tratar de comprar una sensación de seguridad por reunir cosas. ¿Y a qué dedican su tiempo millones de cristianos? A las compras. A juzgar a otros, en directa oposición a lo que Jesús enseñó. A alegar sobre las formas supuestamente apropiadas de sexualidad sobre las que Jesús nunca dijo una bendita palabra. A obsesionarse por las prácticas de adoración cuando Jesús dijo que salieras, amaras a tu vecino y dejaras de vivir de la letra de la ley religiosa.

Jesús fue un humanista. Tal vez esta es la razón por la que muchos  humanistas en las comunidades unitarias universalistas se sienten tan ofendidos ante la perversión de las eneseñanzas de Jesús y su vida, porque en él reconocen a uno de los suyos –a un místico ciertamente, pero a uno de los suyos– y son presa de ira y duelo al ver su mensaje humanista básico alienado y distorsionado. Él vivió y enseñó una forma esencialmente humanista de religión –una religión que destacó las relaciones humanas, la responsabilidad humana y la capacidad humana de ser manos del amor divino de los unos por los otros.

Espero que compartan conmigo estas dos ideas finales que les ofrezco. La primera es que por mi estudio de las Escrituras Cristianas, creo cada vez más que la intención de Jesús fue enseñarnos cómo usar apropiadamente el poder; que es unificar a la gente, sanar, levantar, servir, salvar vidas, bendecir y dignificar a toda la gente. Todo esto resultó algo extremadamente subversivo bajo el régimen imperial de Roma que vivió Jesús, que se fundaba completamente en el ‘poder sobre’ y en que las jerarquías superiores impusieran su voluntad sobre sus subordinados. Y sigue siendo increíblemente subversivo también para nuestra propia cultura –y muy complicado–, en la que los césares son cristianos (lo que sucede por casi todo el mundo occidental).

Finalmente, me gustaría decir una palabra sobre la cruz vacía, que en mi corazón evoca el sentimiento totalmente opuesto al de la dolorosa imagen de la cricifixión, a Jesús agonizante. La cruz es un símbolo antiguo que antecede al cristianismo –es una representación de la unión cósmica del reino divino y el reino de la realidad material. Para mí, es un símbolo de una clase de alegría rebelde, un saludo poderoso a ese poder subversivo que mencioné hace un momento y una manifestación de lo que el viejo himno llama”bendita certeza”. Para mí, dice: Si vives tu vida de acuerdo a tu más profundo llamado y si vivies el llamado con perfecta integridad –¡con tu mejor integridad!– y si no sólo sabes quíen eres, sino de quién eres, nunca podrás ser víctima. No importa lo que los poderes establecidos escojan hacer y no importan las circuntancias que te impongan, hay una realidad intocable en el centro de tu persona –una realidad eterna– y esa realidad es el amor. Es tu derecho de nacimiento y no puede ser arruinado por manos humanas o negado a ti por cualquier cosa que ocurra en tu vida. Y como reza la vieja canción de gospel, “Ain’ t that a good news?” [¿Acaso no es esa una buena noticia?].

Pienso que lo es. Y conforme lucho por encontrar un final apropiado y contundente para este sermón, miro a Jesús riéndose de mi en la pared. Y dice, “¡Weinstein…ya fue suficiente de pensar y hablar! Diles esto: se amarán los unos a los otros como yo los he amado, y ya canten el himno de cierre”.

Ese es mi Jesús.

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1Dije en este momento que mi padre no tenía un rabino. Pero olvidé lo que me enteré por mi madre apenas el año pasado: que mi padre había asisitido a la iglesia unitaria por un tiempo, antes de que comenzaran a salir él y mi madre.

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El Adviento para el resto de nosotros

9. diciembre. 2008

Revda. Judith Campbell, dado en la Capilla Stevens el 2 de diciembre de 2001 (Trad. Francisco Javier Lagunes Gaitán)


La Reverenda Judith Campbell en Martha's Vineyard

La Reverenda Judith Campbell en Martha's Vineyard

El tiempo de Adviento es una observancia cristiana que abarca los 4 domingos anteriores al día en que se celebra el nacimiento de Jesús, que los cristianos primitivos decidieron celebrar el 25 de diciembre. Para los cristianos practicantes se trata de un periodo de preparación espiritual para la celebración del Nacimiento de Jesús, que casualmente coincide con las cuatro semanas anteriores al Solsticio de Invierno. En los hogares e iglesias cristianos  se observa con el encendido de las velas de la Corona de Adviento, junto con oraciones y rituales especiales para preparar a la comunidad cristiana practicante para el advenimiento de la Gran Luz de Jesús en el periodo más obscuro del año solar.

Corona de Adviento

Más recientemente, se han añadido al Adviento toda una gama de productos comercialmente producidos los ‘calendarios de Adviento’ que señalan los 24 días que preceden al día de la navidad. Estos calendarios van desde ‘los ‘casi-Hallmark-versión-religiosa’ hasta los ‘empalagosos-descafeínados-comercialísimos-repulsivos’. Son elaborados en el nombre del lucro, más que en el del Gran Profeta y son poco más que un conteo colorido interactivo para señalar los días que transcurren para la celebración comercial de la ley de la ganancia, ese golpe de despilfarro final conocido como la Navidad

Pero vayamos ahora al significado original de esta observancia. Todos tendríamos mucho que aprender y no deberíamos descartar a priori esta posibilidad sólo por venir en una envoltura cristiana. Recuerdo ahora mi sermón sobre el conservadurismo. Hay un bien asombroso que puede hallarse y ser obtenido de todas las tradiciones espirituales. Y debido a que tantos de nosotros dejamos activamente el cristianismo al acercarnos a las congregaciones  unitarias, sería muy recomendable no ‘tirar al bebé junto con el agua sucia’, para usar una frase muy apropiada.

El Adviento es un periodo de preparación no sólo para la noche más larga del año, sino para la noche en la que se nos prometió que encontraríamos, y seríamos bañados por, la luz redentora del mundo. Para los cristianos esta promesa se cumple con el nacimiento de Yeshúa ben Yosef, de Nazaret. En los países nórdicos paganos, es la Novia de la Luz, una diosa adornada con una corona de velas quien llega la noche más obscura del año a devolver la luz a la gente. Incluso hoy, en muchos hogares escandinavos, por la mañana del 13 de diciembre la hija mayor, se viste de blanco y se adorna con una corona de velas para llevar el desayuno a la cama a sus padres….y canta la canción italiana “Santa Lucia” …no sé si en sueco o en italiano.

Festival nórdico de Santa Lucia (ants Novia de la Luz)

Las sociedades celtas precristianas hacían círculos de hojas perennes y encendían fogatas en el medio de ellos para esperar la noche más larga y como símbolo de la promesa de que la luz regresaría. Aprenderemos más de esta tradición en particular y nos contaremos cuentos nórdicos y escandinavos en nuestro servicio del 16 de diciembre (¡No se lo pierdan pues este es apenas un adelanto de lo que vendrá!). Y aunque esta es una celebración relativamente menor en el calendario judío, la Janucá, es la conmemoración del milagro de la luz que ardió en el templo por 8 días, aunque sólo había aceite suficiente para que durase un día en ese obscuro periodo de la historia judía.

La temporada misma del Adviento tiene diferentes sombras de interpretación según la tradición particular, las culturas locales y la inclinación de la gente que lo celebra. Para la mayoría de los cristianos practicantes es un periodo de retiro y purificación espiritual en preparación para el Nacimiento de Jesús. Otros lo han visto como un tiempo para meditar en las alegrías y preocupaciones de María, la madre de Jesús, al prepararse para dar a luz a un niño que cambiaría el mundo. Y otros más lo ven como un momento para examinar sus corazones y dolerse del hecho de que no han estado lo suficientemente dedicados, o que no han sido lo suficientemente apasionados por la práctica de su fe.

Esta última interpretación considera al Adviento casi como una semi-Pascua; como un tiempo de práctica penitencial e intensa plegaria en preparación para el advenimiento de la luz en el mundo. El color litúrgico para el Adviento es el morado, el mismo que para la Pascua. Y algunas iglesias evitan el uso de decoraciones florales durante el Adviento, como forma de expresar duelo por la obscuridad del alma.

Una práctica penitencial

Pero cualesquiera que sean nuestras prácticas religiosas… o nuestra carencia de ellas, todos los humanos vivimos periodos pendulares de cambio de luz y obscuridad como una característica de lo que significa vivir en este planeta. En tanto que criaturas pensantes y sensibles, con la habilidad de pensar en el futuro y de recordar el pasado… es inevitable que también pasemos por nuestros periodos personales de luz y obscuridad. Pienso que hay lecciones valiosas en el simbolismo incluido en las cuatro velas de Adviento para cualquiera que afrontemos nuestros propios periodos de obscuridad espiritual. Estos símbolos y rituales podrían de hecho ofrecernos alguna ayuda y guía en nuestra propia búsqueda por entender las bendiciones de la luz de la verdad eterna…como sea que la interpretemos.

Pero consideremos por un momento la tradicional Corona de Adviento. Esta Corona de Adviento fue elaborada por Betty Burton. Las 4 velas, 3 moradas y una rosa, correspondientes a cada domingo anterior a la Navidad, cada una tiene un significado especial. Algunas coronas también incluyen una quinta vela para ser encendida el día de la Navidad. Las hojas perennes de la base simbolizan la eternidad de la renovación de las estaciones de la tierra. Y, desde luego, la forma circular simboliza el amor interminable y la verdad de lo Sacratísimo Completamente Otro.

En mi investigación para este sermón, muchos de los rituales de Adviento que encontré comenzaban con un relato del Libro de Isaías, en la Biblia Hebrea. Varias órdenes monásticas católicas han creado rituales para ser practicados en casa que sugieren enecender las velas y que los asistentes oren las plegarias al atardecer, de manera muy semejante a como se encienden las 2 velas del Sábbat o las 9 velas de la januquilla (candelabro para Janucá)  en un hogar judío. Pero al ser unitaria universalista y simplemente al ser yo misma…me gusta aprender todo lo que pueda de una observancia de esta naturaleza y luego decidir qué es lo que funciona para mí, tanto espiritual, como teológicamente…, así como lo que elijo dejar atrás.

Corona de Adviento con sus 5 velas tradicionales

Fue mi viejo colega y amigo, el Revdo. Dick Fewkes, quien ha sido ministro invitado en diversas ocasiones aquí y que dió el sermón de mi instalación, quien me comunicó los significados tradiconales de las 4 velas, así como de su reinterpretación unitaria universalista… que es la que funciona apara mí…. y que podría también funcionar para ustedes.

La primera vela: simboliza la fe…(o la confianza) —en lo que el pasado nos ha proveído en cuanto a amigos, familia, la fuente de toda la vida, la perfección del cosmos y la perfectibilidad última de los humanos que lo habitan.

La segunda vela: es por la esperanza (o la expectativa) —esta podría ser la esperanza de un futuro más brillante, de un mejor mañana, de una vida más significativa… o de aquello de lo que carecemos en nuestro presente.

La tercera vela rosa es por el amor y para algunos representa algo como una “Vela de María”. Simbolizaría el amor de María por su hijo por venir. Podemos pensar en el amor parental…el amor humano…y desde luego, el Amor Divino.

La cuarta vela es por la paz….Paz en la tierra —tan significativa en la actualidad, por la paz interior, la paz del corazón…la paz que se encuentra en el río de luz que es la fuente de toda la existencia.

La quinta vela, blanca, está colocada en el centro es encendida el mismo día de Navidad, para la tradición cristiana representa la luz del mundo encarnada en el hombre Jesús. Es la vela de la presente y omnipresente alegría del milagro de la vida.

Estas palabras, fe, esperanza, alegría, paz y amor no son propiedad exclusiva de la fe cristiana. Estas palabras son los elementos básicos de la integridad espiritual y de la conciencia… son la sangre de vida del corazón… Si nos fortalecemos espiritualmente con el don de la fe en algo mayor que nosotros mismos, nos abrimos a la promesa de la esperanza en un mundo caótico y desgarrado por la guerra, al poder de la trascendencia de la alegría, así podremos aguantar, entender e incluso anticipar los periodos obscuros como tiempos para reunir fuerzas y para hacer el trabajo interior del alma, en la confianza de que la Luz vendrá de nuevo y de que estaremos listos para recibirla.

En las palabras que nos dejó el profeta Isaías, sólo la persona que ha caminado en una gran obscuridad conocerá la bendición y el poder de la luz. Es fácil dejar de lado una afirmación así, como si se tratase de un mero tópico sobado… pero sería un error hacerlo así. Es la obscuridad la que define la luz, sin la una, no conoceríamos a la otra.

Sólo quien ha transitado por la gran obscuridad aprecia la luz

Los días cercanos al solsticio de invierno son días de recogimiento. Cenamos más temprano, nos acostamos más temprano, dormimos hasta más tarde y vivimos en un mundo que se obscurecen cada vez más por el giro de la tierra. No somos abandonados a la obscuridad, necesitamos de la obscuridad para que nuestras propias almas definan la luz si es que alguna vez hemos de conocerla.

El concepto del Adviento no es distintivamente cristiano… cualquier periodo de preparación intencional es una clase de ‘adviento’… un venir- hacia… como lo explican las raíces latinas de la palabra. En cualquier momento en el que intencionalmente vamos hacia algo, nos preparamos para llegar ahí… ¡Si es que hemos de llegar ahí!

El don de la vida es, entre otras cosas, un movimiento cíclico de salir y entrar a periodos de luz y obscuridad de nuestro ser… los periodos buenos y los tiempos en los que el camino se torna particularmente escarpado. A veces tenemos tiempo de prepararnos para un periodo difícil, pero no generalmente. Pero si lo pensamos, el mensaje del Adviento está presente para cualquiera de nosotros en las velas simbólicas, son las luces de la esperanza, la paz, la alegría, el amor y la fe en la obscuridad. Son las mismas cosas que nos permitirán ver la obscuridad como un lugar en el que estos sentimientos humanos han de estar cercanamente vinculados con la fuente de la luz que adviene.

Debemos preguntarnos a nosotros mismos… hacia qué me muevo… cuál es mi adviento… y cómo puedo afrontarlo con la mayor sabiduría. Qué luz encontraré y si estaré listo para recibirla cuando la encuentre.

Una luz de adviento muy personal