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El Adviento para el resto de nosotros

9. diciembre. 2008

Revda. Judith Campbell, dado en la Capilla Stevens el 2 de diciembre de 2001 (Trad. Francisco Javier Lagunes Gaitán)


La Reverenda Judith Campbell en Martha's Vineyard

La Reverenda Judith Campbell en Martha's Vineyard

El tiempo de Adviento es una observancia cristiana que abarca los 4 domingos anteriores al día en que se celebra el nacimiento de Jesús, que los cristianos primitivos decidieron celebrar el 25 de diciembre. Para los cristianos practicantes se trata de un periodo de preparación espiritual para la celebración del Nacimiento de Jesús, que casualmente coincide con las cuatro semanas anteriores al Solsticio de Invierno. En los hogares e iglesias cristianos  se observa con el encendido de las velas de la Corona de Adviento, junto con oraciones y rituales especiales para preparar a la comunidad cristiana practicante para el advenimiento de la Gran Luz de Jesús en el periodo más obscuro del año solar.

Corona de Adviento

Más recientemente, se han añadido al Adviento toda una gama de productos comercialmente producidos los ‘calendarios de Adviento’ que señalan los 24 días que preceden al día de la navidad. Estos calendarios van desde ‘los ‘casi-Hallmark-versión-religiosa’ hasta los ‘empalagosos-descafeínados-comercialísimos-repulsivos’. Son elaborados en el nombre del lucro, más que en el del Gran Profeta y son poco más que un conteo colorido interactivo para señalar los días que transcurren para la celebración comercial de la ley de la ganancia, ese golpe de despilfarro final conocido como la Navidad

Pero vayamos ahora al significado original de esta observancia. Todos tendríamos mucho que aprender y no deberíamos descartar a priori esta posibilidad sólo por venir en una envoltura cristiana. Recuerdo ahora mi sermón sobre el conservadurismo. Hay un bien asombroso que puede hallarse y ser obtenido de todas las tradiciones espirituales. Y debido a que tantos de nosotros dejamos activamente el cristianismo al acercarnos a las congregaciones  unitarias, sería muy recomendable no ‘tirar al bebé junto con el agua sucia’, para usar una frase muy apropiada.

El Adviento es un periodo de preparación no sólo para la noche más larga del año, sino para la noche en la que se nos prometió que encontraríamos, y seríamos bañados por, la luz redentora del mundo. Para los cristianos esta promesa se cumple con el nacimiento de Yeshúa ben Yosef, de Nazaret. En los países nórdicos paganos, es la Novia de la Luz, una diosa adornada con una corona de velas quien llega la noche más obscura del año a devolver la luz a la gente. Incluso hoy, en muchos hogares escandinavos, por la mañana del 13 de diciembre la hija mayor, se viste de blanco y se adorna con una corona de velas para llevar el desayuno a la cama a sus padres….y canta la canción italiana “Santa Lucia” …no sé si en sueco o en italiano.

Festival nórdico de Santa Lucia (ants Novia de la Luz)

Las sociedades celtas precristianas hacían círculos de hojas perennes y encendían fogatas en el medio de ellos para esperar la noche más larga y como símbolo de la promesa de que la luz regresaría. Aprenderemos más de esta tradición en particular y nos contaremos cuentos nórdicos y escandinavos en nuestro servicio del 16 de diciembre (¡No se lo pierdan pues este es apenas un adelanto de lo que vendrá!). Y aunque esta es una celebración relativamente menor en el calendario judío, la Janucá, es la conmemoración del milagro de la luz que ardió en el templo por 8 días, aunque sólo había aceite suficiente para que durase un día en ese obscuro periodo de la historia judía.

La temporada misma del Adviento tiene diferentes sombras de interpretación según la tradición particular, las culturas locales y la inclinación de la gente que lo celebra. Para la mayoría de los cristianos practicantes es un periodo de retiro y purificación espiritual en preparación para el Nacimiento de Jesús. Otros lo han visto como un tiempo para meditar en las alegrías y preocupaciones de María, la madre de Jesús, al prepararse para dar a luz a un niño que cambiaría el mundo. Y otros más lo ven como un momento para examinar sus corazones y dolerse del hecho de que no han estado lo suficientemente dedicados, o que no han sido lo suficientemente apasionados por la práctica de su fe.

Esta última interpretación considera al Adviento casi como una semi-Pascua; como un tiempo de práctica penitencial e intensa plegaria en preparación para el advenimiento de la luz en el mundo. El color litúrgico para el Adviento es el morado, el mismo que para la Pascua. Y algunas iglesias evitan el uso de decoraciones florales durante el Adviento, como forma de expresar duelo por la obscuridad del alma.

Una práctica penitencial

Pero cualesquiera que sean nuestras prácticas religiosas… o nuestra carencia de ellas, todos los humanos vivimos periodos pendulares de cambio de luz y obscuridad como una característica de lo que significa vivir en este planeta. En tanto que criaturas pensantes y sensibles, con la habilidad de pensar en el futuro y de recordar el pasado… es inevitable que también pasemos por nuestros periodos personales de luz y obscuridad. Pienso que hay lecciones valiosas en el simbolismo incluido en las cuatro velas de Adviento para cualquiera que afrontemos nuestros propios periodos de obscuridad espiritual. Estos símbolos y rituales podrían de hecho ofrecernos alguna ayuda y guía en nuestra propia búsqueda por entender las bendiciones de la luz de la verdad eterna…como sea que la interpretemos.

Pero consideremos por un momento la tradicional Corona de Adviento. Esta Corona de Adviento fue elaborada por Betty Burton. Las 4 velas, 3 moradas y una rosa, correspondientes a cada domingo anterior a la Navidad, cada una tiene un significado especial. Algunas coronas también incluyen una quinta vela para ser encendida el día de la Navidad. Las hojas perennes de la base simbolizan la eternidad de la renovación de las estaciones de la tierra. Y, desde luego, la forma circular simboliza el amor interminable y la verdad de lo Sacratísimo Completamente Otro.

En mi investigación para este sermón, muchos de los rituales de Adviento que encontré comenzaban con un relato del Libro de Isaías, en la Biblia Hebrea. Varias órdenes monásticas católicas han creado rituales para ser practicados en casa que sugieren enecender las velas y que los asistentes oren las plegarias al atardecer, de manera muy semejante a como se encienden las 2 velas del Sábbat o las 9 velas de la januquilla (candelabro para Janucá)  en un hogar judío. Pero al ser unitaria universalista y simplemente al ser yo misma…me gusta aprender todo lo que pueda de una observancia de esta naturaleza y luego decidir qué es lo que funciona para mí, tanto espiritual, como teológicamente…, así como lo que elijo dejar atrás.

Corona de Adviento con sus 5 velas tradicionales

Fue mi viejo colega y amigo, el Revdo. Dick Fewkes, quien ha sido ministro invitado en diversas ocasiones aquí y que dió el sermón de mi instalación, quien me comunicó los significados tradiconales de las 4 velas, así como de su reinterpretación unitaria universalista… que es la que funciona apara mí…. y que podría también funcionar para ustedes.

La primera vela: simboliza la fe…(o la confianza) —en lo que el pasado nos ha proveído en cuanto a amigos, familia, la fuente de toda la vida, la perfección del cosmos y la perfectibilidad última de los humanos que lo habitan.

La segunda vela: es por la esperanza (o la expectativa) —esta podría ser la esperanza de un futuro más brillante, de un mejor mañana, de una vida más significativa… o de aquello de lo que carecemos en nuestro presente.

La tercera vela rosa es por el amor y para algunos representa algo como una “Vela de María”. Simbolizaría el amor de María por su hijo por venir. Podemos pensar en el amor parental…el amor humano…y desde luego, el Amor Divino.

La cuarta vela es por la paz….Paz en la tierra —tan significativa en la actualidad, por la paz interior, la paz del corazón…la paz que se encuentra en el río de luz que es la fuente de toda la existencia.

La quinta vela, blanca, está colocada en el centro es encendida el mismo día de Navidad, para la tradición cristiana representa la luz del mundo encarnada en el hombre Jesús. Es la vela de la presente y omnipresente alegría del milagro de la vida.

Estas palabras, fe, esperanza, alegría, paz y amor no son propiedad exclusiva de la fe cristiana. Estas palabras son los elementos básicos de la integridad espiritual y de la conciencia… son la sangre de vida del corazón… Si nos fortalecemos espiritualmente con el don de la fe en algo mayor que nosotros mismos, nos abrimos a la promesa de la esperanza en un mundo caótico y desgarrado por la guerra, al poder de la trascendencia de la alegría, así podremos aguantar, entender e incluso anticipar los periodos obscuros como tiempos para reunir fuerzas y para hacer el trabajo interior del alma, en la confianza de que la Luz vendrá de nuevo y de que estaremos listos para recibirla.

En las palabras que nos dejó el profeta Isaías, sólo la persona que ha caminado en una gran obscuridad conocerá la bendición y el poder de la luz. Es fácil dejar de lado una afirmación así, como si se tratase de un mero tópico sobado… pero sería un error hacerlo así. Es la obscuridad la que define la luz, sin la una, no conoceríamos a la otra.

Sólo quien ha transitado por la gran obscuridad aprecia la luz

Los días cercanos al solsticio de invierno son días de recogimiento. Cenamos más temprano, nos acostamos más temprano, dormimos hasta más tarde y vivimos en un mundo que se obscurecen cada vez más por el giro de la tierra. No somos abandonados a la obscuridad, necesitamos de la obscuridad para que nuestras propias almas definan la luz si es que alguna vez hemos de conocerla.

El concepto del Adviento no es distintivamente cristiano… cualquier periodo de preparación intencional es una clase de ‘adviento’… un venir- hacia… como lo explican las raíces latinas de la palabra. En cualquier momento en el que intencionalmente vamos hacia algo, nos preparamos para llegar ahí… ¡Si es que hemos de llegar ahí!

El don de la vida es, entre otras cosas, un movimiento cíclico de salir y entrar a periodos de luz y obscuridad de nuestro ser… los periodos buenos y los tiempos en los que el camino se torna particularmente escarpado. A veces tenemos tiempo de prepararnos para un periodo difícil, pero no generalmente. Pero si lo pensamos, el mensaje del Adviento está presente para cualquiera de nosotros en las velas simbólicas, son las luces de la esperanza, la paz, la alegría, el amor y la fe en la obscuridad. Son las mismas cosas que nos permitirán ver la obscuridad como un lugar en el que estos sentimientos humanos han de estar cercanamente vinculados con la fuente de la luz que adviene.

Debemos preguntarnos a nosotros mismos… hacia qué me muevo… cuál es mi adviento… y cómo puedo afrontarlo con la mayor sabiduría. Qué luz encontraré y si estaré listo para recibirla cuando la encuentre.

Una luz de adviento muy personal