Posts Tagged ‘Pascua’

h1

La experiencia de la Pascua: La transformación de un gran escéptico

9. abril. 2009

grandmotherandchild

Materiales litúrgicos para el 15 de abril de 2001. Revdo Mark Belletini, Ministro de la Primera Iglesia Unitaria Universalista de Columbus, Ohio (Trad. Francisco Javier Lagunes Gaitán)
http://firstuucolumbus.org/sermons/mb20010415.htm

Palabras de apertura (lectura antífona)

Estamos aquí
para celebrar nuestras vidas y la Vida misma,

sea que florezca en delicadas flores de primavera
o brote con fuerza en mujeres, hombres y niños

que protestan a favor de la paz y por un mundo más justo.
El aleluya de esta Pascua es un llamado a un brote semejante,

una invitación a tal florecimiento.
Es un llamamiento en palabra, signo y música

a rehusarnos a sentir vergüenza por nuestro gozo y nuestro amor
Y así mismo, a todo lo largo de nuestro tiempo de adoración

(unísono) Que nuestra razón y nuestra pasión nos mantengan veraces hacia nosotros mismos, auténticos los unos hacia los otros, y fieles hacia aquellas visiones compartidas de lo que podemos llegar a ser juntos…

Afirmación

Regocijo pascual, tomado de “Sermons of the Big Joy”, James Broughton, 1994:

Sacúdete los escrúpulos.
Organiza tus sueños.
Profundiza tus raíces.
Extiende tus ramas.
Confía en las aguas profundas
y pon rumbo hacia la apertura,
aun si tú visión
te hunde.

Deja tu adicción
a la mofa y a la queja.
Abre un puesto de observación.
Baila en el borde.
Corre con tu fuego arrasador.
Estás más cerca de la gloria
al saltar un abismo
que al tapizar un bache.

Nada de pachorras.
Nada de dudas
Con toda intrepidez
Camina hacia la claridad.
En cada encrucijada
Prepárate
a toparte con lo asombroso.
Sólo el amor prevalece.

En ruta hacia el desastre
persiste en los cánticos.
Eleva tu aquello inefable
fuera de lo mundano.
¡Nada perece;
nada sobrevive;
todo se transforma!
¡Luna de miel con el Gran Gozo!

adoratrices

Llamado al gran silencio

La gloria silenciosa del amanecer
por el borde del bosque verde obscuro
se entreteje con cantos de pájaro.
El silencio de la rosa roja que florece
se entreteje con los gritos de los niños que juegan cerca.
El silencio de la luz de las estrellas tras las nubes
se entreteje con el zumbar de un avión detrás de ellas.
El silencio de la página blanca
se entreteje con las negras notas de un himno coral,
y así permite llevar la música de generación en generación.
El silencio de quien sufre se entreteje con lágrimas.

El silencio y el ruido están entretejidos para siempre.
El universo entero se tensa al tejer lo que no puede ser rasgado.

Ahora la quietud se entremezcla con el alboroto, la vida con la muerte,
la caída con el ascenso, todo opera en conjunto para hacer una integridad,
una maravilla, los emblemas del Gran Gozo mismo.

Bendito sea entonces el silencio que sigue a estas palabras, y que precede a otras palabras. Sin él, el todo estaría arruinado, las canciones serían mero ruido, la trama de la creación estaría hecha jirones. Por lo tanto, ofrezco acoger al silencio como presencia, no como ausencia, pues no habría universo sin él.

(Sonido de campana)

Algunos en esta congregación viajan esta semana.

Otros reciben a familiares y amigos en su casa. Otros, como Lisa Cox, yacen en camas de hospital, llevados y traídos entre el sueño y la angustia. Algunos tendrán una cena especial esta tarde, otros darán paseos, otros podrían leer solos, contentos por unos pocos momentos de recuerdo y soledad. Sea lo que sea que hagamos, todos estamos conectados, entretejidos en un todo, e incluso la ausencia es una presencia para nosotros. Por lo tanto nos sentamos juntos esta vez para traer a nuestra mente la muy real comunión de la que somos parte, nombrando en nuestros corazones, o en voz alta ante la comunidad, como lo deseemos, a todos aquellos que están presentes para nosotros en nuestros afectos, nuestros recuerdos, y nuestras luchas.

(momento para nombrar a personas significativas a las que les agradecemos o que nos preocupan)

La primavera también es un tejido de recuerdo y esperanza, de verde y rosa, de alabanza y anhelo. La Pascua es un tejido que despilfarra aleluyas con flores increíbles, brisas fragantes, y la sangre que se derrama en la fiebre primaveral.

Hoy es la primavera del espíritu, el cambio del corazón prófugo hacia la vida, el canto, el canto y el canto del Gran Gozo en el corazón de todas las cosas.

bertrandrussell

Primera lectura

La lectura de hoy proviene de la autobiografía del ganador del Premio Nobel y destacado filósofo, matemático y autor, Bertrand Russell (1872-1970), escrita en 1946. Cabe hacer notar que cuando Lord Russell usa la frase “educación de la escuela pública” se refiere al sistema británico que conoció en su tiempo.

“…Cuando llegamos a casa, encontramos que la Sra. W. experimentaba un ataque de dolor inusualmente severo. Ella parecía aislada de todos y de todo por paredes de agonía, y la sensación de la soledad de cada alma humana me abrumó súbitamente. Prácticamente desde mi matrimonio, mi vida emocional había sido calma y superficial. Me había olvidado de todas las cuestiones profundas, y me contentaba con alguna agudeza poco seria. Repentinamente el suelo debajo de mí pareció desplomarse, y me encontré en una región completamente diferente. En cinco minutos, atravesé por reflexiones tales como las siguientes: la soledad del alma humana es insoportable; nada puede penetrarla, excepto la más elevada intensidad del tipo de amor que los maestros religiosos han predicado; cualquier cosa que no surja de este tema recurrente es dañina o, en el mejor de los casos inútil; se sigue que la guerra es errónea, que la educación de la escuela pública es abominable, que el uso de la fuerza debe desaprobarse, y que, en las relaciones humanas, uno debe penetrar el núcleo de la soledad de cada persona y hablarle a eso. Al final de esos cinco minutos, me había convertido en una persona completamente diferente. Por un momento, una especie de iluminación mística me poseyó. Sentí que conocía los pensamientos más íntimos de toda la gente que encontraba en la calle, y aunque se trataba, sin lugar a dudas, de una figuración, de hecho logré un contacto más estrecho del que había tenido previamente con todos mis amigos y muchos de mis conocidos. Habiendo sido un partidario del Imperio, me convertí por esos cinco minutos en… un pacifista. Durante años sólo me habían importado la exactitud y el análisis, de repente me encontré lleno de sentimientos semi místicos sobre la belleza, y con un intenso interés en los niños y un deseo casi tan profundo como el del Buda por encontrar alguna filosofía que hiciera soportable la vida humana. Me poseyó una extraña excitación, que contenía un inmenso dolor pero también algún elemento de triunfo a través del hecho de que podía dominar el dolor, e hice, conforme lo pensaba, una entrada hacia la sabiduría. La visión mística que imaginé que poseía en ese momento se ha desvanecido casi completamente, y el hábito del análisis se restableció. Pero algo de lo que pensé que vi en ese momento ha permanecido siempre conmigo, y fue la causa de mi actitud durante la primera guerra, de mi interés en los niños, de mi indiferencia hacia los pequeños infortunios, y de un cierto tono emocional en todas mis relaciones humanas.”

rosario-castellanos

Segunda lectura

Un maravilloso poema de Rosario Castellanos (Ciudad de México 1925-Tel Aviv 1974), escrito en 1960: Presencia

Algún día lo sabré. Este cuerpo que ha sido
Mi albergue, mi prisión, mi hospital, es mi tumba.

Esto que uní alrededor de un ansia,
De un dolor, de un recuerdo
Desertará buscando el agua, la hoja,
La espora original y aun lo inerte y la piedra.

Este nudo que fui (inextricable
De cóleras, traiciones, esperanzas,
Vislumbres repentinos, abandonos,
Hambres, gritos de miedo y desamparo
Y alegría fulgiendo en las tinieblas
Y palabras y amor y amor y amores)
Lo cortarán los años.

Nadie verá la destrucción. Ninguno
Recogerá la página inconclusa.
Entre el puñado de actos
Dispersos, aventados al azar, no habrá uno
Al que pongan aparte como a perla preciosa.
Y, sin embargo, hermano, amante, hijo,
Amigo, antepasado,
No hay soledad, no hay muerte
Aunque yo olvide y aunque yo me acabe.

Hombre, donde tú estás, donde tú vives.
Permaneceremos todos.

Sermón: La experiencia de la Pascua: La transformación de un gran escéptico

Mi abuelo, Nazzareno (‘Nazareno’) Belletini, habría sabido valorar el poema de Rosario Castellanos, esto es, si hubiera aprendido a leer poesía, lo que nunca hizo. Estaba demasiado ocupado con su jardín y su bodega de vinos como para hacer alguna lectura, demasiado ocupado creando la poesía de los tomates rojos, el verde obscuro del romero, el verde brillante de la espinaca, el rosado azuloso de los arbustos bola de nieve y el rubí profundo del vino, para encontrar alguna vez gran satisfacción en la clase de poesía hecha sólo con palabras. “Este cuerpo que ha sido mi albergue, mi prisión, mi hospital, es mi tumba”, escribe Castellanos. ¿Por qué le habría gustado a mi abuelo este poema? Porque recuerdo un día de Pascua, cuando yo tenía diez años, cuando sin querer lo escuché hablarle a mi padre sobre todas las cosas, sobre la muerte. “Oh, la muerte no me preocupa”, dijo él. “Como yo la veo, la vida es en mucho como pasar el día arreglando el jardín. Excavas, y azadonas, y podas, y deshierbas. Hueles los botones que florecen e imaginas cuán dulces sabrán los tomates en tu plato. Entonces, al final del día, yaces en tu lecho, satisfecho. Jalas la colcha por sobre tus hombros, y sientes que el sueño se posa cálido y pesado sobre ti”.

Nadie sabe realmente si se levantará por la mañana, pero sin embargo estamos contentos de dejar atrás nuestros achaques y dolores, y nos abandonamos lentamente al sueño para descansar y dormir.Cuando me llegue mi turno de morir, algún día”, siguió mi abuelo, “será lo mismo. Excepto que el día en que yazga en la misma tierra en la que crecen mis tomates, y deje que la tierra misma sea mi cobija. Estaré feliz de quedarme dormido, sin pensar, como siempre, en levantarme –o no– por el clima, simplemente satisfecho de que viví, creé y amé”.

belletini

Recuerdo cómo me sorprendió que dijera eso. Quedé aturdido hasta el centro de mi ser de diez años. Después de todo, en mi escuela dominical de la iglesia se nos enseñaba que la muerte era algo de lo que había que preservarnos. Se nos enseñaba que la muerte daba un ‘aguijonazo’, como un alacrán y que todos los seres humanos estarían felices de tener la oportunidad de vivir para siempre. Mi abuelo, sin embargo, no parecía querer vivir para siempre. Y eso simplemente me asombró.

Ahora que, debo decirles que mi abuelo nunca leyó un libro, en especial ningún libro de filosofía de Bertrand Russell. Estoy seguro de que él nunca escuchó siquiera la palabra ‘filosofía’. Nunca asistió a una escuela un sólo día de su vida. Creció con gran pobreza en la comarca montañosa de Modena, Italia, en una pequeña villa llamada Fannano.

Cuando era él todavía un niño, dejó Italia y trabajó con su hermano Pipa en una mina de carbón en Córcega. Los dos hermanos se arrastraban sobre su vientre diariamente por un pasadizo de menos de medio metro de alto. Ellos hicieron esto por años, a cambio de ganar unos cuantos centavos. Él inmigró a los EUA cuando joven, a los 17 años, sólo para terminar trabajando acá en peligrosas minas, también. Sus pulmones quedaron negros como el alquitrán por toda una vida de ese trabajo. Frecuentemente estaba enfermo debido a su trabajo. Incluso perdió uno de sus ojos.

Pero fue más que un hombre de trabajo. Él fue un hombre de penas. Miren, cuando vino a este país dejó a sus padres y nunca volvió a verlos o a hablar con ellos. Sin estudios, tuvo que abrirse camino en un país con un idioma y costumbres extraños. Él y mi abuela siempre fueron muy pobres. Pienso que probablemente se den cuenta de que su vida no fue fácil. Y aun así, a pesar de esto, no pasó sus días a la espera de otra vida, de ser indultado de la muerte, de una resurrección salvadora prometida para algún día. Y esto me asombró. Mi abuelo no había terminado de hablar con mi padre. Parecía haber supuesto, de alguna forma, que Jesús debía haber sido un campesino pobre de las montañas, más o menos como él. Esta es la razón, supongo, por la que terminó su conversación con mi padre ofreciéndole esto: “Estoy seguro de que Jesús debe haber sido un muy buen hombre. Pero cuando lo asesinaron”, dijo él, “su cuerpo también lo pusieron bajo la cobija de la tierra, y ahí es donde terminó”. Obviamente, el relato tradicional de la Pascua no tenía sentido para él.

No tiene sentido para mucha gente moderna, como ustedes lo saben bien. Para nosotros, los modernos Unitarios Universalistas tampoco aunque con frecuencia somos mucho más educados y afortunados que mi abuelo ya que hemos compartido la opinión de mi abuelo sobre la Pascua por muchos años.

Oh, ha habido algunas excepciones, lo sé. Siempre ha habido una amplia variedad de creencias entre nosotros sobre tales cosas. Y sí, algunos individuos encuentran importante afirmar que algo bueno le sucede a la gente luego de morir, como lo mantuvieron tan elocuentemente nuestros antepasados Universalistas[1] por cientos de años [preconizaban que un Dios de amor era garantía de la salvación universal de todas las almas].

Pero tengo claro, por lo menos, que la gran mayoría de nosotros no dedicamos mucho tiempo a imaginar una vida después de esta, como quiera que sea concebida. Parece que nos enfocamos principalmente en este lado —antes de la tumba— sin que nos importe tanto lo que suceda finalmente a los individuos después de morir. Y yo, al menos, considero que esta es una posición profundamente espiritual, y sí, incluso religiosa.

Ahora que, cuando pienso personalmente en Jesús, el hombre cuyo nombre se asocia tanto al día de Pascua, tiendo a no pensar en su triste y cruel muerte, o en su sospechosamente escandaloso y altamente fabulado nacimiento. Como mi abuelo, imagino su vida, sus horas diarias, no su muerte perturbadora. Pienso en su pasión ética. Pienso en su vida deliberadamente pacífica. Pienso en su llamado a todos los que lo escuchaban, en su invitación a transformar así la sociedad, las penurias de la pobreza, la enfermedad, y para que la crueldad cultural ya no llevara la voz cantante y distorsionara la poderosa y central realidad del amor… un amor que se refleja principalmente en amabilidad y compasión. Y con todo y mi típica visión Unitarios Universalistas atípica sobre el domingo de Pascua, siempre me intrigó el relato de la transformación que representa la Pascua.

¿Lo ven? Así como mi abuelo, no encuentro personalmente que mi muerte deba ser remediada con la resurrección, como sea que la definamos. Como la mayoría de los Unitarios Universalistas modernos, mis experiencias de vida me han vuelto receloso de aceptar relatos con resonancias fuertemente teológicas como si fueran alguna clase de historia sensata, lo que es esencial para mi bienestar personal y espiritual.

Pero no puedo negar que bajo todos los asombrosos relatos de la Pascua, con sus contradicciones y desaciertos, hay un registro auténtico de una asombrosa transformación que te cambia la vida.

No que transforme un cuerpo crucificado en algo reluciente.

No de una tumba ocupada que se haya quedado vacía. Sino de la transformación de un grupo de campesinos sin estudios en un grupo de predicadores pacifistas que llegarían a desafiar el poder y las convicciones de un imperio basado completamente en la esclavización incuestionada de al menos la mitad de la población de esa época.

Como la mayoría de los estudiosos modernos, no tengo duda sobre que Jesús fue un maestro, uno amado por sus estudiantes. Debo señalar, sin embargo, que los estudiosos cristianos modernos como John Dominic Crossan[2], por ejemplo, sugieren que este maestro maravilloso fue asesinado súbita e inesperadamente. Fue asesinado, no debido a algún veredicto repentino o a una traición, sino simplemente debido a la ordinaria, anticlimática y bien engrasada maquinaria burocrática del gobierno, que no toleraba oposición alguna. No hubo nada heroico sobre la muerte de este maestro. La suya fue una típica, si bien completamente injusta, crucifixión de un no-ciudadano de las provincias del Imperio Romano, ejecutada por un gobernador particularmente inflexible y malhumorado.

Para sus estudiantes que lo amaban, desde luego, se trató de un drama. Quedaron absolutamente devastados.

Pienso que puedo imaginar cómo se habrá sentido esta devastación en parte, debido a que no puedo creer que haya sido muy diferente de la que sentí luego de que mi mejor amigo Esteban, en California, murió luego de un terrible periodo de un sufrimiento completamente increíble[3]. Él era algo como un maestro para mí también, y para Ricardo, su compañero de vida.

Luego de su muerte quedé casi paralizado. Apenas pude levantarme de la cama durante semanas, incluso meses. El hecho de que predicara los domingos durante ese periodo podría considerarse honestamente un milagro.

Un día, algunos meses después del entierro de Esteban, al caminar por un sendero en el Parque Golden Gate con muchos pinos torcidos verde obscuro, de la especie Monterey, la sensación de la presencia de mi amigo me abrumó repentinamente. Comencé a sentir como si su vida viviera en mí, como si su notable temeridad en situaciones sociales circulara por mis venas.

monterey-pinos

Supe en mi corazón que esta fuerza podría estar conmigo, también, durante ciertas situaciones difíciles. Sabedor, luego de todos esos años de conversación profunda, de la profunda soledad que realmente zumbaba encubierta bajo su extravagante amor por los demás, comencé a desear comunicarme con los demás y ayudarlos de nuevas maneras, al mirar lo mejor que podía en lo más profundo de su alma, no a sus caras sonrientes que dicen: “Oh, todo está muy bien”.

El sol comenzó a ponerse al oeste del parque hacia el plateado Pacífico. La primera estrella despuntó en un cielo azul violeta. Y me pareció, al ver esta estrella enmarcada por las ramas obscuras de un pino, que sería casi tan fácil para mí escoger esta estrella y sostenerla en mi mano, como sería alcanzar una piña del árbol. El universo se hizo muy pequeño por un momento. Tuve una sensación de iluminación mística, un sentimiento de que un vínculo iba de mi corazón hacia todos y todo lo demás. Me sentí infundido de una calidez y una maravilla que era puro gozo.

Me sentí como paralizado, en esa surgencia oceánica de la maravilla, por el sentido de la presencia de Esteban, mi mejor amigo.

Me di cuenta de que su amor por mí, su profunda y auténtica relación conmigo y con su pareja y compañero de vida y todos sus otros amigos, también era la mejor y más auténtica parte de mí, y que nada podría quitarnos eso.

Luego de este momento, me sentí como una persona algo diferente. Empecé a ser menos afectado por la gente que trataba de lastimarme, o por quienes intentaban usarme de alguna manera. Empecé a intentar encontrar otras maneras de responder, aparte de la ira y la arrogancia autocomplaciente. Traté de relacionarme con estas personas de manera más compasiva, más desde un sentido de paz en mi corazón, en vez de desde un deseo de venganza. No negaba que la gente me lastimara —¡háganme favor!— como hice estoicamente en otro tiempo. No, sentía el dolor profundamente y me desangraba emocionalmente por los cuatro costados. Pero entonces, con todo cuidado me rehusé a pagar con la misma moneda.

Cuando leo la sección de la Autobiografía de Bertrand Russell que escucharon esta mañana, comienzo a pensar en el significado de la Pascua bajo una luz, precisamente, la luz de mi propia experiencia mística en el parque.

Pues, se los aseguro, pese a las tontas y muy negativas definiciones de lo místico que se encuentran frecuentemente en la prensa popular, e incluso entre los religiosos liberales, la palabra ‘místico‘ tiene un sentido muy positivo. La palabra místico significa más profundamente… aceptar la sabiduría de la experiencia sin limitarla con el concepto; esto significa aceptar y ser conmovidos por la maravilla de la comunión interior antes de intentar una interpretación que necesariamente la desvirtuará. Pienso que el Dr. Einstein, lo dice bien en su famosa cita:

La emoción más sutil de la que somos capaces es la emoción mística. Aquí yace el germen de todo arte y ciencia verdadera. Todo aquel para quien este sentimiento le sea extraño, que no sea capaz de asombrarse y viva en un estado de miedo es un hombre muerto. Saber que lo que es impenetrable para nosotros realmente existe y se manifiesta como la más alta sabiduría y la belleza más hermosa y que sólo sus formas más groseras son inteligibles para nuestras pobres facultades –este conocimiento, este sentimiento… este es el núcleo del verdadero sentimiento religioso. En este sentido, y sólo en este sentido, me considero un hombre profundamente religioso”. Albert Einstein, 1947.

roseton-de-catedral

Lord Russell (quien ciertamente no era cristiano, como lo deja muy claro en su famoso ensayo Por qué no soy cristiano) una vez escribió un libro titulado ‘Misticismo y lógica’ en el que critica fuerte las inexactitudes de tales sentimientos místicos.

Encomia a la lógica severa como lo mejor de ese par.

E incluso en su autobiografía, Lord Russell afirma que un solo arrebato de éxtasis místico de cinco minutos de duración, detonado por estar en presencia una persona sufriente, una cierta “Sra. W.”, transformó su vida hasta el fin de sus días.

De repente se encontró lleno de un sentido de conexión íntima con todas las cosas. Se dio cuenta de que se había transformado, en un muy breve momento de revelación mística, de ser un comprometido partidario del Imperio Británico pasó a ser un pacifista.

El pacifismo y su renuencia a apoyar la violencia, aunque no tan rigurosa como la del Sr. Gandhi (1869-1948), fue parte de su vida hasta el día de su muerte, de acuerdo con todos sus biógrafos. Las relaciones de Russell con las otras personas se volvieron más cálidas, más genuinas. Su amor por los niños se profundizó especialmente. Él, el gran agnóstico, con una actitud marcadamente negativa hacia todas y cada una de las religiones, súbitamente habla con añoranza del “amor que los maestros religiosos han predicado”. Incluso compara su revelación como algo similar al tipo de Iluminación por la que luchó el gran Buda.

Lord Russell usa una notable imaginería en su descripción de su experiencia mística. Escribe: “Repentinamente el suelo debajo de mí pareció desplomarse, y me encontré en una región completamente diferente”.

¿Debo acaso suponer que al gran genio matemático, Bertrand Russell, realmente le quitaron el suelo debajo de sus pies, o que fue transportado por un ángel hacia otra tierra? No, no, desde luego se trataba claramente de metáforas, de figuras discursivas, de formas poéticas de hablar sobre sentimientos de comunión y de transformación ética que son imposibles de describir con palabras.

Pero me parece que tal imaginería no está realmente muy lejos de la imaginería de los relatos del Evangelio sobre la Pascua, que habla de cosas igualmente concretas… la tierra que se sacude cuando Jesús muere, una gran piedra que se desplazó de la entrada de la tumba.

¿Acaso tratarán de convencerme de que quienes escribieron estos relatos de verdad usaban el lenguaje de manera completamente diferente a la de Bertrand Russell? ¿Podrán hacerme creer que cuando dijo que la tierra se hundió debajo de él, se trató solamente de una metáfora, pero cuando ellos dijeron que la tierra se sacudió, no lo era?

El “joven sentado en el lado derecho” del sepulcro en el evangelio de Marcos, dice a las mujeres dolientes que llegaron para llorar su pena que no deben buscar “algo vivo entre las cosas muertas”. El Jesús resucitado se ha ido a otra región, “hacia la Galilea”, dice el joven. “Vayan y digan a sus discípulos… que él va delante de vosotros a Galilea”.

¿Y qué hay a su regreso a Galilea? Pueden imaginárselo, ¿no es así? Sus familias, sus barcas, sus redes de pesca anudadas, sus vidas cotidianas, sus niños, los pesados impuestos del gobierno, y las ordinarias tonterías burocráticas de la época. Eso es lo que los espera en Galilea. No un cuerpo resucitado, algo más muerto que vivo, sino algo completamente vivo… ellos mismos al vivir sus vidas.

Ellos mismos se transformaron por sus meditaciones místicas y metafóricas sobre el sufrimiento de su maestro. La experiencia de Lord Russell fue también detonada por el sufrimiento de un ser humano, de una cierta Sra. W.

Mi abuelo conoció el sufrimiento, también; vio bastante de ello.

Además de la parte que le correspondió, si la mitad de los relatos con los que fui criado fue medio cierta. Pero yo solamente lo conocí como a alguien completamente vivo, vivo en su jardín, vivo en su bodega de vinos, vivo con sus nietos a quienes lanzaba por los aires, vivo en su amor por mí.

Pero él creyó que cuando muriera, su capacidad de decir, ‘Soy Nazzareno’ sería enterrada con él bajo la tierra. Y aunque no tenía ninguna duda de que yo seguiría vivo luego de su muerte, y de que mi capacidad de decir, “Soy Mark” podría y probablemente surgiría de la parte más profunda de su alma.

¿De su alma? Sí, su alma… su capacidad de amar y de sostener relaciones que nos rediman.

De una manera similar, uno de los predicadores pioneros de la idea de resurrección[4] llegó a sus conclusiones sobre lo que tal idea podría significar al perseguir (es decir, inflingir sufrimientos) sobre varios de los discípulos de Jesús. Escribió sus cartas sobre sus ideas mucho antes de que cualquiera hubiera sugerido la metáfora de la tumba vacía.

En una experiencia mística que tuvo, imagino que oía una voz que le preguntaba, “¿Por qué me lastimas así?” “No te lastimo”, dijo el predicador. “Oh sí, pero yo soy Jesús, y cuando lastimas a mis discípulos, me lastimas a mí”.

Es claro para mí que este predicador nunca entendió la resurrección como un hecho literal, sino como el reconocimiento convincente y transformador de la vida de que todos estamos profundamente conectados los unos con los otros, y de que lastimar a cualquiera es lastimar a todos.

En cualquier caso, como yo lo veo, si la sobrevivencia de mi propio ‘Yo soy’ fuese tan importante, ¿De qué ‘Yo soy’ se trataría? ¿Del incómodo de 10 años? ¿Del dudoso de 30 años? ¿Del doliente de 40 años? ¿Del trabajador dedicado de 51 años de edad? ¿Del eco vacío de mi mente desmontada por el Alzheimer a los 90 años?

No, la parte más profunda de mí no es cuando digo, ‘Yo soy’.

La parte más profunda de mí es cuando me relaciono amorosamente contigo, conmigo mismo, con los árboles, con la tierra, con el recuerdo de un amigo bienamado, con el recuerdo de un gran maestro ético.

Y ese amor, esa relación, es lo que me sobrevive, es lo que surge en el aleluya “por siempre jamás, Amén”.

Como Rosario Castellanos nos lo recuerda en su poema, “No hay soledad, no hay muerte aunque yo olvide y aunque yo me acabe. Hombre, donde tú estás, donde tú vives. Permaneceremos todos”. Sobrevive en nuestras relaciones, en nuestra comunión de relaciones, no en nuestro idiosincrásico ‘Yo soy’.

La Pascua no es para mí un domingo particular de abril o marzo. El día de la Pascua, el Gran Gozo, es cuando ya no pienso más que mi yo es más importante que la trama de la red, la red, la comunión de relaciones transformadoras entre las que vivo. Es elegir, al menos, vivir cada momento de mi vida, sentirlo todo, amarlo todo, y rehusarme a lastimar o a controlar a otros como si yo fuera más importante que ellos. Insistir en vivir de cualquier otra manera, según me temo, es no vivir en absoluto. Y como el hombre en la tumba preguntó: “¿Por qué alguien buscaría lo que está vivo entre los muertos?”

sized_straws

Notas:

[1] El Universalismo fue una rama del cristianismo sobrenatural que enseñó que luego de la muerte, todos eventualmente alcanzarían a ir al cielo, que Dios era demasiado bueno para castigar a cualquiera por toda la eternidad. Conforme la gente comenzó a perder interés en el “infierno”, hace cosa de un siglo, los usamericanos también empezaron a descubrir religiones de allende los mares. Entre más religiones estudiábamos, más veíamos que, aunque eran completamente diferentes, todas parecían preocupadas con cosas similares: sentido y propósito en la vida, preocupación por la ‘vida eterna’ (en su sentido literal de ‘vivir por siempre’ o en su sentido liberal de ‘vivir en armonía con valores eternos’), y así sucesivamente. Aparentemente todos los caminos religiosos no llevaban al mismo lugar, sin embargo, conducían a lugares muy parecidos. De aquí surge el nuevo significado de ‘universalismo’, referido a esta idea de que una gran variedad de caminos religiosos son formas de vida aceptables y dadoras de vida”. Revdo. Dr. Davidson Loehr

[2] John Dominic Crossan, católico. Profesor Emérito de Estudios Religiosos, Universidad DePaul, Chicago. Ha escrito veinte libros sobre el Jesús histórico en los últimos 30 años, entre ellos: ‘El Jesús histórico’ (1991), ‘Jesús: Una biografía revolucionaria’ (1994), ‘¿Quién mató a Jesús?’ (1995), y ‘El nacimiento del cristianismo’ (1998). Fue codirector del grupo académico interdisciplinario no-denominacional Jesus Seminar, y anterior director de la Sección del Jesús Histórico de la Sociedad para la Literatura Bíblica, una asociación académica internacional para el estudio de la Biblia.

[3] La hagadá de Ricardo, por Mark Belletini, narrada por Katie Lee Crane. Este relato es una hagadá contemporánea ‘La haggadá de Ricardo’. No es fácil de escuchar, pero es importante de recordar:

Sucedió en un apartamento en la Calle de Noe, en San Francisco, en la primera noche de Pésaj, la Pascua Judía. Es el relato de una Séder —o cena ritual de Pésaj— sin comida. Había tres hombres adultos en el apartamento. Esteban acababa recién de llegar a casa después de algunas semanas en el hospital. Había sufrido una grave reacción alérgica a un medicamento, lo que le provocó que perdiera su piel. Perdió sus encías, sus uñas, sus párpados, su lengua, su cuero cabelludo —cada centímetro de piel que cubría su cuerpo se había descarapelado. Y, como parte de la respuesta alérgica, el cuerpo de Esteban se escoció a sí mismo. Fue como si toda la superficie de su cuerpo estuviera cubierta con quemaduras de segundo grado. Nadie había sobrevivido nunca a esta horrible experiencia. El caso de Esteban era el peor registrado en su tipo. Y aunque Esteban sobrevivió y estaba en casa, estaba débil y con gran dolor.

Su amante y compañero de vida, Ricardo, estaba al lado de su cama. También Mark. Mientras Esteban dormía, Marky Ricardo fueron a la cocina a tomar un descanso. Ahí, entre pilas de correspondencia sin abrir, revistas, diarios y envases vacíos de jugo, se sentaron juntos, tranquilamente. Hablaron de cualquier cosa. Entonces Mark recordó que era la primera noche de la Pascua.

Mark sabía que ambos hombres se reunían con otros amigos para la cena de la Séder de Pésaj. De repente, Mark preguntó, —“¿No vas a ir a ninguna Séder?”

Y Ricardo, quien primero abrió los ojos sorprendido sin mirar a ninguna parte por un momento, respondió suavemente: —“¿Para qué, Marcos? Ahora estamos en nuestra Séder —tú y yo— aquí, en esta mesa”.

—“¿No saboreas las hierbas amargas, y la sal en tu lengua? ¿Acaso no comprendes que el pan que comimos esta noche nunca se esponjará? ¿No te das cuenta que caminamos por un páramo desolado y que no sabemos hacia dónde vamos? ¿Acaso no sabes que esta ES la Pascua?”

¿Qué hizo que esa noche fuera diferente de otra noche?

Dos hombres, miembros integrales de la familia de Esteban, estábamos reunidos alrededor de una mesa de Formica, en un apartamento en la calle de Noe, y sollozamos … y recordamos.

Como millones que han sido separados, rechazados, torturados, oprimidos, perdidos o arruinados, como millones que no tuvieron nada qué comer, ni un lugar para la cena ritual, ellos regresaron al antiguo relato de esperanza.

Volvieron a revivir el relato de la libertad. Y se reconfortaron allí, en esa mesa.

* ‘Hagadá’ es, en el judaísmo, el cuerpo de la erudición rabínica no jurídica, que incluye leyendas, anécdotas y parábolas que sirven para ilustrar los principios religiosos y éticos de la ley tradicional compilados en el Talmud y el Midrás durante los primeros siglos de la era cristiana. El término Hagadá sirve también para designar el libro de oraciones que se utiliza en el Séder, o cena ritual de la Pascua judía.

[4] Alusión a Saulo de Tarso, luego conocido como San Pablo.

h1

Dar a luz lo sagrado

26. marzo. 2009

Revdo Davidson Loehr

Davidson Loehr, ministro, Ph.D. (Traducción Francisco Javier Lagunes Gaitán) 31 de marzo de 2002, Primera Iglesia Unitaria Universalista de Austin, Texas


felices_pascuas

Apertura

Este es uno de los dos periodos vacacionales religiosos oficiales del año, cuando mucha gente al despertarse debe tratar de recordar, otra vez, cómo encontrar una iglesia. Ambos periodos vacacionales, Navidad y la Pascua (domingo de resurrección), son casi festivales seculares. En los EUA, la Pascua es más rápidamente identificada con los conejitos de Pascua, los huevos coloridos y los conejos de chocolate que con cualquier mensaje religioso. Y como esas golosinas, las súperanunciadas vacaciones piden a gritos dulzura y nimiedades, una tarjeta de felicitación de Hallmark, nada demasiado pesado, tan solo un bombón de Pascua antes del almuerzo.

Ya que ésta también es una iglesia, hemos prometido buscar aquella clase de verdad de dos filos que es capaz, tanto de consolar a los afligidos, como de afligir a los cómodos.

Así que nos reunimos para ver cuán fieles podemos ser a nuestro llamado religioso, así como a los complejos y ambiguos símbolos de la Pascua. Es bueno estar juntos otra vez, porque…


isismarie

Invocación

Es un Tiempo Sagrado, este

Y un Espacio Sagrado, este

Un lugar para preguntas más profundas que las respuestas,

Una vulnerabilidad más poderosa que la fuerza,

Y una paz que sobrepasa todo entendimiento,

Es un Tiempo Sagrado, este.

Iniciémoslo juntos en una canción.

isis-y-horus-louvre

Centramiento

Ofrezcamos una plegaria de Pascua.

Dios de nuestros anhelos ocultos, encuéntranos donde hemos muerto y restáuranos. Corazón del universo, sintamos de nuevo tu pulso dentro de nosotros. Sintámonos conectados otra vez con otros, con nosotros mismos, con nuestros propios corazones y almas. Espíritu de la vida, encuentra a nuestros espíritus e insufla vida dentro de ellos. Algo en nosotros, en nuestras vidas, en nuestro mundo, murió este año. Ayúdanos a traer el milagro de la resurrección aquí, ahora. Espíritu de la vida, Dios de nuestras almas interiores, corazón del universo, escucha nuestras plegarias, tócanos en aquellos lugares en los que la vida se ha ido, para que vivamos de nuevo. Y que seamos tus ojos, tus oídos y tus manos para alcanzar los sufrimientos de otros. Que seamos agentes de compasión y gracia en este mundo, frecuentemente demasiado severo y demasiado solitario. Ofrecemos esta plegaria con la esperanza de que incluso aquí, incluso ahora, el milagro de la resurrección pueda encontrarnos.

Amén.

flor-radiante

Sermón

Por todo este mundo el día de hoy, unos mil millones de cristianos volverán a contar la misma historia, de un hijo de Dios que fue crucificado y resucitó y quien, si creemos en el relato, puede ser nuestro salvador personal.

Cualquiera que hubiera vivido en el primer siglo habría conocido una buena cantidad de historias similares sobre dioses que murieron y luego resucitaron. Conocerían la historia de Dioniso, nacido de una virgen y del gran dios celeste Zeus, cuyos seguidores se reunían anualmente para comer carne y beber sangre, que simbolizaban la carne y sangre del dios muerto y creían que les impartían su espíritu. Conocían el relato egipcio de Isis/Ast y Osiris/Asir, en el que Osiris/Asir fue asesinado, resucitó mucho después, se apareó con Isis/Ast, quien dio nacimiento al bebé Horus. Todo el mundo conocía la imagen de Isis/Ast sosteniendo al bebé Horus: fue el modelo para las imágenes cristianas de la virgen María sosteniendo al bebé Jesús. Y la gente conocía las historias de otros dioses muertos y resucitados, incluyendo a Tammuz, o Adonis y Atis/Córibas.

Dioniso del tipo Madrid-Varese (M. Prado) 01

Todas estas historias pertenecían a un género literario nacido de la antigua visión científica del mundo de hace 2000 años, en la que la bienaventuranza estaba justo arriba sobre el cielo, el infierno justo bajo la tierra, y todo el universo era un asunto local. En semejante lugarcito, los dioses podían rutinariamente tener deportivos intercambios con las hembras humanas, y los cuerpos podrían bien regresar a la vida, o flotar hacia arriba del cielo para vivir por siempre.

De esta manera, por todo el mundo mediterráneo de hace dos mil años la gente también se reunió anualmente para volver a contar estos antiguos relatos.

Pero por todo el mundo actual —si bien en cantidades mucho menores— hay estudiosos bíblicos y religiosos que saben que éste era un mito. El mito no tenía nada que ver con el hombre Jesús, quien sin duda quedaría horrorizado por un relato que lo transformó en la figura de un salvador que habría enseñado que el reinado de Dios sería una cosa sobrenatural que supuestamente él traería a los fieles.

Así que hay una clase particular de tensión implicada al trabajar con símbolos y mitos antiguos del tipo de los relatos de Pascua. Esto significa que todo aquel que predique sobre estos mitos y símbolos el día de hoy debe decidir cómo manejarlos —cuán honestamente, cuán profundamente, cuán cuestionadoramente— además de cómo y cuánto respetarán a su audiencia. Esta es la clase de tensión que involucra predicar sobre las vacaciones populares empapadas en siglos de mito que popularmente resulta demasiado superficial para ser religioso.


Zeus

El tratamiento normal que se da a estos problemas consiste en ignorar el relato ultramundano y convertir palabras tales como “resurrección” en metáforas generales. Si están entre las diecisiete personas en Austin que leen las páginas de religión del periódico dominical, habrán visto que eso fue lo que hicieron los clérigos que escribieron ayer. Bob Lively dio a “resurrección” el significado de “amor”, y dondequiera que vio al amor florecer se regocijó en el milagro de la “resurrección”. Y el obispo Greg Aymond trató el asunto con una poca más de profundidad al hacer equivaler la “resurrección” a una renovación de la esperanza. Es también lo que yo hice en la plegaria de centramiento de esta mañana. Así que no me parece que sea algo inusitado. Pienso que es una pequeña parte de lo que necesitamos hacer con esta sobresaturación de símbolos.

Pero no es suficiente. Esto reduce el mensaje de la religión a la blandura de una tarjeta de felicitación de Hallmark. Y tiene el imperialismo arrogante del que los mejores pensadores cristianos han tratado de desprenderse —al reclamar esta experiencia humana común para el vocabulario cristiano.

osiris-parado

¡Vaya por Dios!: en el hinduismo llegaron al mismo punto de encontrar una reconexión donde daban por perdida la posibilidad de cualquier conexión, y no necesitan la noción cristiana de ‘resurrección’ para lograrlo. Ellos lo entendieron, dentro de la integridad orgánica del hinduismo, como que la realización de su ātman —de su alma individual— es desde luego una parte integral de Brahmā —el poder universal sustentador y creativo.

Los budistas pueden llegar a la misma clase de paz y entenderlo así de simple como un “despertar” de las ilusiones que los habían hecho más miserables hasta entonces. Y los naturalistas pueden expresar la misma experiencia de manera igualmente apropiada, aunque tal vez con menos poesía. “Siento mayor conexión con el mundo”, podrían decir. “Me sentí descolocado y desorientado, fuera de lugar, pero ahora me siento como una parte legítima de la totalidad gloriosa del mundo alrededor de mí, y me siento menos ansioso, más pleno. La vida es mejor ahora”. Así que objeto ambos tratamientos, tanto el oportunista superficial, como el de la arrogancia teológica de pretender que la ‘resurrección’ es un concepto necesario, en vez de uno meramente cristiano.


brahma_halebid

Hay otro camino para cruzar este pantano simbólico, igual de antiguo. Exige más de nosotros, y se deshace de la capa de azúcar tradicional en que las vacaciones populares están inmersas. Pero pienso que nos podría llevar a una reflexión más seria y podría impartirnos, a nosotros y a nuestro tema, más orgullo. Se trata de hacer la distinción entre la religión de Jesús y la religión sobre Jesús. Los estudiosos se han percatado de esta distinción por mucho tiempo, pero usualmente la esconden tras algunas palabras en clave para iniciados:

  • Algunos hablan del “Jesús de la historia” contra el “Cristo de la fe”;

  • Otros hablan de “Jesús” contra “el Cristo”;

  • O del “Jesús pre-Pascua” y el “Jesús post-Pascua”.

Todas estas clases de palabras en clave se refieren al hecho de que las religiones, los mensajes del Jesús de la historia fueron salvajemente diferentes de los mensajes atribuidos al “Jesúcristo” de la fe tradicional. Pero como es embarazoso decirlo, tanto los maestros como los predicadores religiosos han colaborado en una conspiración de silencio por muchos siglos para mantener estas distinciones tan dañinas (o provocadoras de pensamientos) lejos de tus tiernos oídos.

conspiracion-secreta


Ustedes saben más de la religión sobre Jesús, que es conocida sólo como cristianismo. Ofrece enseñanzas de un Jesús sobrenatural que de alguna manera fue el hijo de Dios, quien realizó sorprendentes milagros, fue asesinado, luego “se levantó” de entre los muertos, según la enigmática frase de los autores del Nuevo Testamento. La mayoría de los estudiosos bíblicos que conozco tienen claro que ningún escritor del primer siglo quiso dar a entender literalmente la resurrección de un cadáver. La interpretación generalizada sobre esta cuestión es que decir que Dios “levantó” a Jesús significa que lo que Jesús enseñó sobre el reinadó de Dios era correcto.

Comparto esta convicción. No fue original, pero sí profunda, tanto entonces, como ahora. Así que esta Pascua quiero traerles el mensaje de Jesús para que luego decidan por ustedes qué clase de Pascua les enorgullecería intentar y celebrar. En otras palabras, mi táctica aquí es tomar las tensiones intrínsecas a los símbolos de la Pascua y pasárselas, de manera que puedan sentir la tensión, y puedan decidir qué estilo y profundidad de ‘Pascua’ quieren celebrar. No se preocupen: el sufrimiento, según he escuchado, puede ser terapéutico.


cruz-bricktestament

La religión de Jesús

La religión de Jesús fue tan diferente de las enseñanzas tradicionales del cristianismo como puedas imaginarte. Pero para entenderla, tienes que entender la clase de mundo en el que nació Jesús.

Irónicamente, la Galilea del primer siglo tenía mucho en común con nuestra sociedad actual —más de lo que tenía en común con los EUA de hace cincuenta años. Tres siglos de invasiones, por los ejércitos de Alejandro Magno (356AEC-323AEC) y las subsiguientes legiones romanas, habían destruido todos los centros de culto y templos que habían dado estabilidad a una buena variedad de comunidades étnicas y religiosas. Para el primer siglo no había un centro compartido, ni una identidad colectiva. Galilea estaba llena de gente que no constituía “un pueblo”.

Las leyes sociales o las restricciones alimenticias de un grupo —los judíos, por ejemplo— resultaban extrañas o nada atractivas para otros grupos cercanos —los griegos, por ejemplo. Incluso el simple trato social era más difícil de lo que nos resulta a nosotros hoy. Una familia griega invita a la tuya para el equivalente del primer siglo de una barbacoa. Dado que ustedes son importantes para ellos, invierten dinero extra para comprar algo de mariscos y carne de cerdo de primera calidad. Pero como ustedes son judíos, sus leyes alimenticias les prohíben comer mariscos y carne de cerdo.

En docenas de maneras, Galilea era una tierra del caos, donde las perspectivas de llegar a formar ‘un pueblo’ a partir de este desorden disparatado estaban en alguna parte entre escasas y nada.

En tiempos así de caóticos, parece haber dos clases de soluciones propuestas, así se propusieron aquí. La primera fue la más extrema, propuesta por Juan el Bautista. Juan pensó que la situación era imposible ya de arreglar. Ni siquiera Dios podría resolverlo, pensó él. Así que la única respuesta era que Dios iba a destruir todo el mundo, a aniquilar a todos en él —bueno, excepto a aquellos que creyeran en lo mismo que Juan el bautista creía, desde luego— y así empezar de nuevo.


juan-el-bautista

Juan contaba con una creciente y ferviente multitud que se reuniría al este del Jordán para esperar el signo del fin del mundo, cuando se suponía que actuarían contra los romanos.

Si conoces algo sobre los romanos, sabrás que esta no era una táctica muy inteligente. Ellos fueron muy eficientes, los romanos. No hubieran gastado 60 mil millones de dólares para bombardear mil millas cuadradas de montañas con la esperanza de matar a 7 u 8 civiles. En vez de esto, ellos capturaban a la cabeza del movimiento y lo mataban.

Pero el asesinato de Juan el Bautista fue devastador para sus seguidores. Significó que el mensaje de Juan, el entendimiento que Juan tenía sobre lo que era ‘el reinado de Dios’, era erróneo. De otro modo, Dios no hubiera permitido que Juan muriera así. Tal era el pensamiento sobrenatural, o supersticioso, del primer siglo.

Juan el bautista fue mentor y maestro de Jesús. Jesús fue uno de sus seguidores. Y no mucho después del asesinato de Juan, Jesús aparece por primera vez como líder carismático, muchos de los anteriores seguidores de Juan lo siguieron.

Pero el mensaje de Jesús era muy, muy diferente. La solución de Juan había sido esperar que un ente sobrenatural arreglara el mundo por medio de destruirlo. La noción de Jesús del Reinado de Dios no implicaba una acción por parte de una entidad sobrenatural. Jesús pensó que debíamos recuperar el mundo fragmentado arreglándolo.

Lo que definía todas las líneas de enemistad entre los diferentes grupos eran las reglas de identidad de cada grupo —reglas que los hacían especiales sólo a través de convertir a los otros en inapropiados. Jesús enseñó que la gente debía desobedecer y subvertir las identidades excluyentes. Él y sus seguidores mendigaban sus alimentos diarios —un poco de este mendigar se hizo famoso como parte del ‘Padre Nuestro’. “Come lo que se pone ante ti”, instruyó a sus seguidores judíos. ¡Si los griegos te ofrecen marisco o cerdo, cómelo! ¡No permitas que ninguna autodefinición, inclusive tu identidad como judío, te separe de otros!

india-old_wise_men

Solo una identidad era permisible en la noción de Jesús del Reinado de Dios: se nos ordenó vernos mutuamente solamente como hermanos y hermanas, como hijos de Dios. Una y otra vez él frustró a sus seguidores más supersticiosos, quienes todavía esperaban que continuara las enseñanzas de Juan el Bautista. No: el Reinado de Dios no es algo que venga a la sazón. No puedes señalarlo y decir “aquí y allí”. Ya está aquí, dentro y entre ustedes. O como lo dijo él en el Evangelio de Tomás, el reinado de Dios se extiende sobre la tierra y los humanos no lo ven. Está todo aquí —al menos potencialmente— y nosotros no tuvimos, o no tenemos, ojos para verlo u oídos para escucharlo. ¡Cuántas veces les dijo a sus discípulos que no lo habían entendido!

No hay magia aquí, ni la intervención de nadie. Dios ya hizo su parte. La pelota está en nuestra cancha, y Dios espera que actuemos para traer el Reinado de Dios a la tierra. Y lo hacemos simplemente al cambiar nuestros corazones y nuestras acciones hacia los otros. Punto. Amén. Fin del sermón, fin de la religión. Jesús nunca prometió el cielo, ni amenazó con el infierno. Él no habló de una vida después de la vida, sólo de ésta. Y él no habría dejado que la gente se quedara con la creencia de que podían esperar pasivamente que una deidad sobrenatural arreglara las cosas.

hombre-de-vitruvio


La negación de Jesús

Todos los estudiantes de las escrituras cristianas conocen esta frase que se refiere a su apóstol Pedro, quien pareció categóricamente incapaz de entender el mensaje de Jesús. Fue a Pedro, recordemos, a quien Jesús dirigió su frase más furiosa: “Quítate de mi vista, Satanás” (Marcos 8.33), Pedro, como la mayoría de (o tal vez todos) los discípulos de Jesús, quería escucharlo predicar el mensaje claro y definido del fin-del-mundo de Juan el Bautista, y no quería escuchar que este emocionante reinado sobrenatural de sus expectativas sería reemplazado por una clase muy terrenal de mundo en el que ellos simplemente debían convertirse en agentes activos del amor, en vez de en profetas poseedores de superioridad moral para predicar la destrucción masiva a la que solo ellos sobrevivirían.

El estudioso católico Thomas Sheehan lo ha expresado de una manera acertadamente crítica cuando dice que “Pedro continuó su negación de Jesús con la creación del cristianismo”. El cristianismo comenzó como una religión de reversión hacia la fórmula pagana de la salvación por una deidad sobrenatural que demandaba de nosotros sólo que creyéramos el relato y siguiéramos a los líderes. Esta era precisamente la imagen contra la cual Jesús predicó en su ministerio.


vatican_stpaul_statue

Pablo, el inventor del cristianismo

La mayoría de los estudiosos del Nuevo Testamento que conozco [el autor es integrante del grupo de estudio académico de los documentos sobre Jesús de los 3 primeros siglos, Jesus Seminar] están de acuerdo en que la versión del cristianismo que terminó siendo adoptada como normativa fue desarrollada, en su forma y mensaje por Pablo. Pablo nunca conoció a Jesús, y parece no haber conocido las enseñanzas —ya que nunca menciona ninguna— sobre la noción central de Jesús del Reinado de Dios. En cambio, Pablo enseñó, más a la manera en que Juan el bautista lo hizo, que el fin del mundo estaba por llegar y que Jesús el Cristo sería la salvación de los fieles de una manera sobrenatural.

Siento, con muchos otros, que Pablo reemplazó la mundana religión de responsabilidad de Jesús, con una religión simplista sobrenatural moldeada a partir de los cultos paganos en boga, especialmente los cultos griegos del misterio —y más particularmente del culto del mitraísmo. Y siento que la crucifixión real de Jesús no vino de los romanos, sino de Pedro, Pablo y de quienes establecieron lo que llegó a ser el cristianismo normativo.

mithra-y-el-toro1

Muchos otros se han percatado de esto, y muchos otros se han sentido furiosos y traicionados sobre esto. Uno de ellos fue el novelista griego Nikos Kazantsakis (1883-1957). Puede que conozcan, ya sea su libro, o la película basada en el libro de La última tentación de Cristo. En este libro, el autor crea una iracunda y maravillosa escena imaginaria entre Jesús y Pablo. Cuando Jesús se encuentra al inventor del cristianismo, Jesús le dice, ¡Tú! Así que tú eres el que ha inventado todas esas cosas sobre mí. ¡No son ciertas! La respuesta de Pablo es básicamente: ¡Oh! ¿Así que tú eres Jesús? Gusto en conocerte, ¿A quién le importa? Le di a la gente la religión que ellos necesitaban, y no te necesitan.

Conozco a estudiosos paulinos que piensan que el retrato de Kazantzakis sobre Pablo es tan preciso como es posible. Incluso los defensores de Pablo (y tiene muchos) usualmente reconocen su megalomanía.

Hay incluso reacciones más extremas contra la traición de la religión de Jesús por la religión sobre Jesús. Tal vez la más famosa, y mi favorita, proviene de un libro de Fiódor M. Dostoievski (1821-1881), Los hermanos Karamazov, en el capítulo titulado “El gran inquisidor” aparece Jesús en el tiempo de la inquisición, y representa esta sorprendente —y de nuevo, iracunda— escena entre Jesús y el Gran Inquisidor, en la que Jesús no dice nada. Pienso que Dostoievski entendió perfectamente la religión de Jesús aquí, y pienso que su ira hacia la religión inventada sobre Jesús atina bastante cerca del blanco también:
Sello de la Inquisición Española

Tú les prometiste el pan del cielo. ¿Crees que puede ofrecerse ese pan, en vez del de la tierra, siendo la raza humana lo vil, lo incorregiblemente vil que es? Con tu pan del cielo podrás atraer y seducir a miles de almas, a docenas de miles, pero ¿y los millones y las decenas de millones no bastante fuertes para preferir el pan del cielo al pan de la tierra? ¿Acaso eres tan sólo el Dios de los grandes? Los demás, esos granos de arena del mar; los demás, que son débiles, pero que te aman, ¿no son a tus ojos sino viles instrumentos en manos de los grandes?… Nosotros amamos a esos pobres seres, que acabarán, a pesar de su condición viciosa y rebelde, por dejarse dominar. Nos admirarán, seremos sus dioses, una vez sobre nuestros hombros la carga de su libertad, una vez que hayamos aceptado el cetro que — ¡tanto será el miedo que la libertad acabará por inspirarles! — nos ofrecerán. Y reinaremos en tu nombre, sin dejarte acercar a nosotros. Esta impostura, esta necesaria mentira, constituirá nuestra cruz.

Hay sobre la tierra tres únicas fuerzas capaces de someter para siempre la conciencia de esos seres débiles e indómitos —haciéndoles felices — : el milagro, el misterio y la autoridad. Y tú no quisiste valerte de ninguna. El Espíritu terrible te llevó a la almena del templo y te dijo: “¿Quieres saber si eres el Hijo de Dios? Déjate caer abajo, porque escrito está que los ángeles tomarte han en las manos.” Tú rechazaste la proposición, no te dejaste caer. Demostraste con ello el sublime orgullo de un dios; ¡pero los hombres, esos seres débiles, impotentes, no son dioses! Sabías que, sólo con intentar precipitarte, hubieras perdido la fe en tu Padre, y el gran Tentador hubiera visto, regocijadísimo, estrellarse tu cuerpo en la tierra que habías venido a salvar. Mas, dime, ¿hay muchos seres semejantes a ti? ¿Pudiste pensar un solo instante que los hombres serían capaces de comprender tu resistencia a aquella tentación? La naturaleza humana no es bastante fuerte para prescindir del milagro y contentarse con la libre elección del corazón, en esos instantes terribles en que las preguntas vitales exigen una respuesta. Sabías que tu heroico silencio sería perpetuado en los libros y resonaría en lo más remoto de los tiempos, en los más apartados rincones del mundo. Y esperabas que el hombre te imitaría y prescindiría de los milagros, como un dios, siendo así que, en su necesidad de milagros, los inventa y se inclina ante los prodigios de los magos y los encantamientos de los hechiceros, aunque sea hereje o ateo. […]

Y te repito que mañana, a una señal mía, verás a un rebaño sumiso echar leña a la hoguera donde te haré morir, por haber venido a perturbarnos. ¿Quién más digno que Tú de la hoguera? Mañana te quemaré. “.

cancion-de-fe1

El Gran Inquisidor de Dostoievski y el Pablo de Kazantsakis son importantes para leerlos y enseñarlos, porque se cuentan entre las voces educadas que no han sido parte de la conspiración del silencio. Presentan el contraste entre las enseñanzas difíciles del hombre Jesús —la religión de Jesús—, por un lado, y las inconmensurablemente más fáciles enseñanzas del cristianismo —la religión sobre Jesús, por el otro. Y su ira no proviene de una falta de sensibilidad religiosa, sino más bien de la abundancia de ésta. Están furiosos porque creen, como yo, que una religión menor (el cristianismo) desplazó a una religión grandiosa (la religión de Jesús). Esto nunca será repetido con excesiva frecuencia ni lo suficientemente al grano: En oposición directa a las enseñanzas de Jesús, el mito del ‘Cristo’ condujo a la gente a un retroceso hacia la creencia pagana y primitiva en la salvación a través de la expiación vicaria por un dios salvador sobrenatural que rescataría a la gente y la exoneraría, y que tan solo exigiría a cambio su obediencia irreflexiva. Las enseñanzas de Jesús —hasta el punto en que fueron alguna vez entendidas— resultaron demasiado difíciles. Debía haber una ruta más simple y menos dolorosa si es que el cristianismo habría de ser la fe universal que visualizaban algunos partidarios fanáticos como Pablo —aunque, en el proceso, traicionaron todo aquello que Jesús consideró sagrado.

En el tiempo de Jesús resultaba poco comedido exigir tanto de la gente —de gente que parece preferir el milagro, el misterio y la autoridad antes que hacerse cargo de su vida y sus circunstancias, y asumir su responsabilidad. Él fue rudo. Sus propios discípulos no lo entendieron, y Pedro, como es ampliamente conocido, no quería escuchar esto. Si la gente quiere milagro, misterio y autoridad, Jesús ciertamente no les ofreció mucho.

Él dijo que Dios hizo su parte y que ahora era su turno de actuar.

El cristianismo —la religión sobre Jesús— es en última instancia demasiado fácil. No es digna y merecedora de alguien llamado un hijo de Dios. No es digna de aquellos que podrían considerarse gente de Dios. No es un camino espiritual que cualquier Dios que valga la pena hubiera señalado con urgencia. Fue la creación de Pablo y otros hombres, pero no de un profeta o sabio de primer orden.

Pero sí que hubo un profeta y sabio de primerísimo rango implicado en esta historia. Era un judío marginal y simple de Galilea que hemos aprendido a llamar Jesús. Él enseñó un camino estrecho, no uno amplio, y predicó un Reinado de Dios que nosotros, y solo nosotros, podríamos hacer presente en la tierra tan pronto, o tan tarde, como encontremos el valor de actuar como hijos de Dios, de ver a todos los demás como hijos de Dios, y de actuar en consecuencia. Puede suceder en cualquier momento, aquí y ahora. Puede suceder en Israel, si las dos partes cambian el centro de su fe. Puede suceder en Irlanda del Norte, si ambas partes dejan de definirse a sí mismas como protestantes y católicos, y en cambio se definen sólo como hermanos y hermanas. Puede suceder en Austin, puede suceder en tu vecindario, y en tu vida.

Pero solamente si crees. No, no tienes que creer en nada sobrenatural, no tienes que creer en nada a lo que no encuentres un sentido. Tú tienes que creer que la única identidad de la que la gente adulta religiosa debería estar orgullosa es la identidad de verse a sí mismos y a los otros como hermanos y hermanas, e hijos de un Dios de amor. Sólo eso.

Hoy, hemos traducido la promesa y el mandamiento en flores, flores para que se lleven a casa y reflexionen sobre ellas*. Cositas pequeñas y frágiles de gran belleza y vulnerabilidad, tan frágiles como la paz, tan frágiles como el amor. Llévenselas a casa. Las flores están en sus manos. Así también está la esperanza de tu vida, y el futuro del mundo. Aquellas palabras difícilmente parecen adecuadas, sin embargo. Algo más poético y poderoso se requiere. Jesús lo llamó el Reinado de Dios. Esto es mucho mejor, y más cercano.

La esperanza del Reinado de Dios está en nuestras manos, como siempre ha estado. El sueño ha yacido sin roturar por mucho tiempo. Muchos dirían que ha muerto. Es la Pascua, y el sueño está en nuestras manos. Pensemos en resucitarlo.

~~~~~~~~~~

flor de pascua

*Esta iglesia celebra una Comunión Floral el domingo de Pascua. Se pide a la gente que traigan una flor, que se deposita en canastas. Al final del servicio, se llevan al frente de la iglesia las canastas con flores y la gente toma una para llevarla consigo a su casa.